Dom. 23. Jun 2024, Santa Fe - Argentina
Opinión

LOS DÍAS DESPUÉS DEL CORDOBAZO: LOS TRAIDORES (Manuel J. Gaggero)

LOS DÍAS DESPUÉS DEL CORDOBAZO: LOS TRAIDORES (Manuel J. Gaggero)

CÓRDOBA-ARGENTINA  (por Manuel Justo Gaggero)  En estos momentos resulta fundamental recuperar la memoria para construir una sociedad de iguales en una Patria Liberada. Hace 52 años en días de junio y julio ocurrían en el país hechos conmocionantes que pasaré a relatar: “En esas jornadas de junio de 1969 al mismo tiempo que crecía la oposición a la Dictadura y se consolidaba la CGT de los Argentinos, el régimen militar reafirmaba los vínculos con los sectores “participacionistas” del sindicalismo encabezados por Augusto Timoteo Vandor.

El asesinato de Emilio Mariano Jáuregui en la  movilización del día 27 de junio aumentó la indignación popular. A la muerte de este querido compañero se sumaban la de los estudiantes Pampillón, Bello, Cabral y la de los caídos en la histórica jornada del “Cordobazo”.

Por su lado el General, desde su exilio en Madrid, movía algunas piezas dirigidas a restablecer su relación con la CGT de Azopardo a la vez que instaba, indirectamente, a algunos dirigentes de la CGTA a marchar hacia la unidad sindical.

Agustín Tosco, y los condenados por el Consejo de Guerra, desde la cárcel, reivindicaban el Programa del 1° de Mayo  y el principio que es preferible “Honra sin sindicatos que sindicatos sin Honra”.

Al respecto el “Gringo”, en un artículo publicado en la revista de su gremio “Electrum”, mencionaba los documentos finales de la  II Conferencia del Episcopado Latinoamericano reunida en Medellín que fueran la partida de nacimiento del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo.

En el mismo señalaba: “…Porque es cierto que en nuestro país a medida que pasa el tiempo se va acentuando la absorción, el copamiento o la transferencia de las empresas públicas y privadas a los monopolios extranjeros…”. Y seguía  señalando: “…esta frustración de legítimas aspiraciones se canaliza en manifestaciones, protestas, huelgas y otros medios de defensa de los trabajadores, los estudiantes y el pueblo”.

Diferenciándose de este punto de vista, Elpidio Torres, Secretario General del Sindicato de Mecánicos de Córdoba, que también estaba encarcelado y había tenido participación activa en la jornada del 29 de Mayo, consideraba que al interior de las Fuerzas Armadas había sectores que no coincidían con la política económica implementada por la Dictadura Cívico-Militar.

En este contexto la aparición de organizaciones revolucionarias que reivindican el mensaje y el ejemplo del Che incorpora un elemento nuevo en el escenario nacional. Es la primera vez que se plantea una disputa de poder; no un recambio de la gestión.

La ratificación del paro del 1° de julio determinó que todos pusiéramos el acento en el éxito de éste. En nuestra provincia -Entre Ríos- y en particular en Paraná comenzamos a sumar importantes adhesiones como la de los trabajadores del transporte, de la carne, estatales, ferroviarios, telefónicos y ceramistas, entre otros. Como en muchos de estos gremios revistaba como asesor letrado, participaba en las asambleas en las que exponían las medidas que tomaríamos para asegurar la defensa de los compañeros que podían ser detenidos por la represión. Esto lo coordinaba con otros abogados.

El 30 de junio por la mañana estaba en el Sanatorio “La Entrerriana” esperando el nacimiento de mi segundo hijo cuando recibí un llamado telefónico. Era Elvira Brasseur de Ramos -compañera y amiga de Alicia Eguren-. Con tono apesadumbrado me dijo: “Lo mataron a Ongaro”.

La noticia me paralizó “no podía ser que la represión dictatorial llegara tan lejos”, pensé. Con el rostro demudado volví a la sala de espera y nuevamente me comunicaron que tenía un nuevo llamado. Era Elvira que rectificaba el anterior: “No, al que mataron es a Vandor” (foto).

La noticia me llenó de interrogantes. Al salir de la sala de partos se lo comenté a Alba y al obstetra Luis “el Gordo” Fiore.

Luego escuché el informativo y lo llamé a Luis Cerrutti Costa. Me contó que un grupo comando había entrado en el edificio de la Unión Obrera Metalúrgica, aparentemente lo integraban peronistas que habían participado en la Resistencia -1955 a 1958-.

Luego de reducir a la custodia se dirigieron a la oficina del dirigente metalúrgico ejecutándolo con varios disparos. Dos años después, una organización autodenominada Ejército Revolucionario Nacional se atribuyó la denominada “Operación Judas”.

El Secretario General de la UOM había nacido en el año 1923  en la localidad de Bovril en mi provincia. A los 17 años se incorporó a la Armada retirándose con el grado de cabo maquinista ingresando, posteriormente, a la fábrica Philips ubicada en el barrio de Saavedra en la ciudad de Buenos Aires.

Se inició en la actividad sindical como delegado y cuando el Presidente Frondizi, cumpliendo lo acordado con Perón, decidió “normalizar” los sindicatos integró el Consejo Directivo del poderoso gremio de esa actividad industrial. Sus condiciones de hábil negociador, en todos los planos, le permitieron lograr una importante fortuna personal.

Al mismo tiempo se relacionaba con el sector de los “Azules” en el Ejército, hostigando al gobierno del Presidente Illia y contribuyendo a preparar las condiciones para el golpe militar de junio de 1966 y para el ascenso del Dictador Juan Carlos Onganía.

Consecuente con esta conducta impulsaba una corriente dentro del Movimiento con la consigna “estar contra Perón para estar con Perón”. Favorecía a las patronales legitimando los despidos de los delegados más combativos de su gremio. Por ello no causó sorpresa su final.

Años después nuestro compañero Raymundo Gleyzer dirigió una película titulada “Los Traidores”. La misma describe, en la ficción, el proceso de un dirigente obrero -Roberto Barreda- que comienza siendo combativo y luego se transforma entregando los conflictos y auto simulando ser víctima de un secuestro para hacer encarcelar y torturar a los integrantes de una lista opositora. En el final, cuando festeja el “triunfo electoral”, es acribillado a balazos por un comando guerrillero.

Sin duda que el “Lobo” y los sindicalistas de “negocios” deben haber inspirado a Raymundo y a los compañeros de “Cine de la Base”. Así pasaban los días posteriores a aquel 29 de mayo de 1969.

(Manuel Justo Gaggero, Abogado y periodista. Ex Director del diario “El Mundo” y  de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”; este relato integra el primer tomo de la saga de mi autoría “Un Viaje hacia las Utopías Revolucionarias” que acaba de ser editado por la Editorial De La Comarca).