Lun. 15. Jul 2024, Santa Fe - Argentina
Opinión

ZONA DE LIBRE COMERCIO (Jorge A. Molinari)

ZONA DE LIBRE COMERCIO (Jorge A. Molinari)

MONTEVIDEO-URUGUAY  (por Jorge Aniceto Molinari)  (Abordando eso gris, que parece la teoría).

Creo ser consciente, me estoy metiendo no en una zona de libre comercio, sino en una zona tabú particularmente en la izquierda, me atrevo a decir que en el mundo.

Como a partir de 1924, la derrota concreta pero no ideológica de Lenin cambió las coordenadas del razonamiento de la izquierda, hablar de libre comercio es hablar de desarrollo capitalista, en tanto a partir del triunfo de Stalin, las estatizaciones y el control del Estado pareció ser la única interpretación aceptable de la concreción de los principios que guiaron la revolución socialista rusa de 1917.

Con el agregado que los dos principales dirigentes después de Lenin: Trotsky y Bujarin - este tomado como ideólogo por Stalin y luego asesinado-, nunca llegaron a reconocer la importancia que Lenin daba al rol del Estado, estableciendo a su vez los límites y peligros que estatizar tenía frente al desarrollo de la economía a escala global.

Además en los distintos Estados sus burocracias, asociadas a aparatos capitalistas, más o menos locales, utilizaban los valores de las distintas nacionalidades para exacerbar los nacionalismos y los aparatos correspondientes.

Con suertes distintas en función de la capacidad de la economía capitalista para desarrollarse y porque además las conquistas de la sociedad organizada, en sindicatos, partidos, iglesias, etc. imponía reivindicaciones sociales particularmente en la salud, la educación, el salario, la vivienda, la seguridad social.

Sin embargo el modo de producción capitalista en su desarrollo, rompía barreras nacionales y fijaba nuevas condiciones en el plano global, Lenin esto ya lo analizaba en su texto, “El imperialismo fase superior del capitalismo” en 1916.

Producto de esto es que el Reino Unido pierde su capacidad de ser centro del capitalismo y del libre comercio mundial, a manos de EE.UU. tendencia que se acentúa a la salida de la segunda guerra mundial.

Con una particularidad, -que seguramente va a estallar en estos tiempos- maneja su moneda el dólar como la de los negocios en el mundo, asegurándose que los demás países tengan su propio valor monetario, contra la opinión de Lord Keynes de que se debería ir a una moneda única y universal.

Para gentes corta de entendederas este pareció ser el final de los tiempos. Pero el topo de la historia, en este caso el topo del libre comercio, con la saturación interna en EE.UU. comenzó a hacer su trabajo de libre comercio y a propiciar un desarrollo de su expansión en el mundo que no reconoce ideologías o prejuicios burgueses.

Lenin en 1917, no tenía una base para poder desarrollar la economía soviética vinculada al libre comercio en el mundo. Es más su máxima aspiración en esos tiempos era tener un capitalismo de Estado que respetara y desarrollara los derechos de las masas, entre ellos la independencia de los sindicatos.

La burocracia que accedió al poder no esperó del accionar político ideológico de las enseñanzas de los maestros, para influir con la revolución en el mundo, sino que con la colectivización forzosa y la eliminación de los cuadros revolucionarios hicieron la “hazaña” de la acumulación primitiva del capitalismo, para convertir a la URSS en potencia.

Aún hoy los stalinistas, y los que razonan en esto andariveles, siguen sosteniendo que este era el único camino posible, sustituir la acción política por la acción administrativa.

Sin embargo el topo del libre comercio y de la revolución socialista nunca corren por carriles diferentes, sino más bien convergentes.

El libre comercio dio por tierra con los derechos feudales y la revolución francesa fue el inicio de un proceso de desarrollo del capitalismo que tampoco reconoce fronteras burocráticas nacionales.

En lo que Lenin fue transitoriamente derrotado, en asociar la revolución al desarrollo global de la economía hoy lo están logrando los Partidos Comunistas, chino, vietnamita entre otros, en una etapa crucial del desarrollo capitalista en que la predominancia de este modo de producción necesita morir en paz, para dar paso a una planificación mundial de la economía en beneficio de las masas.

Ahora cuando hablamos de planificación mundial, hablamos de una planificación no burocrática sino asociada al libre comercio mundial, con instituciones en que se analice, se estudie y se determine cada paso a dar en beneficio de la humanidad.

¿Se está pensando en esto? Si lo vamos a pensar en un programa que pueda dar respuesta a esta problemática diríamos que no. ¿Pero cuanto falta para que ello suceda?

Las burocracias capitalistas de los Estados centros otrora imperialistas, están jugando con fuego. A la crisis del capitalismo acentuada por la pandemia han respondido con políticas de apoyo social –totalmente compartibles y necesarias- pero financiadas con una emisión monetaria sin ningún tipo de respaldo que pretende descargar la crisis sobre el resto de la humanidad.

Y lo lógico es que la humanidad responda a este ataque, -que como los créditos de guerra votados por la socialdemocracia europea antes de la segunda guerra mundial hoy tampoco son denunciados por los partidos de izquierda en esos países y en el mundo- y no llegan a comprender la importancia de la zona de libre comercio mundial que hoy comanda China y su entorno.

A nivel de cada país los líos ideológicos pueden llegar a ser mayúsculos, pero para los que no tienen frenos ideológicos, pueden llegar a ser muy simple el comprender los beneficios que este comercio significa para cada uno de sus países, más allá de que en China gobierne el Partido Comunista.

Y además porque el fin de esta historia es cuando todo el mundo sea una zona de libre comercio, con una medida monetaria única y universal, y obteniendo los recursos presupuestales para atender la salud, la educación, la vivienda, el trabajo, la previsión social de todos los seres humanos, con un sistema impositivo basado en la circulación del dinero, haciendo ilegal toda operación que no esté debidamente registrada donde la sociedad democráticamente lo determine, dando muerte a los paraísos fiscales y a todas las lacras sociales que estos alimentan, así como a los impuestos al consumo, los salarios y las pensiones.