Mie. 28. Feb 2024, Santa Fe - Argentina
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ARGENTINA: EL PODER ENVÍA SEÑALES CLARAS (Rodolfo O. Gianfelici)

ARGENTINA: EL PODER ENVÍA SEÑALES CLARAS (Rodolfo O. Gianfelici)

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SANTA FE-ARGENTINA (por Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare) Cada vez resulta más evidente y agresivo que desde los poderes del país que –supuestamente- no hacen política, se entromecan más, e influyan con mayor intervención.

Históricamente el país ha tenido –a nivel institucional- los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) que representarían quienes establecen las políticas y conducen y administran el país.

Durante décadas y décadas, se trató de mantener oculto que los grupos de poder y los factores de presión “trabajaban”, e influían sobre los tres precitados. Inclusive hasta solían disimular sus acciones en épocas de dictaduras.

Sin embargo, desde hace unos años se ha venido acelerando la intromisición con voces cada vez más elevadas y con planteos descarados de parte de quienes no harían política, para influir sobre los que deberían hacerla.

Claro que ello se debe a que los tiempos han cambiado, a que el poder comunicacional ha decidido lanzarse a asaltar el poder político y participar directamente de él; y a que las clases dirigenciales –particularmente la política-, defeccionaron.

Es sabido que todos los espacios se ocupan; aquellos que dejan unos (en este caso los políticos), los ocupan los otros.

Estamos finalizando el 2022 en Argentina, habiendo logrado dejar atrás el desastre pandémico de Juntos por el Cambio con Mauricio Macri a la cabeza (2015-2019), y el golpe de la pandemia con el Covid-19 a la cabeza. Habiéndose agregado inesperadamente que la crisis en Ucrania creada por EEUU, la OTAN, la Unión Europea y sus aliados, ha llevado al mundo a una situación descontrolada, que afectó –lógicamente- a Argentina.

La mediocridad del gobierno de Alberto Fernández, en lugar de haber resuelto los problemas (excepto en lo sanitario por el Covid-19), ha agudizado los mismos y ha envalentonado a los ‘no políticos’ a que ejerzan su poder descaradamente. La designación del super-Ministro de Economía Sergio Massa, es la mejor demostración de ello.

Tengamos presente que se acordó con acreedores privados, con el FMI y con el Club de París. Todo ello logrado gracias (gracias?) al apoyo de Washington. Inclusive esta “tranquilidad” o ‘enfriamiento’ de la economía argentina de las últimas semanas, obedece a que el poder económico-financiero le está dando un tiempo, una suerte de ‘chequecito’ en blanco a Massa, para que pueda acomodar la situación y garantice el logro de sus reclamos.

El poder ‘no político’ quiere tranquilidad para poder seguir avanzando; ganando más. Para ello tiene perfectamente en claro que deben seguir debilitando al Estado, ajustando, reformando las leyes laborales, imponiendo nuevas normas previsionales, disponiendo de absoluta libertad de circulación de capitales y del sistema financiero.

En tal sentido, el embajador estadounidense –un gran político-, desarrolla una gran tarea de encolumnamiento de dirigentes políticos, sociales, económicos, financieros, deportivos, religiosos, y sindicales.

Meses atrás, con total descaro se entrometió en la política interna del país y salió a dar públicar recomendaciones a la clase política, sin que nadie –desde ningún partido- se mostrara afectado, o enojado.

Para avanzar en sus proyectos, ese poder necesita de quien le garantice paz social. Nada debe entorpecer sus negocios. De allí que ya están ‘trabajando’ en las dos alianzas políticas más importantes del país (Juntos por el Cambio y el Frente de Todos), para que tengan en el 2023 candidatos potables a sus intereses.

Parten de la base que Cristina Fernández no es de su agrado, y que –más allá que durante sus gestiones hayan realizado muchos negocios y ganado mucha plata-, es ‘la’ enemiga del poder comunicacional hegemónico y de los principales dirigentes de la oposición neoliberal y derechista.

La necesitan para ‘demonizar’ y operar dentro del peronismo y sobre los sectores no-peronistas; les sirve para evitar que se pueda conformar un gran frente nacional y popular; es la garantía para mantener “la grieta” (que ellos han instalado históricamente).

Pero también saben que es la dirigente con mayor cantidad de votos en el país.

Por el otro lado, han entendido que Mauricio Macri es un inepto total y constituye (junto a su séquito) un peligro para la paz social. Al igual que Patricia Bullrich. Porque ambos son partidarios de una acción política futura de confrontación total, respaldada por las fuerzas de seguridad.

Del resto, poco y nada les preocupa. Porque el radicalismo (UCR) ha quedado reducido a una agencia de colocaciones (obtención de algunos cargos); porque Elisa Carrió carece de credibilidad, seriedad y votos; porque Javier Milei, más allá de sus payasadas mediáticas, es un limitado extremo; y porque el radical Facundo Manes, solo es un globo de ensayo de sus patrones (grupo Clarín).

El único al que podrían considerar es a Horacio Rodríguez Larreta, pero les preocupa que semana a semana se derechiza cada vez más, y ha caído en el juego de Macri.

En este sentido el embajador de EEUU fue claro y contundente: planteó que los dirigentes deben unirse y dejar de lado las ideologías. En otras palabras: paz y más capitalismo.

En ese camino, el que mejor les sienta para garantizar tal proyecto es el peronismo de Massa o de algún otro dirigente potable.

Y así se lo han hecho saber en forma directa y/o a través de enviados, al superministro, al presidente Alberto Fernández, al Jefe de Gabinete Juan Manzur, a dirigentes sindicales y a los dirigentes sociales (los mismos que entre 2015-2019, pactaron con Macri…).

Ese poder que –aparentemente- no ‘hace política’, tiene un mayúsculo peso, y está conformado por el llamado G6 (Grupo de los Seis); y que integran ADEBA (bancos privados nacionales), Sociedad Rural Argentina, Bolsa de Comercio, Unión Industrial, la Cámara de Comercio, y la Cámara de la Construcción.

Constituyen el establishment, que no quiere andar con vueltas: quieren pre-vi-si-bi-li-dad. Y ello solo la obtienen… si se hace lo que ellos exigen. Así de claro.

Trascendió que –inclusive-, jugando a la alta política, estos que ‘no hacen política’, han tomado contacto con un dirigente muy cercano a la vicepresidenta Cristina Fernández, para hacerle saber que “no somos antikirchneristas”, y que consideran que ella debe ser fundamental para garantizar… la paz social.

Algo así como hacerle llegar el mensaje a ella misma para que no se le ocurra ninguna jugada política “rara”, que altere esta construcción de paz social, porque entonces si, se podrían transformar en… “antikirchneristas”.

Este juego de los que ‘no hacen política’ ha quedado totalmente demostrado en sus opiniones (y recomendaciones) hechas llegar a los diputados de la oposición, antes de tratarse el Presupuesto 2023. Tanto es así que su aprobación, no solo se debió a la ‘muñeca’ política de Massa, sino a la “ayuda” que le brindaron desde la embajada de EEUU y del G6 a muchos dirigentes y legisladores de la derecha y el neoliberalismo…

Mientras tanto, integrantes de ese poderoso G6 le han hecho llegar tanto al presidente como al súperMinistro las zanahorias que se suelen colocar delante de los burros para que continúen trotando (buscando alcanzarla) con la promesa que esta paz social, ajuste y máximo alineamiento con Washington, tendrá su gran recompensa con baja de la inflación y “derrame” que favorecerá los ingresos de los trabajadores.

Y bueno… de ilusión también se vive


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