Jue. 01. Dic 2022, Santa Fe - Argentina
Opinión

LOS CERDOS ALADOS DEL G20 (Tomás F. Ruiz)

LOS CERDOS ALADOS DEL G20 (Tomás F. Ruiz)

MADRID-ESPAÑA (por Tomás F. Ruíz)  La central eléctrica de Battersea, uno de los símbolos más universales de la contaminación atmosférica por carbón del siglo XX, fue utilizada por Pink Floyd para referirse a los “cerdos alados” (pigs on the wing) que dominan al mundo desde las alturas. Esta es una de las interpretaciones que se hicieron de la portada del disco de Roger Waters “Animals” (1977) en la que aparecían cerdos flotando sobre la central de Battersea. Otras interpretaciones se refieren -estas en jerga bélica- al enemigo oculto que nos ataca desde las alturas. Ha pasado casi medio siglo desde aquel icónico disco de Pink Floyd y los cerdos alados no sólo se han hecho más fuertes, sino que han llevado el mundo al borde de una catástrofe ecológica con su corrupta economía y su desmedida codicia.

A raíz de la infructuosa cumbre climática de Egipto y con los espeluznantes datos científicos que ya existen sobre la hecatombe que se nos avecina, la humanidad entera se pregunta si los líderes de los gobiernos del mundo que se han dado cita en esta cumbre son realmente estúpidos o simplemente se lo hacen para salir sonrientes y confiados en las fotos que vemos de ellos.

  Paralela a la cumbre de Egipto, se ha llevado a cabo en Bali una conferencia internacional de los veinte países más poderosos del planeta, prácticamente los amos del mundo, conocidos internacionalmente como el G20. A la vista del desprecio que en ambas reuniones han demostrado por la humanidad y por el planeta Tierra, el mundo entero se pregunta cómo es posible que estos gobernantes no sean capaces de entender el abismo sin retorno hacia el que nos están empujando… ¿Por qué unos jefes de estado con una información tan exhaustiva como la que tienen a mano, donde las cifras y los datos demuestran irrefutablemente lo que se nos avecina, actúan de una forma tan desequilibrada, absurda y suicida?

Es un secreto a voces que todos los gobernantes de países ricos del planeta disponen de refugios subterráneos para aislarse allí si las cosas se les ponen mal en el exterior. Se trata de instalaciones herméticas, con recursos energéticos autosuficientes, producción autónoma de alimentos y completamente habilitados para que en ellos puedan sobrevivir hasta diez años varios miles de seres humanos privilegiados.

También existe el proyecto de construir naves espaciales en las que toda esta basura humana pueda escaparse a la estratósfera cuando las condiciones climáticas y medioambientales degeneren hasta el punto de hacer el planeta inhabitable. Son versiones modernas de la mítica arca que salvó a Noé y a su familia de perecer en el Diluvio universal. Este proyecto del “escape espacial”, cuyo progreso se mantiene en la más absoluta clandestinidad, hace creer a sus constructores que, tras diez o veinte años orbitando la Tierra,  podrían volver al planeta y repoblarlo. ¿Es esta ingenua y ridícula consideración de creerse herederos de la especie humana lo que hace creer a estos cerdos alados que son los elegidos para sobrevivir más allá que el resto de sus congéneres? 

La estupidez de estos gobernantes, que en su demente fuero interno se sienten salvadores de la humanidad, no puede ser más grande: cuando quieran salir de sus refugios o descender de sus naves espaciales, encontrarán un planeta desolado, posiblemente con todas las especies vegetales y animales extinguidas… ¿Se puede ser tan estúpido como para creer que en un ambiente tan hostil como ese ellos podrían sobrevivir? Dada su baja capacidad mental, su desmedida codicia y su criminal competitividad, estos nuevos colonos acabarían matándose unos a otros por poseer los escasos y codiciados recursos útiles que aún quedaran en el planeta.

Ese es el futuro irrisorio en el que los gobernantes más poderosos del mundo quieren creer y para el que trabajan denodadamente. Ese demente y egoísta punto de vista es su particular forma de sobrevivir a la catástrofe que ellos mismos han generado. El hecho que los demás sucumbamos, la incuestionable certeza de que el planeta esté ya a punto de colapsarse, el cambio climático letal que se nos avecina les importa bien poco. 

La cuestión es si el resto de seres humanos que hasta el momento compartimos la Tierra con ellos vamos a ser tan estúpidos que les vamos a dejar destruir este hermoso y frágil planeta azul en el que vivimos. Sólo desarrollando una enconada resistencia a sus planes, oponiéndonos por todos los medios a nuestro alcance a sus dementes proyectos, tendremos la posibilidad de que este preciado entorno en el que vivimos se recupere. No permitamos que dilapiden nuestra existencia; no nos engañemos, no hay otra opción, son ellos o nosotros: su desmedida codicia o nuestra combativa resistencia.