Dom. 14. Jul 2024, Santa Fe - Argentina
Opinión

¿INDESEADA INDEPENDENCIA? (Héctor Vargas H).

¿INDESEADA INDEPENDENCIA? (Héctor Vargas H).

LIMA-PERÚ (por Héctor Vargas Haya)  QUE NO FUE POSITIVO el tránsito del Virreinato a la República, lo demuestra el desorden y la gran corrupción aparecida, tan pronto como el Perú se desligara de la Corona Española. Fue tan escandalosa e incontenible la descomposición moral de la flamante sociedad peruana, que anunciaba algo incontenible y pernicioso, que obligó al Libertador San Martín a proponer que el Perú fuese una Monarquía Constitucional, presidida por un Príncipe Europeo, hasta que en la naciente república, se dieran las condiciones para que, en algún momento, cambiara el país de estatus político. Pero, tan pronto como se difundió la propuesta, surgieron las interesadas voces de los postulantes a liderar el país a su manera y usanza. Por supuesto, fue mayoritaria la oposición a la acertada propuesta sanmartiniana, que fácilmente fue derrotada mediante calculadas maquinaciones, reflejadas hasta en acciones de alta traición contra el Libertador. Encabezada por el coronel José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete, supuesto aliado de San Martín, a quien lo traicionó, aprovechando su transitoria ausencia, pues de San Martín había viajado a Colombia, para entrevistarse con Bolívar. Fue en ese lapso que el indicado coronel Riva Agüero, se alzó en  armas desde  Balconcillo, impuso en  el Congreso su ascenso a  general y luego a mariscal. Fue en ese lapso, y por toda gratitud, terminó disolviéndolo. Desde entonces, el ejemplo golpista cundió, se sucedieron las conspiraciones militares, impusieron el caos, las malas artes, la corrupción, después de convertir a la naciente República, en gigantesco cuartel, al que el país fue sometido durante más de siglo y medio, larga etapa de retroceso institucional, pero de progreso de la rapiña

No es una herejía sostener que el Virreinato significó integración, disciplina, respeto a la ley, a las buenas costumbres y control contra prácticas ilícitas. El caos y la corrupción, aparecieron con la República, lo que obligó a San Martín a pronunciarse a favor del retorno a la dependencia bajo una forma monárquica, presidida por un príncipe europeo. Transcurridos doscientos años de desorden, de corrupción, de crisis política, es incuestionable la marcada diferencia entre la etapa republicana y el Virreinato, en el que primó el orden; no era segregacionista, como sí lo es la República centralista, cuya capital, calificada de “Virreinal”, es meca del dominio político que concentra absoluto de poder económico, fiscal, financiero, con todas las ventajas negadas al resto del territorio. Si el Virreinato dependía de la Corona Española, y el Perú era una colonia, sin embargo, hubo un trato uniforme, tendencia a la ilustración y la  cultura, primaba la disciplina y respeto a la moral, desaparecido a partir de 1821. En el Virreinato no había corrupción; una prueba de ello es que, por ejemplo, el contrabando estuvo controlado por el sistema conocido  con el título de “almojarifazgo”, derivado de la voz griega, almojarife: autoridad fiscalizadora inexistente en la etapa  republicana, e inflexibles jueces denominados “oidores” imponían inflexible autoridad. Gran parte de todo eso fue abandonada después de la Independencia.

Durante la etapa republicana se perdió hasta el concepto de patria, lo demuestra la facilidad con la que se negoció con el territorio, a favor de naciones vecinas; en cambio, durante la Colonia fue intangible: antes de la Declaración de la Independencia el territorio medía tres millones, ochocientos mil kilómetros cuadrados, hoy reducido a 1.285.000 km, resultado de turbios  tratados. En doscientos años, sólo crecieron la población, la informalidad,  la pobreza y el éxodo de los habitantes de las Regiones hacia Lima, esperando ilusamente encontrar a la panacea de sus agobiantes problemas.

Durante la etapa virreinal sólo rigió la Constitución de Cádiz,  del 19 de marzo de 1812, a la que, debido a la ignorancia de no pocos, cuando no, a subalterna xenofobia hispánica, se le resta  su innegable importancia, sin reparar en que la historia constitucional del Perú y de América comenzó con dicha Constitución, de una  gran trascendencia, porque fue  la primera  en 1812, en el Perú y en todo el Continente Americano, hecho histórico que se oculta por apasionamientos xenófobos  que conducen a deformar la Historia en una suerte de conducta cerril. La Constitución de Cádiz, fue promulgada el 19 de marzo de 1812, durante la Monarquía de España y el reinado de Fernando VII. Fue jurada y publicada en Lima, entre los días 2 y 4 de octubre de ese mismo año,  y  con fervor se  cantó el Himno Nacional Peruano. En las actas de juramento aparecen cuarenta y nueve (49) diputados del Continente Americano, nueve diputados peruanos, ante las Cortes de España, electos el 24 de marzo de 1812: José Antonio Navarrete, Secretario; Ramón Feliú, Antonio Suazo, Dionicio Inca Yupanqui, José Lorenzo Bermúdez, Pedro García Coronel, Manuel Rodrigo y Vicente Morales Duárez, quien llegó a ser Presidente. Una avenida en Miraflores lleva su nombre. La  historia constitucional del Perú y de América comenzó con la Constitución de Cádiz, de 1812, y tal como lo puntualiza, Vicente Ugarte del Pino, en su “Historia de las Constituciones del Perú, no se puede prescindir de lo que significó base histórica, pues porque pretender  un conocimiento a fondo de la historia del constitucionalismo americano, prescindiendo del estudio de la  primera Constitución que rigió en América, es como ver una obra de teatro, ingresando  al final del segundo acto.