Mie. 17. Jul 2024, Santa Fe - Argentina
Opinión

CADA INMIGRANTE PUEDE SER NUESTRO HEROE (Ricardo Preve)

CADA INMIGRANTE PUEDE SER NUESTRO HEROE (Ricardo Preve)

CHARLOTTESVILLE-EEUU  (por Ricardo Preve)  En un editorial anteriormente escrito para este diario, refiriéndome a los que hemos inmigrado a los Estados Unidos, escribí que “… esta diversidad que traemos, esto de ser “los otros” en esta sociedad, lo tenemos que pensar como una fortaleza, y no como una debilidad.”

Me volvieron a la memoria esas palabras en estos días cuando leí un reciente articulo en la cadena de noticias NBC de la periodista Minyvonne Burke acerca de el director interino del Departamento de Salud del condado de St. Louis en el estado de Missouri, Dr. Faisal Khan, cuando este ultimo hizo una presentación ante las autoridades acerca del mandato municipal de usar mascara.

Dejando completamente de lado el tema de la reunión a la cual el Dr. Khan fue citado a declarar, lo qué si me gustaría analizar, y me entristece profundamente, es el tratamiento de violencia verbal (y posiblemente también física) a la que fue sometido el Dr. Khan.

Según las declaraciones del funcionario, la primera pregunta de uno de los concejales que lo interrogaron fue solo una excusa para enfatizar que el Dr. Khan no había nacido en los Estados Unidos. A ello le siguieron toda una serie de agresiones y ultrajes al Dr. Khan, incluyendo burlas a su acento, y a su etnicidad.

Este tipo de comportamiento en audiencias publicas, y en otros actos de gobiernos locales, se ha hecho cada vez mas aceptable en este país debido a la creciente popularidad de la teoría del nativismo. Sucintamente, le nativismo es la doctrina política que busca favorecer los intereses de la población nativa de una nación, en contra de las aspiraciones de los inmigrantes, generalmente a través de medidas restrictivas contra la inmigración primero, y luego con leyes contrarias a los derechos de los inmigrantes.

El tipo de agresiones como las que ocurrieron en contra del Dr. Khan se han vuelto cada vez mas frecuentes en los Estados Unidos, fruto de una creciente xenofobia en esta sociedad que, si bien sigue siendo una de las mas transparentes en el mundo, se ha enturbiado considerablemente en el pasado reciente con el accionar de políticos populistas que buscan aprovecharse de los estereotipos contra los inmigrantes con miras a mejorar sus resultados electorales.

Es irónico que, al mismo tiempo que estos deplorables acontecimientos se suceden en los Estados Unidos, algunas de estas mismas personas responsables de estos abusos estén entre los mas acérrimos fanáticos deportivos que celebran las medallas ganadas por Team USA en los Juegos Olímpicos de Tokio. Entre ellas, las dos de plata, y una de oro, de la gimnasta Sunisa Lee.

Sunisa nació en 2003 en Minneapolis-St. Paul en Minnesota con el nombre Sunisa Lee to Yeev Thoj. Podemos imaginarnos, los que hemos tenido que enfrentarnos muchas veces, como inmigrantes en este país, con el estigma de un nombre “difícil de pronunciar”, los desafíos que debe haber enfrentado Sunisa con su nombre (cambiado al actual Lee cuando su madre se casó con un señor de tal apellido).

Es interesante notar, y me gustaría que lo tomaran muy en cuenta también aquellas personas que por un lado se oponen a la llegada de inmigrantes a los Estados Unidos, pero por otro se definen como “patriotas” que apoyan a los deportistas de este país, que los padres de Sunisa son de la comunidad inmigrante Hmong, muchos de los cuales inmigraron a Minnesota en los años 1970.

En esos tiempos, los Hmong eran vistos por el gobierno comunista Pathet Lao de su país como colaboradores de los Estados Unidos, en virtud de que la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos había efectivamente reclutado una cantidad considerable de Hmong en su lucha contra las insurgencias comunistas en el sudeste asiático durante la Guerra de Vietnam.

Pienso como seria en estos tiempos políticos que corren hoy, si los padres de Sunisa fueran a presentarse a las fronteras de los Estados Unidos, y pidieran inmigrar. Creo que no seria para nada seguro que se los dejara ingresar; y quizás nadie imaginaria, en ese escenario imaginario, la gran perdida que significaría para los Estados Unidos la exclusión de una pareja cualquiera de inmigrantes al futuro medallero olímpico del país.

Podríamos seguir dando ejemplos de como los inmigrantes suman, y no restan, a los recursos de la sociedad estadounidense. Mientras escribo estas líneas, la televisión muestra el acceso a la base del ejercito en Fort Lee, y como varios autobuses ingresan a la base en Virginia trayendo cientos de traductores militares afganos que lucharon junto a las tropas norteamericanas en Afganistán, y a sus familias, para iniciar una nueva vida. O como tantos ingenieros, científicos, e intelectuales, hoy estadounidenses, comenzaron sus vidas en algún otro lugar del mundo, y luego se incorporaron a nuestra sociedad para contribuir a hacerla mejor.

O podríamos, simplemente, pararnos en la frontera con México, en un paraje cualquiera del estado de Texas, una tarde cualquiera cuando el sol abrazante finalmente se acuesta detrás de las áridas colinas, y pinta el cielo de vívidos verdes y violetas. Podríamos aguardar en silencio mientras el ocaso del sol se borra del cielo, y las estrellas de la noche derraman su débil luz sobre el paisaje. Podríamos mirar y escuchar. Pronto veríamos las miles de sombras que emergen de los grises matorrales y buscan, con mayor o menor desesperación, llegar a este lado de la frontera. Y podríamos preguntarnos si, entre esas sombras, no habrá alguna persona, o muchas de ellas, que contribuirán con su trabajo y su intelecto a hacer mejor a nuestra sociedad.

(Ricardo Preve es un cineasta y fotógrafo argentino residente en Virginia desde 1976)