Lun. 25. Mar 2019, Santa Fe - Argentina
Editorial

TIMERMAN Y EL ODIO DE CLASE

TIMERMAN Y EL ODIO DE CLASE

No es el primer caso; ni será el último...

SANTA FE-ARGENTINA  (por Esteban D’Arret)  La muerte de Héctor Timerman deja en claro lo que significa el odio de clase. Su impedimento a tratarse del cáncer, ha sido lo mismo que escribir en 1952 “viva el cáncer”. O impedir que el exiliado Héctor J. Cámpora pudiera tratarse –también- de cáncel, y “autorizarle” el tratamiento cuando ya la situación era irreversible.

Es hablar de diálogo y democracia e imponerles a las mayorías populares hambre, desempleo, incertidumbre, represión pretendiéndole dar clases de “unidad nacional” usando el latiguillo clarinetista de “la grieta”.

Inclusive desde las propias entidades que se consideran exclusivas representantes de la comunidad judía argentina, lo acusaron, lo abandonaron y lo vilipendiaron. Si hubiera sido otro dirigente de “sus riñones” e intereses, de seguro que esas mismas entidades habrían salido a recorrer todos los medios de prensa denunciando “antisemitismo” y “antijudaísmo”.

A Timerman no le perdonaron su encolumnamiento con un proyecto nacional y popular. Lo mismo que a Milagro Sala. Que tiene su contraparte en la lamentable Margarita Barrientos, servil del macrismo. De allí que Sala es perseguida, y Barrientos mostrada como “una luchadora” (¿?). Eso es odio de clase.

Timerman sufría de cáncer de hígado. No caminaba; casi no hablaba; fue víctima del odio de Cambiemos. Porque si el macrismo está a la cabeza de dicha alianza, es acompañado por la comparsa derechista y neoliberal del radicalismo “en liquidación” (y oferta) y de gruspúzculos menores de la política nacional.

Todos unidos en el odio de clase. Hundiendo el país, y algunos mismos hundiéndose, pero mostrando todo su desprecio humano.

A Timerman no le perdonaron que haya contradicho a la CIA, el Mossad y a las organizaciones de la comunidad judía del país y el exterior, buscando (a través del Memorándum con Irán), destrabar la causa Amia y arribar al descubrimiento de sus responsables (ejecutores e ideólogos).

Timerman avanzó en aplicar un Memorándum discutido, votado y aprobado por el Congreso Nacional. No hizo absolutamente nada contrario a la ley y a derecho.

Cambiemos y particularmente el cuestionadísimo fiscal Alberto Nisman, fueron sus grandes acusadores. Extendiendo ello hacia la presidenta Cristina Fernández. Sus acusadores le endigalbana –a ambos- haber sido encubridores, pues (afirmaban), el tratado favorecía a sospechosos iraníes.

En una maniobra donde los medios hegemónicos cumplieron su papel de pasquines que avergüenzan a cualquier tipo de prensa. Una maniobra que –decían- benefiaba a “los terroristas” de Irán, pero donde los supuestos beneficiados… (el gobierno iraní) se negó a ratificar dicho Memorándum (¡)

Un Memorándum que… nunca entró en vigencia. No pudo avanzar ante la no firma de la contraparte. Por lo que el mismo no tuvo ningún efecto jurídico (¡). La maniobra de Amia y Daia ha sido lamentable; posiblemente porque dejó al descubierto que tienen otros intereses de los que públicamente no se habla. De allí que buscaran que Timerman fuera considerado un “traidor”.

Pero… era una maniobra-mensaje para considerarlo “traidor” a Argentina, o a los intereses de la CIA-Mossad y compañía…?

Sabiendo su situación física, Timerman pidió declarar. Expuso cómo nació el Memorándum; que el mismo tuvo el apoyo de Interpol; que no se le otorgaba beneficio alguno a Irán; negó el invento de una supuesta “reunión secreta” (de Aleppo, Siria), con su par iraní (lo que en verdad no hubiera sido delito alguno).

Inclusive tras conocerse la burda acusación, Timerman fue respaldado por el secretario general de Interpol (el estadounidense) Ronaldo Noble: "la acusación contra Timerman es falsa", expuso.

Los medios poco y nada informaron que Timerman (a causa de su salud), declaró en su casa durante horas. Para lo cual se trasladó el juez. El gobierno de EEUU lo castigó cancelándole la visa (impidiéndole continuar con su tratamiento). Más tarde la Cámara Federal revocó la imputación (por “traición a la patria”), y las autoridades estadounidenses le permitieron continuar con el tratamiento. Pero el daño ya estaba hecho; había perdido un tiempo irrecuperable en su lucha contra las células canecerígenas.

Para los memoriosos, el poder washingtoniano jamás le perdonó que por su orden las autoridades argentinas hayan detenido un avión USA, donde traían al país material bélico (de seguridad y de espionaje) que no había sido previamente declarado ante las autoridades argentinas. Cuestión de soberanía...

Timerman era peronista; lo demostró en su gestión defendiendo en todos los estrados los intereses del país, según los lineamientos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Sin lugar a dudas lo que jamás le perdonaron sus perseguidores y quienes aceleraron su muerte es que haya sido un judío peronista. Lo mismo hicieron los dictadores (1976-1983) ante el silencio de las principales organizaciones de la comunidad. Miles de militantes fueron torturados, encarcelados, perseguidos, asesinados y desaparecidos; un importante número de esos peronistas, eran de cultura, religión o costumbres judías.