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40° ANIVERSARIO DE LA MASACRE DE SABRA Y SHATILA (Franklin L. Candanedo)

40° ANIVERSARIO DE LA MASACRE DE SABRA Y SHATILA (Franklin L. Candanedo)

CIUDAD DE PANAMÁ-PANAMÁ (por Franklin Ledezma Candanedo)  El 16 de septiembre último, se cumplió el 40º aniversario de la masacre de Sabra y Shatila, cuando cerca de 3.000 refugiados palestinos fueron asesinados a manos de las milicias falangistas libanesas, que actuaban bajo el mando del ejército israelí.

A pesar de que han  pasado cuatro décadas desde esa masacre, ni los supervivientes, ni los familiares de las víctimas han obtenido justicia, mientras que muchos han muerto, y otros tantos envejecen mientras llevan las cicatrices de las heridas físicas y psicológicas con la esperanza de que, quizás,  vean a los verdugos entre rejas.

Cabe advertir que ya fallecieron algunos de los comandantes israelíes y de  la Falange que ordenaron la invasión del Líbano y orquestaron o llevaron a cabo las atroces masacres en los dos campos de refugiados palestinos en 1982.

Destacamos que Ariel Sharon, quien murió en el 2014, fue implicado por la Comisión oficial israelí Kahan un año más tarde por su "responsabilidad indirecta" en la espeluznante matanza y violación, aunque posteriormente ascendió de rango hasta convertirse en primer ministro de Israel en 2001

De acuerdo con informes publicados en medios de prensa palestinos,  incluso antes de la masacre de Sabra y Shatila, el nombre de Sharon siempre fue sinónimo de asesinatos en masa y destrucción a gran escala. Fue, precisamente, en la llamada "Operación Shoshana", en la aldea palestina de Qibya, en Cisjordania, en 1953, donde Sharon se ganó esa infame reputación. Más tarde, tras la ocupación israelí de Gaza en 1967, el general israelí pasó a ser conocido como "El Bulldozer" y después de Sabra y Shatila, fue "El Carnicero".

Es necesario aclarar que Menachem Begin, primer ministro israelí en esa época, quien también está muerto, tampoco mostró ningún remordimiento por la matanza de más de 17.000 libaneses, palestinos y sirios durante la invasión israelí del Líbano en 1982. Su respuesta indiferente a los asesinatos en los campos de refugiados del oeste de Beirut, demuestra la actitud de Israel hacia todos los asesinatos en masa y por todas las masacres llevadas a cabo contra los palestinos en los últimos 75 años: "Los goyim matan a los goyim", dijo, "y culpan a los judíos".

Testimonios contundentes por parte de quienes llegaron a Sabra y Shatila después de los días de matanza, describieron una realidad que requiere una profunda reflexión, no sólo entre palestinos, árabes y -especialmente- israelíes, sino también de toda la humanidad.

Al respecto, incluimos la descarnada versión ofrecida por La difunta periodista estadounidense Janet Lee Stevens, quien  describió lo que había presenciado: "Vi mujeres muertas en sus casas con las faldas hasta la

cintura y las piernas abiertas; docenas de hombres jóvenes fusilados después de haber sido alineados contra la pared de un callejón; niños degollados, una mujer embarazada con el vientre abierto, los ojos aún abiertos, su rostro ennegrecido gritando en silencio de horror; innumerables bebés y niños pequeños que habían sido apuñalados o despedazados y que habían sido arrojados a montones de basura".

Urge dejar en claro que la historia de Sabra y Shatila no fue simplemente un oscuro capítulo de una época pasada, sino una crisis integral permanente que sigue definiendo la relación de Israel con los palestinos, poniendo de manifiesto las trampas en las que viven  numerosas comunidades palestinas de Oriente Medio y acentuando la hipocresía de la comunidad internacional dominada por Occidente, principalmente por la bestia (666) genocida imperialista –EUA- que apoya al mayor régimen terrorista histórico, que practica el despojo de un territorio que no es suyo e infame apartheid. 

La escritora palestina Kifah Sobhi Afifi, en su ensayo "Vengando a Sabra y Shatila" describió, para concluir esta entrega periodística,  el ataque conjunto falangista-israelí contra su campo de refugiados cuando ella tenía sólo 12 años.

"Así que corrimos, tratando de mantenernos lo más cerca posible de los muros del campamento", escribió. "Fue entonces cuando vi los montones de cadáveres alrededor. Niños, mujeres y hombres, mutilados o gimiendo de dolor al morir. Las balas volaban por todas partes. La gente caía a mí alrededor. Vi a un padre que usaba su cuerpo para proteger a sus hijos, pero de todos modos les dispararon y los mataron".