Dom. 14. Abr 2024, Santa Fe - Argentina
Política

QUÉ SE PUEDE ESPERAR DEL PERONISMO DE OMAR PEROTTI…?

QUÉ SE PUEDE ESPERAR DEL PERONISMO DE OMAR PEROTTI…?

SANTA FE-ARGENTINA  (por Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare)  Hablar de peronismo bajo la conducción del gobernador Omar Perotti, suele ser muy difícil y arriesgado.

 Porque en verdad, se trata de un dirigente al que se caracteriza popularmente como “el más reutemanista de los obeidistas”, refiriendo a su mixtura entre Carlos A. Reutemann y Jorge Obeid.

En síntesis: un dirigente alejadísimo del peronismo histórico y entroncado con una melange, mezcla, enredo, mescolanza, o revoltijo, de quienes han usado discursos variados para mostrarse como “la nueva política”, y “pragmáticos”, pero que en definitiva han vaciado al peronismo de contenido y lo han transformado en una fuerza administradora funcional al neoliberalismo.

Esa des-peronización de las políticas trajo como resultado los 12 años del desastre socialista-radical (2007-2019), que padecen todos los santafesinos.

Perotti gana la elección en el 2019, porque los santafesinos se cansaron de tanto desgobierno y del reinado narco. En ese sentido el gran desafío del gobernador actual es el de atacar de raíz este cáncer heredado e instalado.

Al parecer, intenta hacerlo y recibe el gran cuestionamiento (¿?) de la oposición y de los medios influyentes que durante 12 años gozaron de pautas publicitarias inusitadas (va… dinero de los santafesino).

Pero esta lucha no alcanza con que se haga ‘desde arriba’ y ‘desde adentro’ (Ministerio de Seguridad y Ministerio de Gobierno). Necesita de la justicia, y de la permanente participación ciudadana. A esta última se la debe informar de la verdad y hacerla participal, en forma permanente.

Para ello, los medios no alcanzan. Porque ellos están comprometidos con la oposición (radicales, socialistas, demoprogresistas, aristas, coalicionistas, neoliberales, anteperonistas…). Esa lucha diaria y en todos los rincones provinciales deben contar con el peronismo movilizado. Y justamente eso es lo que Perotti rechaza de plano.

No solo no lo quiere y no lo hace, sino que lo desconoce.

De allí que esta lucha contra el poder narco que ha tendido sus bases en 12 años para convertir a Santa Fe en un narcoestado, necesita la lucha de toda la sociedad. El no hacerlo así, está destinado al fracaso.

La visión y acción super-estructural (lucha de aparato del estado contra los aparatos narcos), no triunfará teniendo a la sociedad como mera espectadora.

Pero además de ello, este gobierno provincial tiene otros desafíos, a nivel social: pobreza, integración, salud, vivienda y producción. Temas que solo están en la agenda perottista, en el discurso.

Porque desde que asumió (más allá de la gravedad de la pandemia), los ministerios están en piloto automático. No se genera absolutamente nada a nivel político, imaginativo, de acercamiento a la sociedad.

Para peor (por si fuera poco), el gobernador debe lidiar con legisladores acostumbrados a hacer la suya, como ocurrió durante los 12 años de la fiesta socialista-radical. Buscan hacer pactos, acuerdos, alianzas con la oposición en ambas cámaras, para sumar fuerzas y presionar al actual gobierno. Lo mismo que hicieron durante la docena de años, co-gobernando desde las cámaras para lograr sus ventajas personales (que les otorgaron Hermes Binner, Antonio Bonfatti y Miguel Lifschitz).

Acaso nadie sabía que el senador  peronista Armando Traferri era funcional al diputado socialista Miguel Lifschitz…? Acaso nadie sabía de la estrechísima relación entre diputados y senadores de diferentes partidos…?

Frente a ello, y al escándalo de la corrupción que se destapó en Rosario y alcanzó al mismísimo Traferri, algunos legisladores apostaron por lavarse las manos; otros por abroquelarse y hablar de ‘institucionalidad’; y otros por mostrar su lealtad a Perotti.

Lo mismo hicieron intendentes, presidentes comunales y concejales peronistas. Ante la falta de conducción política provincial, cada uno apostó al ‘salvese quien pueda’.

Perotti, el perottismo y su licuado de reutemanistas y obeidistas están convencidos que conducen el peronismo. Cuando ello no es real. Ellos administran la provincia; el peronismo ha sido llevado a un estado de hibernación total. Por lo tal: no se puede conducir… lo que no existe

El primer paso en falso de Perotti fue cuando en diciembre de 2019, el socialista Miguel Lisfchitz en sociedad con el peronista Armando Traferri le impusieron el Presupuesto al gobernador electo (¡). Un escándalo político, con falta de ética total, por donde se lo mire.

Se lo impusieron días antes que Perotti asumiera. Una forma de marcarle la cancha y demostrarle por dónde pasa el poder provincial. Un hecho que ningún medio hegemónico (provincial y/o nacional) analizó como tal.

Los meses trancurrieron y el reciente 26 de noviembre de 2020, la misma alianza legislativa, aprobó las leyes que los medios calificaron (sin vergüenza) como “anti Sain” (en referencia a oponerse al Ministro de Seguridad perottistas). Lo cual constituyó una muestra del poder legislativa dando pelea por cogobernar.

Las dos situaciones fueron vistas por el grueso de la sociedad como una simple pelea entre políticos (con todo el desprestigio que tiene esta clase); por lo que el santafesino común no alcanzó a comprender la dimensión de lo que ocurrió, los fines y de las consecuencias. Lo vivió como algo alejado de él.

Esto sucedió porque el peronismo está desmovilizado. No solo para informar, y denunciar, sino para que los propios legisladores entiendan que deben defender los intereses de los santafesinos y al partido que representan.

De allí que quienes ocupan cargos (en el Ejecutivo y en el Legislativo) que son leales a Perotti decidieron brindarle el apoyo expreso y público. Como si ello alcanzara para algo…

Ese apoyo solo sirve para la foto, y para analizar y contar quienes estuvieron presente y quienes no; y nada más.

Fuera de ello, el poder irresoluto de la administración Perotti seguirá igual; el poder de la oposición en las cámaras seguirá igual; el poder de los medios de comunicación des-informando (o silenciando) seguirá igual; y el no comprender la gravedad de la situación a nivel sociedad santafesina, seguirá igual.

Que a un año de haber asumido se realice una convocatoria de apoyo al gobierno de Perotti, muestra a las claras su soledad y aislamiento social. Es como festejar un cumpleaños invitando a su cónyuge, hijos y padres…

Pretendieron hacer una demostración de fuerza…? Pretendieron hacer una demostración de unidad interna…?

Y…?

Perotti prometió que “¡Vamos a cortar los vínculos con el delito”. Posiblemente una expresión y anhelo veraz, pero carente de contenido en tanto y en cuanto la sociedad en su conjunto se mantenga aislada de ello. Mantener al peronismo desmovilizado y despreciado forma parte de ese gravísimo error (o convicción?).

Fue bueno que semanas antes un centenar de referentes políticos del peronismo denunciaran la maniobra legislativa de pretender cogobernar. Pero nada cambió; nada cambiará; solamente es un dato (y comentario secundario) para los santafesinos.

Los senadores…

Leales a Perotti eran Alcides Calvo, Marcelo Lewandowski, Marcos Castelló y Ricardo Kaufmann. A ellos se agregaron Eduardo Rosconi y Cristina Berra. Este dúo no votó el Presupuesto que impusieron Lifschitz-Traferri; pero votaron las leyes “anti Sain”; y por si fuera poco, rechazaron el desafuero de Traferri (reclamado por los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa Pietra).

Y cómo sigue…?

Poco se puede ilusionar el santafesino común, teniendo en cuenta todos los antecedentes de Reutemann, Obeid y Perotti; particularmente del actual gobernador, que en la última sesión de diputados nacional (en 2015) no asistió a votar pese a que la entonces presidenta Cristina Fernández lo había pedido… Pero también debe recordarse cómo se desempeñó siendo senador nacional (2015-2019), con el reinado de Mauricio Macri

Vendrán escaramuzas, chisporroteos, dimes y diretes, acusaciones, más lealtades y más deslealtades, y los santafesinos quedarán siendo rehenes del narcoestado y de la mediocridad administrativa.

Somos realistas: no esperamos nada más.