Sab. 18. May 2024, Santa Fe - Argentina
Opinión

IMPORTACIÓN DE NARANJAS: COPIANDO EL FRACASO (Rodolfo O. Gianfelici)

IMPORTACIÓN DE NARANJAS: COPIANDO EL FRACASO (Rodolfo O. Gianfelici)

SANTA FE-ARGENTINA (por Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare)  El presidente Javier Milei ha dado un nuevo paso hacia la destrucción de las economías regionales. La primera llegada de naranjas egipcias (importadas) ya está disponible en el Mercado Central.

Esta apertura –argumentan desde el gobierno- permitirá abaratar los precios de los productos. Sin embargo, se trata de una contundente amenaza para la producción argentina. Una importación promovida por el gobierno que genera alerta y preocupación entre los pequeños productores argentinos.

Egipto es uno de los principales exportadores de naranjas del mundo, que ahora busca ganar el mercado argentino. Lo sugestivo de este desembarco es que nada hace prever que pueda mejorar los precios (a la baja) en beneficio del consumidor argentino.

Sucede que es muy posible que estos productos extranjeros terminen por ganar espacio en el mercado local, desplazando a producción local y de  pequeños productores, a precios más altos. Con lo cual, en nada se cumpliría el supuesto objetivo de la política de Milei de promover las importaciones para mejorar la economía argentina.

Este latiguillo electoralista de...

Milei, no es algo nuevo en la política argentina. Tanto es así que la importación de alimentos (para bajar los precios) ya fue aplicada por anteriores gobiernos, adoptando –según los casos y etapas-, alguna protección sobre la producción local y por un determinado período de tiempo.

Sea como sea, en todos los casos resultó un fracaso, donde los perjudicados fueron los productores locales y el consumidor final.

Y en este caso tampoco va a prosperar, porque además de la apertura al ingreso de importaciones, Milei le ha agregado la ‘desaparición’, el ausentismo del Estado; el abandono a cualquier tipo de control, de seguimiento, de protección a la producción nacional.

Milei apuesta a que “el mercado” sea el encargado de regular todo. Claro que en esa libertad, el consumidor final carece de todo tipo de representación o defensa de sus intereses.

Inclusive se corre el riesgo que lleguen productos subsidiados por los gobiernos desde donde provengan los mismos, con el objetivo de “ayudar” a sus productores a ganar el mercado argentino (posiblemente con precios más bajos durante un tiepo). El necesario para destruir la producción argentina, para luego –sin competencia local-, fijarle al mercado interno argentino los precios que ellos deseen.

Lejos de “más libertad” (que es otorgarle al zorro el cuidado del gallinero...) lo que se necesita en el país es una política de promoción de las producciones regionales, de control de las intermediaciones, de regionalizar producciones y comercializaciones, de reducir el poder final de distribuidores y comercializadores (que terminan monopolizando el negocio, relegando a los productores que terminan siendo rehenes de ellos).

El problema del precio de las naranjas en Argentina (como de otros productos) está en que los intermediarios acaparan el negocio, llenan sus cámaras de frío con el producto y fijan el precio que se les antoja.

De esta forma –como ha ocurrido hasta ahora-, sin intervención del estado, unas pocas manos concentran la logística y comercialización. La solución es controlarlas y reducirles ese poder en la cadena de valor, y no abrirla importación. Porque lo que van a hacer esas mismas pocas manos es convertirse en importadores, y seguir manejando el negocio con su logística y comercialización. Si antes ejercían un poder monopólico de la producción local, ahora van a pasar a seguir con ese poder monopólico, pero con la producción de naranjas egipcias...

Ahora bien: Cómo pretende Milei que bajen los precios de la producción nacional cuando dispuso una megadevaluación del 118%; aumentó la electricidad y el gas; y los combustibles –y por ende el transporte-.

Hasta el momento, ninguno de los gobernadores de las provincias productoras de cítricos dulces (Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Misiones y Buenos Aires) se han expresado sobre el tema. Sospechamos que los de las dos primeras, siendo oficialistas nacionales, deben estar de acuerdo con las importaciones; lo cual significará que están avalando que se vean afectadas sus producciones provinciales...

Cual será la ‘solución’ que le dará el estado nacional y sus estados provinciales a los pequeños productores o campesinos (en el nivel de supervivencia actual), es toda una incógnita.

Pareciera que nadie se da cuenta, pero la importación lleva a la reducción o directamente la desaparición de producciones regionales. Ello genera:

  • Mejos superficie sembrada
  • Menos mano de obra –con oficio- necesaria
  • Menor cantidad de cajones y material de embalaje necesarios
  • Reducción de mano de obra en plantas de empaque
  • Cierre de plantas de empaque, y envejecimiento de las máquinas
  • Desaparición del entramado productivo
  • Se pierde el oficio
  • La falta de trabajo hace que los jóvenes dejen la zona
  • Se van desplobando áreas rurales y pequeñas localidades
  • Se pierden las producciones y el intercambio comercial regional.

A la hora de mirar hacia atrás, es bueno recordar que en la década de 1990, la banana argentina (producida en Salta, Misiones, Jujuy y Formosa) abastecía algo más del 80 por ciento del mercado local. Hasta que le abrieron la puerta a las bananas ecuatorianas y a marzo de 2024 la producción argentina no llega al 15%. No solo se benefician las producciones ecuatorianas, sino las de Bolivia, Paraguay, Colombia y Brasil.

Quienes votaron a Javier Milei pensando que era “lo nuevo” en política, no solo estuvieron desinformados, sino que les mintieron.

Todo indica que con la importación de naranjas se repetirá el fracaso de las bananas.