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ESPAÑA: UNA JOVEN, UN EMBARAZO, Y UN CRIMEN CON OLOR MONÁRQUICO

ESPAÑA: UNA JOVEN, UN EMBARAZO, Y UN CRIMEN CON OLOR MONÁRQUICO

BARCELONA-ESPAÑA  (por Adalí Moriente)  Si de algo puede jactarse la monarquía española, ha sido del manto de silencio con que ha estado envuelto el período (1975-2014) de Juan Carlos.

Inclusive ahora, avanzadas dos décadas del siglo 21, políticos, justicia, prensa, y clases dirigenciales varias, se preocupan por seguir silenciando su vergonzante paso (en sus 38 años de reinado). Consideran que desenmascarar al exrey, es “atacar” la institucionalidad (¿?).

Lo afirman los mismos que financian acciones desestabilizadoras en terceros países, o le otorgan reconocimiento y trato “presidencial” a un golpista confeso como el venezolano Juan Guaido…

A que viene todo esto? A que a fines del 2020, ciertos medios han vuelto a mencionar a la joven Sandra Mozarowsky. Se trata de una olvidada (y des-tratada) mujer que formó parte –como tantas- de la ocultada mediáticamente, vida amorosa y extramatrimonial del entonces rey Juan Carlos.

Han pasado varias décadas de ese escándalo y muerte que se ocultó escandalosamente. Un hecho que terminó dramáticamente y con intervenciones de espías extranjeros, protegiendo al ‘novio’.

La bella y joven Sandra Mozarowsky, se suicidó. O por lo menos eso fue lo que se instaló desde los medios y la justicia, con la complicidad del arco político español. Estaba embarazada de cinco meses; tenía apenas 18 años; dijeron que ‘se cayó’ del balcón cuando pretendía regar unas plantas (que –se comprobó- jamás existieron).

Tras su muerte, ciertos medios buscaron desprestigiarla presentándola como que ‘trabajaba’ con clientes en lugares nocturnos.

Alexandra Elena Mozarowski Ruíz de Frías era hija de un diplomático ruso y de una actriz. Artísticamente fue: Sandra Mozarowsky. Había nacido en la africana Tánger (Marruecos), en 1958. Madre española. De adolescente, empezó a trabajar en cine, siendo su primera participación en “El otro árbol de Guernica” (1969). Posteriormente formaría parte de lo que en España fue la etapa del destape. Allí apareció en “La noche de las gaviotas” (1975), “El espiritista” (1977), “Abortar en Londres” (1977) y, en “El ángel negro” (1978).

Los analistas del tema consideraban que sería una actriz de éxito. Sin embargo, su prometedora carrera se truncó trágicamente en agosto de 1977, a poco de cumplir los 19 años y embarazada. Cayó desde la terraza de su casa, un cuarto piso ubicado en el número 3 de la calle Álvarez de Baeza, de Madrid.

Atendida en un hospital se le diagnosticó en estado vegetativo, pero pocos días después falleció.

Quienes analizaron informaciones, datos y efectuaron verificaciones, comprobaron que era prácticamente imposible que se haya caído de una ventana que estaba demasiado alta. Las plantas que (debería haber regado), nunca se hallaron. Por si ello fuera poco, luego se comprobó que el informe de la autopsia había desaparecido (misteriosamente?).

La familia de la joven jamás creyó en el suicidio; tampoco las amistades de ella.

Se sabía en los pasillos monárquicos (y de los servicios de inteligencia nacionales como extranjeros) que Juan Carlos había mantenido encuentros íntimos con la joven. También que estaba embarazada. Y el pánico cundió cuando ella ratificó la decisión de llevar hasta el nacimiento ese embarazo. Ni qué decir cuando se tomó conocimiento que una revista italiana la había contactado y estaba organizando una entrevista ‘exclusiva’ donde se hablaría de la relación con el monarca y… su partenidad (¡).

Fue allí que los poderes ocultos se preocuparon. Lo peor fue que se ocuparon. El supuesto suicidio fue en verdad un crimen. Algunos imaginaron que la inteligencia española había actuado con rapidez. Se equivocaron. No fueron ellos; fue una agencia poderosa, de un país americano la que intervino. Habían logrado reunir todas las pruebas en la mano: del ‘romance’; de la paternidad; del reclamo para que abortara; del rechazo de la joven a una exigencia que se contradecía sobremanera con el pensamiento ‘tan católico’ del padre…

La agencia hizo el trabajo sucio, y llevó tranquilidad al monarca y a todo el poder institucional español. Un tema que no le resultó barato al monarca, porque en estos casos, más tarde o más temprano, la factura simpre se pasa.

Como era de esperar -siendo todo un señorito-, el dueño de la frustrada paternidad pagó.

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