Dom. 03. Mar 2024, Santa Fe - Argentina
Opinión

NO PASA NADA (Jorge A. Molinari)

NO PASA NADA (Jorge A. Molinari)

MONTEVIDEO-URUGUAY (por Jorge Aniceto Molinari)  No pasa nada y pasa de todo, hasta la gravedad de miles de muertos por un terremoto, que previeron las aves de la zona pero no nuestra ciencia. Estaban, están en otra cosa.

Es un estado de la humanidad toda. Hay una propaganda televisiva que pide unas monedas para terminar con el hambre en el mundo, que ellos recaudan y aplican allí donde entienden se necesita.

La industria más próspera, con los mejores técnicos, los mejores sueldos, los mejores dividendos, es la de la guerra.

El Papa Francisco, a quien algunos católicos detestan, habla de la paz como un acto de caridad, ignorando o intentando ignorar que es una necesidad del propio sistema para equilibrar los números que estiren su funcionamiento.

La izquierda en el mundo vive una parálisis ideológica muy peligrosa, se prioriza el nacionalismo, por sobre la necesidad de un plan ecuménico.

Se confunde nacionalismo con nacionalidad, lo primero supone gobernar dentro de determinadas fronteras, -tuvo su vigencia en la historia humano, hoy ya no- nacionalidad es el respeto a las formas de concebir la vida que cada pueblo tiene derecho a tener.

Hay que encontrar una salida a la guerra, es imperioso lograr la paz ya, pero ello supone la reconversión de toda la industria de la guerra, y de eso no se habla.

Estamos asistiendo a la eutanasia de los economistas, como ciencia con importancia central en un mundo donde también están condenadas otras disciplinas como las de los politólogos por ejemplo.

Hay un mundo que trazó directivas para distintas disciplinas, que necesita morir, y necesita morir en paz, y hay otro que necesita retomar la realidad tal cual es.

Está funcionando la zona de libre comercio más grande de la historia, se hacen también en esa dimensión las emisiones monetarias más fraudulentas –no tienen respaldo-  de las principales monedas de los otrora imperialismos, funciona un mercado mundial de capitales, muy por encima del poder de cualquier estado, pero regido por las reglas inexorables de la rentabilidad que describiera y analizara –sin que hasta ahora se pueda demostrar que son erróneas- en “El Capital” Carlos Marx.

¿Y entonces qué hacemos? Aquí estamos discutiendo que respaldo tendría cada una de las candidaturas al ejecutivo del gobierno nacional para las próximas elecciones. No es para nada diferente a lo que pasa en otros países. No son hechos menores que como oposición a corrientes fascistas prosperen corrientes estatistas que han pulverizado a Partidos, como el Socialista en Uruguay, fundamental en el nacimiento del Frente Amplio.

No niego que el triunfo de Lula, y los triunfos en zonas electorales de Ecuador, de Rafael Correa, no sean importantes, y además hechos que impulsan la reapertura del debate.

Pero no puedo ignorar, que a Correa le molesta que el dólar sea la moneda de su país, que López Obrador prácticamente la proponga para que pueda haber una zona continental de desarrollo, haciendo cumplir a EE.UU. un papel que nunca quiso cumplir, urgida por los apetitos de su poderosa burguesía imperialista hoy cercada por un desarrollo universal de la economía que ya no la tiene como centro. Y que Lula hable de una moneda de aquí de esta parte del continente.

¿Ahora donde y como se debate todo esto, que tiene que ver con nuestro destino?

En lo personal y en la humildad de mis posibilidades aspiro a que en algún lado haya pronunciamientos sobre la necesidad de una moneda única y universal y que los impuestos se apliquen sobre la circulación del dinero dando muerte a los paraísos fiscales y a los sistemas impositivos aplicados sobre el consumo, los salarios y las pensiones.

Hasta ahora y salvo la exposición de Mujica en la ONU –setiembre del 2013- vengo fracasando con total éxito, pero quien te dice, también en esto comienzan las aves a presagiar la catástrofe – como en el terremoto de Turquía y Siria – aunque están dados los pasos para superar el modo de producción predominante y retomar la construcción social de un modo de producción superior.