Mie. 17. Jul 2024, Santa Fe - Argentina
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CORONAVIRUS Y VARIANTE ‘DELTA’

CORONAVIRUS Y VARIANTE ‘DELTA’

CÓRDOBA-ARGENTINA  (PrensaMare)  Ya los términos coronavirus, Covid-19 y pandemia se han tranformado en comunes y entendibles para todos. Sin embargo, en las últimas semanas se agregó el de “Delta”, sin que muchos sepan a qué se refiere.

Porque ‘delta’ para todos, es un término relacionado a la geografía; sitio donde un río se encuentra con un mar.

También se lo suele utilizar en las ciencias y matemáticas, refiriendo a una brecha o diferencia (se suele decir que existe el delta entre 2 valores).

En el caso sanitario de esta pandemia se aluide a una variante altamente contagiosa del virus SARS-CoV-2. Afecta a las poblaciones no vacunadas en todo el mundo.

Es más contagiosa que otras y puede provocar cuadros más graves de Covid-19. La conclusión de los expertos es que solo puede enfrentársela a través de la vacunación. Ello significa que los países con más vacunas pueden enfrentar los riesgos de ella mejor posicionados. Por el contrario, las naciones con menos vacunados, se arriesgan a que la Delta avance de manera descontrolada.

De allí que este delta entre ricos y pobres es el resultado de la cruel maniobra que las potencias (y laboratorios) occidentales imponen en el reparto de las vacunas. Existe una clara posición dominante y la imposición de un cruel “apartheid” de vacunas.

El tema es que mientras existan naciones sin vacunaciones, el riesgo desde ella se expande a todo el mundo. Es decir que nadie estará seguro, mientras el coronavirus siga avanzando. Una nueva falla de las potencias occidentales, que creen que vacunándose solo ellas, se salvarán todos (ellos).

Está claro que las vacunas están concentradas en los países de mayores ingresos. Frente a ello, la respuesta debe ser la organización en base a la solidaridad; a la colaboración abierta para desarrollar tecnologías de producción de vacunas; a compartir recursos en cuanto a regulación y capacidad de fabricación; a fijación de precios justos; a acelerar la producción; a trabajar diplomáticamente denunciando el monopolio de dosis por parte de las potencias occidentales.

En esta última tarea, a ser claros y contundentes: el monopolio de las patentes es impuesto por las grandes corporaciones farmacéuticas multinacionales, con el apoyo de sus gobiernos y el apoyo de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

El mundo necesita de 10.000 millones de dosis para que todo el mundo esté vacunado. Los líderes de los países del G-7 –propagandísticamente- informaron al mundo que donarían 1.000 millones de dosis. Una cifra totalmente engañosa; lo máximo que llegará ha afirmado una firma relacionada justamente con los poderosos (la agencia de noticias Bloomberg), indicó que solo llegarían a los 600 millones de dosis.

Pero el tema está en que esa donación recién llegará a los países pobres a fin del 2021 e inicios del 2022; mientras tanto la situación se agravará. En la última semana de junio el promedio de muertes diarias en todo el mundo estuvo en 15.000 personas. Por lo que un mes, o una semana de tardanza en vacunaciones constituye sumar cientos de miles de víctimas fatales.

Ese retraso, provocado por las maniobras de las potencias occidentales constituye un verdadero crimen masivo sobre los países más pobres.

India y Sudáfrica propusieron en octubre de 2020, la suspensión (temporaria) de los derechos de propiedad intelectual de las vacunas contra el coronavirus. Publicitariamente, el mandatario Joseph Biden anunció en mayo 2021 que respaldaba la propuesta sobre la exención de las patentes.

El tema está en que para que esa suspensión se produzca, se necesita la aprobación unánime de los 164 países miembros de la OMC (Organización Mundial de Comercio). La cuestión es que dicha organización recién se reunirá a inicios de diciembre de 2021...

Se asiste a una pandemia, por lo cual –estando en tiempos de paz-, el desarrollo y distribución de vacunas debería constituir una iniciativa internacional coordinada por la Organización Mundial de la Salud.

Lo concreto está en que las muertes avanzan; las mutaciones también. Así miles de millones de habitantes de todo el mundo –y particularmente de los países pobres o empobrecidos-, dependen que se reúna la OMC; que las potencias donen vacunas; que se pueda romper el apartheid; que EEUU (y sus aliados) se dignen a levantar las sanciones y bloqueos sobre Cuba, Venezuela, Irán y Siria.