Dom. 21. Abr 2019, Santa Fe - Argentina
Editorial

ESPAÑA Y SUS "AMISTADES PELIGROSAS"

ESPAÑA Y SUS

La clase dirigencial española y su política de Estado (exterior)...

SANTA FE-ARGENTINA  (por Rodolfo O. Gianfelici)  La prensa occidental gusta de transformase en (pretendida) fiscal de lo que el mundo dependiente realice. Es así que España, un país incondicionalmente alineado con la geopolítica anglosajona, hace décadas que intenta opinar y dar lecciones de “moral y buenas costumbres”, particularmente al mundo hispano-americano.

Se entiende. Su clase dirigencial continúa con sus ínfulas colonialistas, y se considera con capacidad, conducta y moral como para aleccionar a quienes fueron sus colonias. Un papel verdaderamente pobrísimo, donde los añorantes del criminal Francisco Franco, no han dudado en hablar de democracia, mientras eran los quintos proveedores de equipamiento militar a la dictadura cívico-militar argentina (1976-1983). Ello sin tener en cuenta que los mismos españoles y sus descendientes continúan queriendo justicia por los crímenes del franquismo y juzgamiento de la complicidad monárquica y de sus clases dirigenciales.

Pero sin intensión de realizar una revisión, que corresponderá a los españoles (y los familiares y descendientes de la víctimas del franquismo), bien podemos revisar una reciente situación, que debería haber generado repudios desde todos los sectores de la sociedad española… pero no sucedió.

El tema está referido a la reciente visita del monarca español, que, bajo la excusa de asistir al Gran Premio de Abu Dhabi de Fórmula 1, el exrey cazaelefantes Juan Carlos (foto), junto a la infanta Cristina se encontraron con el príncipe heredero Mohamed bin Salman.

Sí; con el mismísimo personaje que se hecho conocido en las últimas semanas pues se lo acusa –con probanzas suficientes- de ser el autor ideológico, el mentor, del salvaje crimen del espía-periodista Jamal Khashoggi.

Mientras desde Washington Donald Trump se niega a cuestionarlo, porque Arabia es buena compradora de armas estadounidenses, Juan Carlos se ha dado el gusto de mostrarse en público con el príncipe heredero.

Podrá intentar apelarse a diferentes “justificaciones”. Desde lo eminentemente “deportivo” de la ocación, a la noticia “cholula” de considerar a una Cristina “regresada” al clan monárquico; de una visita de carácter “turístico”, a un encuentro “casual”… Pero lo cierto que todo ello se cae por el propio peso político de la acción.

Lo cierto es que España necesita vender armas, comprar petróleo, y fundamentalmente hacer los deberes que indica Washington. Y para ello están Juan Carlos y Felipe VI

En medio de algunos chispazos de Trump con Angela Merkel y Emmanuel Macron, el poder político español no quiere aparecer discordante o presentando dudas. Él es washingtoniano, y a la orden

La amistad entre la monarquía española y la saudita ha sido edificada desde hace muchísimos años. Esta España de la sociedad de partidos “opuestos”, pero defendiendo juntos el neoliberalismo no puede darse el lujo de poner en juego exportaciones que superan anualmente los 2.000 millones de dólares. De allí el pragmatismo; el mismo de décadas pasadas, cuando le vendían armas a la criminal dictadura; el mismo de estrechas amistades con el régimen marroquí.

Mientras el mundo observa como occidente desangra a Yemen, es bueno tener en mente que España batió récord en la venta de armamento a Arabia Saudí, justamente el mismo año en que se lanzó el ataque sobre territorio yemenita.

Estas ventas a un país agresor y que produce un genocidio es una “cuestión de Estado”. Algunos le endilgaban la responsabilidad al derechista Mariano Rajoy. Pero él ya no está más. Hoy lo sucede el socialista (¿?) Pedro Sánchez. Y si tiempo atrás reinaba Juan Carlos, hoy lo hace su hijo Felipe.

Todo tiene que ver con todo. Tanto que el pasado 23 de octubre de 2018, la Comisión de Defensa del Congreso, decidió que continuaran vigentes los contratos con Arabia.

Socialistas y el Partido Popular, juntos, del brazo defendieron ello. Quienes se abstuvieron (Ciudadanos y nacionalistas vascos) fueron funcionales a los anteriores. Mientras que el resto –que pidieron el rechazo- deberán realizar muchas acciones a futuro como para demostrar que verdaderamente son opositores, y no simples participantes de un juego democrático, que los tiene como simples (y alegres) convidados de piedra.