Lun. 20. May 2024, Santa Fe - Argentina
Opinión

MUCHAS MENTIRAS Y OCULTAMIENTOS... (Sergio Ortíz)

MUCHAS MENTIRAS Y OCULTAMIENTOS... (Sergio Ortíz)

CIUDAD DE BUENOS AIRES-ARGENTINA (por Sergio Ortíz)  Muchas mentiras y ocultamientos sobre la II guerra mundial.

LAS CAUSAS DE LA GUERRA

En la historia que fabrican los países capitalistas se adjudica la II Guerra Mundial sólo al afán del dictador Adolfo Hitler, de dominar el mundo. La verdad es mucho más compleja. Por supuesto que ese nacional-socialista buscaba adueñarse de zonas fronterizas y expandirse muchísimo más allá. En este punto, y no para justificar de ningún modo a semejante personaje, hay que dejar constancia que las potencias dominantes de aquel entonces fueron responsables de un castigo desproporcionado a Alemania, tras la I Primera Guerra. Le impusieron el pago de reparaciones de guerra y la pérdida de territorios, luego del Tratado de Versalles. Estas humillaciones dieron pie al discurso revanchista y luego el avance militar de Alemania.

Aquel mundo estaba dominado sobre todo por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Estados Unidos como potencia en ascenso y otras menores como Francia. Aquel conflicto bélico a punto de estallar era interimperialista: los ingleses, franceses y norteamericanos, por un lado, y Alemania y sus aliados italianos y japoneses por el otro. En vez de dirimir ese conflicto entre ellos, Londres y sus aliados querían empujar a Alemania a una guerra contra la Unión Soviética. Por eso en 1938 el premier británico Neville Chamberlain y su colega francés Edouard Daladier, fueron sumisos hasta Munich y firmaron un acuerdo con Hitler, entregándole la región checa de los Sudetes. Volvieron exultantes a sus capitales agitando un papel de paz firmado por el nazi.

Les duró poco porque Hitler, viéndolos tan débiles y concesivos, decidió ocupar Polonia. Antes, el 23 de agosto de 1938, firmó un acuerdo de no agresión con la URSS: el tratado Molotov-Von Ribbentrop, los cancilleres de Moscú y Berlín. No es que José Stalin hubiera sellado una alianza con Hitler, como se dijo en ese momento y también después. Desde 1935 el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) venía planteando un frente único antifascista. Fue la propuesta central del VII Congreso de la Internacional Comunista realizado aquel año bajo la presidencia del búlgaro Jorge Dimitrov. Como ese ofrecimiento de unidad antifascista fue rechazado, el líder soviético no tuvo más remedio que firmar ese compromiso de no agresión con Alemania. Su propósito fue ganar tiempo. ¿Para qué? Para organizar mejor a su pueblo, armar más al Ejército Rojo, depurándolo de quintacolumnistas; impulsar su economía, etc. Sabía que en poco tiempo más los alemanes vendrían por la URSS.

La invasión alemana a Polonia el 1 de septiembre de 1939 fue “too match” para Inglaterra y su bloque. Tuvieron que declarar la guerra a Alemania y empezó esa contienda interimperialista, en tanto la URSS se replegaba sobre sí misma, para pertrecharse mejor antes que la subieran al ring. Mientras los dos bandos imperialistas se atacaran entre sí, buscando el dominio mundial, y la dejaran en paz para armarse en autodefensa, tanto mejor.

LA BLITZKRIEG SE ROMPIÓ LOS DIENTES

Para los ejércitos de la Wehrmacht su paso por Polonia fue un paseo y en pocos días fue ocupada. La ofensiva militar tuvo la modalidad de la Blitzkrieg, u “ofensiva relámpago”, con sincronización de bombardeos previos y el rápido avance de los tanques, artillería y la infantería, sin dar tiempo a las defensas. No sólo Polonia sino también los Países Bajos, Bélgica y Francia, cayeron bajo el dominio alemán en semanas.

Con esas victorias, el canciller alemán pasó a la letra chica de su plan contra la URSS. Ese ataque apuntaba a destruir el comunismo, el gran demonio para los nazis. El objetivo económico era quedarse con los granos de la zona de Ucrania y el petróleo del Cáucaso, ambos bajo jurisdicción de la URSS. De acuerdo con el plan de Himmler “Ost” (julio de 1941), en 25 años debían ser deportados y aniquilados 85% de los polacos, 85% de los letones, 75% de los bielorrusos, 65% de la población de Ucrania Occidental, de los rusos, lituanos y estonios. Un total de 45 millones de personas. Una parte de los rusos sería deportado más allá de los Urales y Siberia. Semejante plan de exterminio, que empezó a verificarse con el “Operación Barbarroja”, la invasión a Rusia el 22 de junio de 1941, explica el ardor patriótico de la resistencia de todas las nacionalidades componentes de la URSS.

Los ejércitos alemanes entraron a territorio soviético sin declaración previa de guerra. Después de consumado el hecho, el embajador germano en Moscú entregó a Molotov una declaración. Fue un ataque a traición, aunque no una sorpresa total para Stalin, quien tenía información de que eso iba a ocurrir. Además un par de sargentos alemanes en la madrugada de aquel 22 de junio se presentaron por separado en la frontera rusa y dieron aviso de lo que estaba por comenzar.

Se ha criticado a Stalin por lo rápido que entraron las tropas germanas en los primeros 150 kilómetros de tierra rusa. Generales soviéticos, incluso Gueorgui Zhukov, le habían planteado al jefe de Estado en la previa al 22 de junio que era conveniente movilizar tropas hacia la frontera, para prevenir la agresión y pararla desde el vamos. En sus memorias ese general admitió que los argumentos de Stalin eran valederos para rechazar su propuesta. El georgiano le dijo que si se movían tropas a la frontera alemana iban a ser acusados de desencadenar la guerra. Y que además sería una táctica inútil porque las tropas alemanas, que ya venían haciendo la guerra, iban a pasar igual, frente a un Ejército Rojo entonces inexperto. Lo más aconsejable era ir desgastando a los invasores, pero sin pretender pararlos de entrada. Que entraran a la URSS, que extendieran sus líneas logísticas, que se debilitaran ante la resistencia militar y de las guerrillas en retaguardia. Con esa nueva experiencia, los defensores iban a estar mejor fogueados para los grandes combates y rechazar la invasión hasta finalmente derrotar a los ejércitos de la Wehrmacht y la Luftwaffe, la fuerza aérea. Stalin tuvo razón.