Vie. 16. Nov 2018, Santa Fe - Argentina
Por el país

EL "DIÁLOGO" DE MACRI Y LAS PATRONALES

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Resulta difícil conversar con quién no acepta cambiar absolutamente nada...

SANTA FE-ARGENTINA  (Editorial PrensaMare)  El paro nacional ya se realizó y fue un éxito. O lo que otras palabras, se puede expresar como un rechazo a las actuales políticas del gobierno de Mauricio Macri.

Pero… y ahora, los sindicalistas, qué hacen?

Esa es una de las tantas preguntas que se realizan los trabajadores (y desde otros sectores), ante una clase dirigencial que en estos 3 años de gobierno macrista-radical, han sido (por acción, inacción, coincidencia, oportunismo, o torpeza) funcionales y “facilitadores” de todo lo que ha avanzado el gobierno en contra de los derechos de amplios sectores sociales.

Es cierto que se puede hablar de ciertos sindicalistas que no se han prestado a este juego de la “gobernabilidad” a costa del sacrificio y hambre de los “representados”, los jubilados y pensionados. Pero pareciera que esa minoría son, justamente, la excepción que confirma la regla.

Hubo un gran paro total de actividades y del transporte, donde algunos movilizaron. No pudo hacerse más, porque los sindicalistas ‘de peso’, no quisieron movilización alguna.

En un año que marcha hacia el 45% de inflación, no alcanza con un paro de 24 (o 36 horas). El sindicalismo debe ponerse a la cabeza de la protesta (y propuestas), y dentro de la democracia, generar las formas para que la irresponsabilidad y el sadismo de un grupúsculo gobernante, comprenda que se está mal, y marcha hacia situaciones aún peores.

Algunos sindicalistas se imaginan una apertura de paritarias (tardía por cierto), y negociar allí aumentos del 25 al 30%. Con lo cual estarán convalidando el actual saqueo.

Tengamos presentes que desde el gobierno, que se encuentra entregando el patrimonio nacional a diario, poco y nada le importa uno, dos o cuatro paros. Ellos prometen un éxito futuro, basados en el apoyo de las potencias occidentales. O lo que es lo mismo: curar una enfermedad que ellos provocaron, apelando a los remedios que recomiendan quienes son –porcierto- “los envenenadores” de las sociedades.

Porque por cierto, desde esas potencias occidentales no pueden aportar un solo ejemplor de “éxito” y mejoras de sociedades. O acaso son florecientes los últimos años (y actuales) de EEUU, Francia, Italia, España, Portugal, Irlanda, Suecia, Japón… Y ni qué hablar de quienes ya viene apelando a los remedios que les han ofrecido y/o impuesto como Portugal, Puerto Rico, Grecia, Chile, Perú, Egipto, Hungría, Panamá…

A los ciudadanos comunes, poco y nada le interesan las teorías económicas. Mucho menos cuando escucha a un presidente que durante tres años de gestión dice, y promete una cosa, y ocurre todo lo contrario. El ciudadano común sabe que su salario, o su changa, o su jubilación, le alcanza para cada vez menos. No tiene ya, por dónde achicar.

Escuchar que “el paro no ayuda”, como se ha expresado desde el oficialismo gobernante. O que los “periodistas independientes” analicen cuánto pierde el país por un día de paro, es una burla. De parte de los primeros es entendible, pues defienden un proyecto de destrucción de lo nacional y popular. Respecto a los segundos (y los que siendo trabajadores se han opuesta a la protesta), es una muestra palmaria del colonialismo cultural. Empleados que cobran sueldos (altísimos por cierto algunos “periodistas”) y que defienden alegremente la posición del dominador.

El paro no es un hecho que guste alegremente a alguien. Pero es una acción constitucionalmente protegida. No es “golpista” como pretenden sostener algunos trasnochados.

Es un derecho y forma democrática de protestar. Lo que en verdad es contrario al país es haberle abierto nuevamente la puerta al FMI, y aceptar sus condicionamientos, aún más ajustadores y hambreadores de lo que la “imaginación” de la sociedad PRO-UCR venían imponiendo desde diciembre de 2015.

Lo que no sirve es endeudar irresponsablemente al país con más deuda externa, para que se beneficie una clase poderosa usando la “bicicleta financiera” que ha instalado Mauricio Macri en el país.

Por cierto que el sindicalismo argentino está ante un desafío histórico. El gobierno no tiene marcha atrás; no lo piensa; y no le interesa. Por lo que debe ser el sindicalismo el que debe generar respuestas, buscando sumar cada vez más voluntades.

El propio Macri no da alternativa a un Plan B. Él afirma que “no hay otro camino”, para salir de la crisis. Sin embargo, aunque él no lo quiera reconocer, el ciudadano común en diciembre de 2015 estaba mejor que ahora.

De esta realidad se presume que vendrá una etapa de más confrontación. Pero ello solo podrá desmbocar en buen puerto, si el sindicalismo se une.

De lo contrario, establece un plan, participa de un Programa de Salvación Nacional, y comienza a caminar en ese sentido. Mantener las disputas personales, internas y/o sectoriales (dentro del sindicalismo), debilita al conjunto; le permitirá a algún sindicalista pícaro sacar cierta transitoria ventaja; pero solo se fortalecerá el proyecto macrista de destrucción.

Debe saberse que las patronales defienden este proyecto. Porque ellos son los grandes beneficiados. Gobierno y patrones hablan de diálogo social, pero en tanto y en cuanto absolutamente nada cambie. Ambos sectores tienen decidido que el plan de ajuste y hambre lo paguen pura y exclusivamente los trabajadores y los sectores populares. Ese es su diálogo...