Vie. 14. Ago 2020, Santa Fe - Argentina
Opinión

EEUU Y TRUMP SIGUEN UNA GUERRA SIN CUARTEL CONTRA AMÉRICA LATINA (por Diego Olivera Evia)

EEUU Y TRUMP SIGUEN UNA GUERRA SIN CUARTEL CONTRA AMÉRICA LATINA (por Diego Olivera Evia)

CARACAS-VENEZUELA  (por Diego Olivera Evia)  Además de los fracasos de EE UU y las resistencias de la izquierda, en los últimos meses han tenido lugar diferentes hechos que han demostrado que quienes pronosticaron la muerte de la izquierda en América Latina se equivocaban. Las protestas sociales en Ecuador contra los recortes sociales y las políticas neoliberales del gobierno de Lenin Moreno, la oportunidad de construir el Perú un nuevo Congreso que devuelva la soberanía y la voz al pueblo, el resurgir en Chile de un movimiento popular que exige cambios constitucionales.

Que terminen con las lacras del modelo económico neoliberal impuesto por la dictadura de Pinochet y sus mentores de la Escuela de Chicago, la derrota de Mauricio Macri en las elecciones presidenciales y la llegada de Alberto Fernández a la presidencia en Argentina, o la victoria de Evo Morales en Bolivia, demuestran que la izquierda latinoamericana aún tiene amplios espacios de lucha y caminos por explorar en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.

En cada país de América Latina la izquierda tiene su propio contexto y circunstancia. También sus propios objetivos. En algunos casos, como el chileno, necesita transformar el levantamiento popular en una fuerza política con capacidad de afrontar las brechas que la Concertación dejó abiertas frente a la dictadura; en otros, como en Ecuador, el reto es construir alternativas que eviten la reversión de las políticas de redistribución soberana de la riqueza; en Argentina, queda pendiente culminar la regeneración económica impulsada por el kirchnerismo, adaptando las políticas a las necesidades del país sin que sea el pueblo quien pague la factura; y en Venezuela o Bolivia, resistir los ataques directos a su legitimidad democrática.

El sueño de la emancipación humana, de la libertad, la igualdad y la fraternidad, de la paz, la justicia y la igualdad siguen vivos en América Latina

La izquierda latinoamericana mantiene un horizonte de desafíos que tienen que ver con los conflictos vigentes en la región, pero también con los que atañen al mundo en su conjunto. Frente a quienes pronosticaban que el capitalismo acabaría poniendo punto final a la historia, las políticas neoliberales han hecho rebrotar sus efectos: pobreza y miseria, desigualdad y precariedad, violencia y represión… Y mientras broten estas malas hierbas habrá una izquierda luchando por un mundo más justo y una vida mejor. Es importante saber que, pese al fracaso de estas profecías, el poder económico y financiero global, las grandes corporaciones y las oligarquías, cobijadas en el parapeto del imperio estadounidense, seguirán su guerra contra todo lo que les resulte molesto o zancadillee su espíritu totalizante.

La guerra contra la izquierda a nivel mundial ha sido inmisericorde. Una guerra sin cuartel librada a través de las armas y las bombas, pero también de la cultura, la política y la economía, hasta el punto de conseguir que parte de la humanidad asuma el neoliberalismo y el mercado capitalista como única alternativa civilizatoria. A diferencia de Europa, donde la socialdemocracia se entregó a las mieles del bienestar con la premisa de que siempre es mejor conformarse con los tenues avances sociales que se podían recoger en las grietas que deja el liberalismo, en América Latina quedan muchas alamedas por abrir.

Los retos de la izquierda latinoamericana son los retos de la izquierda mundial. El sueño de la emancipación humana, de la libertad, la igualdad y la fraternidad, de la paz, la justicia y la igualdad siguen vivos en América Latina. La guerra será durísima, y el bombardeo no cesará: gobiernos, ejércitos, servicios de inteligencia, grandes corporaciones, medios de comunicación, libros de texto, profesores universitarios, economistas y expertos de toda índole, artistas, organismos internacionales…Todos harán su parte del trabajo en el engranaje global contra la izquierda. Pero que nadie se despiste: se librará la batalla.

La crisis y la muerte son parte de la Pandemia

Pandemias hubo muchas en la historia, comenzando por la peste negra en la Edad Media y pasando por las enfermedades que vinieron de Europa y arrasaron con la población autóctona en América en tiempos de la conquista. Se estima que, entre la gripe, el sarampión y el tifus murieron entre 30 y 90 millones de personas. Más recientemente, todos evocan la gripe española (1918-1919), la gripe asiática (1957), la gripe de Hong Kong (1968), el VIH / sida (desde la década de 1980), la gripe porcina AH1N1 (2009), el SARS (2002), el ébola (2014), el MERS (coronavirus, 2015) y ahora el Covid-19.

Sin embargo, nunca vivimos en estado de cuarentena global, nunca pensamos que sería tan veloz la instalación de un Estado de excepción transitorio, un Leviatán sanitario, por la vía de los Estados nacionales. En la actualidad, casi un tercio de la humanidad se halla en situación de confinamiento obligatorio. Por un lado, se cierran fronteras externas, se instalan controles internos, se expande el paradigma de la seguridad y el control, se exige el aislamiento y el distanciamiento social. Por otro lado, aquellos que hasta ayer defendían políticas de reducción del Estado hoy rearman su discurso en torno de la necesaria intervención estatal, se maldicen los programas de austeridad que golpearon de lleno la salud pública, incluso en los países del Norte global...

Resulta difícil pensar que el mundo anterior a este año de la gran pandemia fuera un mundo «sólido», en términos de sistema económico y social. El coronavirus nos arroja al gran ruedo en el cual importan sobre todo los grandes debates socieales: cómo pensar la sociedad de aquí en más, cómo salir de la crisis, qué Estado necesitamos para ello; en fin, por si fuera poco, se trata de pensar el futuro civilizatorio al borde del colapso sistémico.

Quisiera en este artículo contribuir a estos grandes debates, con una reflexión que propone avanzar de modo precario en algunas lecciones que nos ofrece la gran pandemia y bosquejar alguna hipótesis acerca del escenario futuro posible.

Los pobres en los Estados Unidos están siendo los más afectados por la pandemia de COVID-19 y el Gobierno debe tomar urgentemente medidas adicionales para evitar que decenas de millones de estadounidenses de clase media se vean sumidos en la pobreza, asegura un experto de la ONU en derechos humanos.

"Las personas en situación de pobreza y de bajos ingresos enfrentan riesgos mucho mayores por el coronavirus debido a la negligencia crónica y la discriminación, y una respuesta federal confusa y orientada hacia las empresas que les ha fallado", expresó en un comunicado Philip Alston, relator especial de la ONU sobre la pobreza extrema y los derechos humanos, quien realizó una visita de investigación a los Estados Unidos en 2017.

Según Alston, con despidos récord, una red de protección social débil, y el Gobierno enfocándose principalmente en las empresas y los ricos, partes importantes del país pronto se enfrentarán la indigencia a menos que el Congreso tome medidas de largo alcance.

Más de 22 millones de personas solicitaron desempleo en un período de cuatro semanas, y los economistas de la Reserva Federal proyectan hasta 47 millones de empleos perdidos para el verano. Según los informes, casi un tercio de los inquilinos estadounidenses no pagaron el alquiler a tiempo en abril y el uso del banco de alimentos se está disparando.