Mar. 31. Ene 2023, Santa Fe - Argentina
Opinión

BRICS: SEGURIDAD ENERGÉTICA Y ALIMENTARIA (Luis B. García)

BRICS: SEGURIDAD ENERGÉTICA Y ALIMENTARIA (Luis B. García)

CARACAS-VENEZUELA (por Luis Britto García)  Ponencia presentada en el  Encuentro FOOD AND ENERGY SECURITY PERSPECTIVES IN THE BRICS COUNTRIES, en la Facultad de Economía de la Universidad de San Petersburgo:

La seguridad alimentaria y la energética son requerimientos básicos en todos los países, y particularmente en los del BRICS, economías emergentes que comprenden algunas de las más poderosas del mundo.

Ambos factores están vinculados. La agricultura a gran escala requiere inexorablemente energía para maquinarias agrícolas, sistemas de regadío y  transporte de productos, así como  aplicación de fertilizantes e insecticidas derivados de los hidrocarburos. Está  en riesgo la seguridad alimentaria de países que no dispongan de energía fósil abundante y estable; está en peligro la seguridad energética de países que dependan de las importaciones para alimentar a  su población. Examinemos la interrelación de estas variables en los países del BRICS.

Se puede suponer que goza de seguridad alimentaria un país en el cual los alimentos constituyen un porcentaje  modesto del total de sus importaciones, y un porcentaje significativo del total de sus exportaciones. Examinemos las magnitudes compiladas  a fines de 2020 por el Banco Mundial. El promedio global de importaciones de alimentos es el 9% del total de  importaciones; Estados Unidos gasta en alimentos el 7% de lo que importa, y el Grupo de Países Pobres muy Endeudados invierte en tal concepto 16% de sus importaciones. Por otra parte, el porcentaje  de alimentos en el total de exportaciones global es asimismo de 9%, en Estados Unidos es del 11%, y en el Grupo de Países Pobres muy Endeudados, de 30% (https://datos.bancomundial.org/indicator/TM.VAL.FOOD.ZS.UN ).

Brasil, la economía más grande de América Latina, dispone de extensas tierras cultivables, de uno de los sistemas fluviales más caudalosos del mundo, así como de humedales y grandes sistemas boscosos en la Amazonia. Sus importaciones de alimentos son el 5% del total de importaciones, sus exportaciones de alimentos el 35% del total  de éstas.

La Federación Rusa dispone asimismo  de enormes extensiones de tierras cultivables y de equipamientos agrícolas modernos.  La Revolución Soviética colectivizó las tierras y dio pasos sustanciales hacia la mecanización de la industria agropecuaria. Según el Banco Mundial, las importaciones de alimentos de Rusia son un 12% de las importaciones totales, tres puntos por encima del porcentaje global, y sus exportaciones de alimentos un 8% del total. Son puntajes  aceptables, pero quizá sería deseable su mejora en vista de los numerosos y agresivos enemigos externos de la Federación Rusa.

La India dispone de tierras intensivamente cultivadas gracias a la  mano de obra  de infinidad de pequeños propietarios y granjeros que utilizan en gran parte técnicas tradicionales. Esta modalidad de producción agrícola le ha permitido hasta el presente abastecer a su numerosa población, aunque en condiciones de austeridad, con preponderancia de la producción vegetal y  notables conflictos entre los pequeños agricultores y las grandes empresas  agrícolas. La importación de alimentos es sólo un 5% de sus importaciones totales; su exportación de ellos, un 11% del total.

China, gracias a su milenaria tradición de aprovechamiento de los cauces de agua mediante estanques, represas y canales, y a la modernización de la agricultura impulsada por la Revolución, gasta en alimentos  un 8% de sus importaciones totales, y sólo exporta alimentos por un valor de 2% del total. Sus reservas de energía fósil son  modestas, comparadas con su enorme población.

Sudáfrica gasta en alimentos un 8% de sus importaciones totales, y de sus exportaciones un 12% es de alimentos.

De acuerdo con tales cifras, los países del BRICS parecerían presentar una seguridad alimentaria aceptable, aunque en Brasil, India y Sudáfrica la relativizan  la extrema concentración de la propiedad de la tierra  por grandes monopolios transnacionales que exportan  los alimentos en detrimento de los consumidores locales, creando  inseguridad alimentaria en países con gran producción  de nutrientes.

Comparemos estas magnitudes con  las reservas de energía fósil que permitirían prolongar o incrementar la producción alimentaria. Como término de comparación, el país con mayores reservas probadas de petróleo es Venezuela, con 303.806 millones de barriles, y el segundo Arabia Saudita, con 260 000 millones de barriles. Estados Unidos, el mayor consumidor de hidrocarburos del mundo, ocupa apenas el décimo lugar, con 47.053 millones de barriles.

Rusia ocupa el octavo lugar en el rango mundial de  reservas, con 80.000 millones de barriles, casi el doble de las de Estados Unidos.

·         La inmensa China ocupa el puerto 14, con 25.000 millones de barriles

·         La sigue Brasil, en el puesto 15, con 16.184 millones de barriles

·         La muy poblada India está en el puesto 22, con 2.625 millones de barriles

·         Y Sudáfrica en el rango 83, con 15 millones  de barriles.

Estas cifras son aproximativas, y calculadas con pequeñas diferencias de años, pero ofrecen una panorámica general de las disponibilidades de una de las mayores fuentes de energía fósil.

(https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses_por_reservas_probadas_de_petr%C3%B3leo ).

De acuerdo con ellas, la Federación Rusa es el país con mayor seguridad energética del BRICS: no sólo tiene suficiente petróleo para satisfacer su demanda interna, sino además para exportar. China e India, por su parte, están en  situación delicada, dadas sus inmensas poblaciones y el poderío industrial de sus economías emergentes, dependiente en gran medida de la energía fósil. Sudáfrica cuenta con escasas reservas de ella, y está obligada a importarla.

Se  discute    la posible conversión del BRICS en BRICA, con la incorporación de Arabia Saudita, Catar, Kuwait, Baréin y los  Emiratos Árabes Unidos. La alianza con estos  países petroleros, así como con Venezuela, es indispensable para prolongar  la seguridad energética del BRICS y garantizar  energía asequible y costeable a  sus países necesitados, en particular a China. Por otra parte, ello independizaría a la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) de su  molesta dependencia hacia la demanda de Estados Unidos y de otros miembros de la OTAN, así como de la dependencia del dólar, que podría ser sustituido por una combinación del rublo y del yuan, o por otro signo monetario con un respaldo sólido a ser  creado en el futuro.

En trabajos anteriores señalamos que de acuerdo con autoridades en la materia hemos pasado o estamos a  punto de pasar el “Pico de los hidrocarburos”, a partir del cual éstos se harán cada vez más escasos y difíciles de extraer, hasta su posible agotamiento en cuatro o cinco décadas. (https://www.bloomberg.com/graphics/2020-peak-oil-era-is-suddenly-upon-us/ ).

Para sobrevivir, el BRICS y el resto del mundo deberán aplicar  la energía fósil aún disponible para articular sistemas de producción agrícola progresivamente independientes de ella. Del éxito en tal cometido  depende el destino de la civilización.