Lun. 26. Feb 2024, Santa Fe - Argentina
Opinión

TENSIÓN EN AGOSTO DE 1972 (Manuel J. Gaggero)

TENSIÓN EN AGOSTO DE 1972 (Manuel J. Gaggero)

CÓRDOBA-ARGENTINA (por Manuel Justo Gaggero)  En el otoño e invierno  de ese año 1972 -hace 51 años-, al tiempo que se daban nuevos avances en el  sindicalismo antiburocrático y antipactista, la Dictadura profundizaba  la represión al movimiento popular  y revolucionario.

En ese marco  se inscriben  la victoria del Movimiento de Recuperación Sindical liderado por  René Salamanca en la Seccional Córdoba  del SMATA de Córdoba y el de la lista Verde en la Federación Gráfica Bonaerense.

En el poderoso gremio de Mecánicos se presentaban dos listas: la oficialista  Verde y Celeste y la Marrón  que expresaba al MRS. Esta última obtuvo 3.089 votos logrando la conducción del Sindicato.

Por su lado los gráficos eligieron a Raymundo Ongaro  cómo Secretario General con  más de 1.500 adhesiones. Ambos triunfos fueron  desconocidos  por la CGT  cuya Secretaría General  ocupaba José Rucci la que -por directivas  del “General” Perón-, llevaba adelante  el diálogo con el gobierno castrense dirigido a asegurar  la participación del  Movimiento en las elecciones del año próximo.

Por otra parte se realizaban movilizaciones y paros en todo el país enfrentando la política económica y exigiendo la liberación de los presos políticos, en particular los que estaban  recluidos en el Buque de la Armada “Granadero” que se encontraba en la rada del Puerto de Buenos Aires. Confrontando con la evidente agudización de la violencia represiva aumentaba la solidaridad popular con los presos y la simpatía de la clase trabajadora  y el pueblo con los luchadores.

En esos días por iniciativa de la Asociación Gremial de Abogados de Buenos Aires  comenzamos a organizar un Congreso Nacional que llevaría el nombre  de nuestro querido compañero Néstor Martins; secuestrado y hecho desaparecer por el régimen.

En este trataríamos de unificar los criterios  en la defensas de los  encarcelados con motivos políticos y, al mismo tiempo, denunciar la trampa de una contienda electoral enmarcada en el Gran Acuerdo Nacional  que proponía la Dictadura. Por otra lado las organizaciones armadas -que no estaban dispuestas  a reducir su actividad ni a aceptar la falsa convocatoria del Dictador- tenían, en ese momento, una parte importante de sus direcciones en  la cárcel por lo  que analizaban  diferentes alternativas para lograr la libertad de estas.

Los compañeros de las FAR, con los que estábamos en permanente contacto, nos adelantaron  que se preparaba algo importante y que teníamos que estar en estado  de alerta para llevar  a cabo acciones de apoyo y de propaganda.

Con este escenario, el 14 de agosto  comenzaba el Congreso que menciono en la histórica sede de la Federación Gráfica Bonaerense donde funcionaba aún y, pese a la ofensiva gubernamental y del sindicalismo burocrático en su contra, la CGT de los Argentinos.

Cerca de 400 colegas de todo el país  concurrieron a la convocatoria. La primera cuestión a resolver  fue la conformación de la Mesa Directiva del Encuentro. Se presentaron dos listas. Una encabezada por dos abogados  del sindicalismo clasista de Córdoba, Susana Buconich y Alfredo Curuchet; el querido “Cuqui” con el que me unía una gran amistad  desde  el momento que lo conocí en la Cárcel de Caseros.

La otra proponía como Presidente a Gustavo Roca, también cordobés, amigo del Che Guevara, de Alicia Eguren y de John William Cooke, que había realizado una memorable defensa de los compañeros del EGP (la organización guerrillera que lideraba Jorge Ricardo Massetti).

Ratificando mi condición de “centrista coherente”, como me caracterizaba  cariñosamente mi hermana Susana, ambas me proponían como Secretario.

Realizada la votación triunfó esta última comenzando el evento  con homenajes a los compañeros  secuestrados-desaparecidos  entre los que estaba el  que llevaba el nombre del Congreso y nuestro hermano Luis Enrique Pujals.

Al terminar el primer día de las deliberaciones note que algunos de los participantes estaban a la espera  de alguna información importante que provendría de algunos de los penales e insistían que al día siguiente fuéramos puntuales e iniciáramos los debates a la hora acordada.

Ese 15 de agosto en horas de la tarde, casi noche, se iniciaba en Rawson un intento de fuga organizado por las tres organizaciones (Montoneros, FAR y ERP) que tenía como objetivo lograr la libertad de más de 100 compañeros.

La dirección de esta gigantesca operación, que de concretarse sería un fuerte golpe a la represión, estaba integrada, según supimos posteriormente por Fernando Vaca Narvaja, Mario Roberto Santucho, Domingo Menna, Enrique Gorriarán Merlo y Marcos Osatinsky.

Por motivos,  que en ese momentos desconocíamos, sólo estos lograron  subir al avión  que había descendido en el aeropuerto de Trelew por la acción de militantes revolucionarios que redujeron a la tripulación de este logrando que cambiara su itinerario y se dirigiera  a la hermana República de Chile.

Por su parte 19 compañeros, encabezados por Mariano  Pujadas y el “Indio” Rubén Bonet que habían logrado llegar tardíamente  a este lugar, pactaban con las fuerzas militares que los habían cercado para lograr que se respetara su vida.

Ante estos acontecimientos en el Congreso decidimos que Eduardo Luis Duhalde, Rodolfo Ortega Peña, Rodolfo Mattarollo y Vicente  Zito Lema  viajaran a Rawson  para garantizar la integridad física de los detenidos.

Por su lado Luis Cerrutti Costa, Gustavo Roca y Andrés López Acotto viajarían a Santiago de Chile para solicitarle al Presidente Salvador Allende  que les otorgara el asilo a los compañeros y los enviara a Cuba, como lo solicitaban.

El Dictador Alejandro Agustín Lanusse  había constituido un “Comité  de Crisis” con los mandos de las tres armas al mismo tiempo que presionaba  de todas las formas posibles a la Nación de Pablo Neruda,  para que entregara a los revolucionarios que habían logrado fugarse.

En el aeropuerto de Trelew se vivía un momento de tensión. En Conferencia de Prensa Mariano y el “Indio” habían ratificado la unidad de las tres organizaciones, mas allá de sus diferencias ideológicas, y en la misma exigían la presencia del Juez Federal  para rendirse y entregar sus armas.

Los acompañaban dos demócratas Hipólito Solari Yrigoyen y Mario Abel Amaya. Entendías que se de esta forma la presencia judicial garantizaría sus vidas. Así comenzaron aquellos días que permanecen imborrables en nuestra memoria y nos generan una gran tristeza.

(Manuel J. Gaggero: Abogado y periodista. Ex Director del diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”. Este relato integra el primer tomo de la saga de mi autoría “Un Viaje hacia las Utopías revolucionarias” que ha sido editado por la Editorial De La Comarca).