Mar. 21. May 2024, Santa Fe - Argentina
Opinión

“EL SOL DEL 25 VIENE ASOMANDO…” (Manuel J. Gaggero)

“EL SOL DEL 25 VIENE ASOMANDO…” (Manuel J. Gaggero)

CÓRDOBA-ARGENTINA (por Manuel Justo Gaggero)  Estoy recordando,  sucesos  fundamentales  que ocurrieron hace 50 años. Son importantes para recuperar la memoria en el medio de esta profunda crisis  que se abate sobre nuestro  pueblo  y para saber que no todo está perdido  más alla de la evidente  falta  de representatividad  de una corporación política  absolutamente de espaldas a los problemas graves que nos afectan a todos.

En esos días luchábamos por la libertad de los presos políticos –compañeros de las organizaciones revolucionarias  y populares encarcelados por la Dictadura Militar-1966-1973-.

“Comienzo  esta nota con una  melodía que fuera interpretada por Carlos Gardel y José Razzano en 1910. Sus estrofas resonaban en mis oídos en aquella madrugada del 25 de mayo de 1973 cuando cruzábamos la Avenida General Paz en un colectivo que habíamos  contratado con los compañeros de Paraná.

En el mismo se trasladaban 40 militantes del peronismo revolucionario, comunistas, socialistas, cristianos tercermundistas y activistas sindicales. Varios de ellos habían integrado el Frente Unico de la Resistencia que organizáramos en Paraná.

Nuestra intención era la de participar de la toma de posesión del elegido Presidente de la Nación y sumarnos al reclamo por la libertad de los presos políticos sin ninguna dilación. Nosotros, pese a nuestro alineamiento, no  apoyamos a la fórmula del Frente Justicialista de Liberación en nuestra  Provincia ya que la integraban dos claros exponentes de la fracción burguesa del Movimiento y de la burocracia sindical: Tomas Cresto y Dardo Blanc.

Pese a ello considerábamos que ponerle punto final a la Dictadura Cívico Militar constituía una clara victoria popular. Sin vacilar un minuto nos dirigimos a la Federación Grafica Bonaerense  para sumarnos a la columna que partiría de este  lugar histórico que era la sede de la C.G.T. de los Argentinos.

Al llegar nos recibieron, con claras muestras de afecto, Raymundo Ongaro, Jorge Di Pasquale, los dos Alfredos: Ferrarese y Carballeda y una infinidad de compañeros con los que habíamos compartido  alegrías y tristezas desde aquel nefasto 28 de junio de 1966.

Luego de un breve descanso nos sumamos a la marcha que se  empezaba a movilizar hacia la Plaza de Mayo. Todas las consignas resaltaban  el repudio al régimen castrense y la clara convicción  de que los crímenes no serían negociados -Trelew, los secuestros y desaparición forzada  de nuestro hermano Luis Pujals, de Néstor Martin, los esposos Verd, Maestre y de decenas de militantes populares-.

Tampoco olvidábamos los asesinatos de Santiago Pampillón, Luis Cabral, Mena y de los mártires en la lucha por una sociedad socialista y una Patria para todos. En el trayecto se fueron sumando las agrupaciones sociales y políticas que se referenciaban en nuestra Central. Al llegar a la histórica Plaza, observamos que  la misma estaba ocupada por miles de personas.

Un tercio eran integrantes de los sindicatos alineados con  la burocracia sindical pactista que nos recibieron con su grito  habitual: ”Ni yankys, ni marxistas –peronistas”. Esa consigna fue rápidamente anulada por un clamor que recorrió  el perímetro del lugar que expresaba la decisión de nuestro pueblo que el gobierno entrante  llevara adelante un Programa  de unidad popular para la Liberación.

Al mismo tiempo que se coreaba la marcha peronista con  la incorporación  de la letra que hacía mención  a las organizaciones revolucionarias de este Movimiento: “FAP,FAR y MONTONEROS son nuestros compañeros”.

Para iniciar  la ceremonia del traspaso un  batallón de infantes de Marina pretendió izar la bandera. Ello generó  una airada reacción que se manifestó  con agresiones verbales a los exponentes de unas Fuerzas Armadas  responsables de  la represión, el profundo deterioro del nivel de ingresos de los trabajadores y  el deterioro del aparato productivo. Frente a la situación y a la hostilidad creciente los “marines” abandonaron el lugar.

Al mismo tiempo intentaba llegar a la Casa Rosada el  titular del Ejecutivo del  Uruguay  Juan María Bordaberry que estaba llevando a cabo una violenta represión en  la Patria de Artigas. La multitud  le cerró el paso al grito de “Tupamaros, carajo” en homenaje al Movimiento de Liberación Nacional que con ese nombre  luchaba  por una  sociedad de iguales.

Diferente fue la emoción  que  se produjo cuando se anunció la llegada  de los presidentes de Chile y Cuba: Salvador Allende y Osvaldo Dorticós. Al grito  de “Chile, Cuba el pueblo los saluda”, con vivas a Fidel, al Che, miles de compatriotas le daban un marco especial a ese momento histórico.

Se produjeron algunas corridas por movimientos extraños de la Guardia de Infantería de la Policía Federal al mismo tiempo que se anunciaba  que el dictador saliente Alejandro Agustín Lanusse desistía de su  propósito de llevar a cabo un desfile militar. La respuesta fue “Se van, se van, y nunca volverán”.

Había lágrimas  en los ojos de  muchos de los concurrentes que sentían que por fin, luego de algo más de 14 años de la Revolución Cubana, podíamos homenajear a ese heroico pueblo en la persona de su Presidente. Como ya prácticamente empezaba la  trasmisión formal del bastón de mando y el posterior  discurso de Héctor Campora con unos colegas amigos decidimos trasladarnos a la cárcel de Devoto  que  estaba prácticamente ocupada por los presos políticos que exigían su inmediata liberación.

Para  poder ingresar asumiríamos el rol de “asesores” del diputado nacional electo Héctor Raúl  Sandler ya que  sabíamos que este nos respaldaría. Era un extraordinario ser humano y consecuente  demócrata y defensor de los derechos de los explotados. Efectivamente al llegar no tuvimos problemas para ingresar a la unidad penitenciaria. En las adyacencias  se encontraban familiares de los detenidos comunes preocupados por  los incidentes que se podían  generar y la reacción del servicio penitenciario.

En el interior, compañeros de las diferentes organizaciones populares y revolucionarias  abrieron los pabellones y preparaban carteles con consignas y el reclamo de libertad ya. Teníamos  alguna información que daba cuenta del debate en el seno del oficialismo. Algunos proponían  que fuera el Congreso  el que dictara una ley de amnistía. Por su lado el “Tío”, fiel  a su  plataforma electoral y con las atribuciones que le otorga la Constitución, pensaba indultarlos por decreto.

Este fue el camino que puso fin a largos cautiverios y respondió al clamor  popular. Nosotros regresamos a la Plaza de Mayo y nos sumamos a la inmensa columna que comenzó a desplazarse hacia  Devoto. Allí me encontré con mi hermana Susana que con una escuadra del ERP, pertrechada por si  la situación se desmadraba, estaba  a la espera de que se abrieran las compuertas y salieran nuestros  compañeros.

Nos sentíamos como en aquél París de la “Toma de la Bastilla”. Finalmente se produjo  la salida  enmarcada en abrazos, besos y  la alegría de recuperar la libertad de los encarcelados y la nuestra de estar en un momento inolvidable.

Nos reagrupamos los paranaenses e iniciamos el camino de regreso. Tenía la  impresión que en un día había vivido situaciones y experiencias que recordare toda mi  vida. Además  la sensación  que la ciudad  era territorio liberado.

Una anécdota, al transitar las calles de la misma, nos confirmó esta. En un semáforo un agente de policía  ascendió  al colectivo  que nos  llevaría a Paraná pensando que era una unidad del transporte de línea. Sorprendido  por las características particulares del pasaje nos dijo “muchachos. No se preocupen. Les dejo mi arma“. Nosotros se la devolvimos ya que  teníamos como trofeo  algunos de los candados  utilizados en la cárcel  de Devoto.

El efectivo policial descendió apresuradamente. Este fue uno de aquellos días que “conmovieron” al país y al Continente.

Aclaración: Esta nota  integra  la saga de mi autoría “Un Viaje hacia las Utopías Revolucionarias” (la primera parte de la misma  ha sido editada por la Editorial De la Comarca).

(Manuel J. Gaggero; abogado y periodista. Ex Director del diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”).