Vie. 27. Nov 2020, Santa Fe - Argentina
Opinión

LA CRISIS SOCIAL HUMANA... (por Diego O. Evia)

LA CRISIS SOCIAL HUMANA... (por Diego O. Evia)

CARACAS-VENEZUELA  (por Diego Olivera EviaLa crisis social humana de la pandemia en un mundo en crisis.

La violencia de las elecciones de EEUU demostró las mentiras de Trump

La pandemia actual está afectando seriamente la desigualdad social, la distribución de recursos en el largo plazo y la igualdad de oportunidades en numerosas dimensiones. Aquí pondremos el foco en uno de los canales de transmisión más importantes de dichos efectos en el largo plazo: la transmisión intergeneracional de la desigualdad. Este artículo resume brevemente la literatura disponible que evidencia cómo los recursos que poseen los progenitores afectan los logros que alcanzan sus hijos. La investigación tendrá el objetivo de evaluar en qué dimensiones la pandemia amplificará las desigualdades prexistentes en la sociedad.

En una primera instancia, la interrelación entre la educación, el nivel de ingresos y la salud terminará por delimitar el impacto del COVID-19 sobre las generaciones futuras. Deberán diseñarse estrategias adecuadas, con vistas tanto en el tiempo presente como en el futuro próximo, para controlar la propagación y salvar vidas, así como prevenir una crisis social en el largo plazo mediante la protección de los intereses de las familias más vulnerables.

La distribución de recursos en el largo plazo y la igualdad de oportunidades, siendo ambas tan sólo algunas de las repercusiones de la pandemia, se presentan como grandes desafíos a enfrentar en diversos aspectos. Una de las consecuencias más severas de la situación actual es la intensificación de las desigualdades tanto económicas como sociales, la cual es, a la vez, un resultado de las estrategias de contención que los gobiernos se han visto forzados a adoptar en el contexto actual. Aquí pondremos el foco en uno de los canales de transmisión más importantes de dichos efectos en el largo plazo, siendo este la transmisión intergeneracional de la desigualdad.

Dado que es la primera vez que el mundo se enfrenta a circunstancias de este tipo, lograr una predicción certera basándonos en experiencias previas se vuelve una tarea casi imposible. Sin embargo, repasar la literatura existente, en particular aquella que evidencia cómo los recursos que poseen los progenitores afectan los logros que alcanzan sus hijos, podría ser de gran ayuda para la formación de estas predicciones, así como lo será el evaluar y contemplar todos los aspectos en los que la pandemia termina por magnificar desigualdades preexistentes. 

El primer canal de incidencia, y probablemente el más obvio, es el de las pérdidas educativas directamente asociadas con el cierre de las escuelas. Hacia el 23 de abril de este año, unos 189 países habían decretado el cierre de establecimientos educativos a nivel nacional, una situación que terminó por afectar la formación de más de mil quinientos millones de estudiantes alrededor del mundo. Numerosas investigaciones han demostrado que la reducción de horas de estudio empobrece el desempeño académico.

Estimaciones recientes en EE. UU muestran que las pérdidas agregadas del retorno individual de ingresos potenciales futuros representan un 12,7 % del PBI. De acuerdo con los resultados hallados en investigaciones que miden la disparidad educacional existente luego de las vacaciones de verano, esta situación extraordinaria probablemente afecte de manera particular a los niños en condiciones más desfavorecidas. Estos cuentan con menores oportunidades educativas fuera de las escuelas ya que sus padres no poseen un nivel de preparación adecuado para apoyarlos a continuar su proceso de formación dentro de sus hogares. 

Sumado a esto, la capacidad de las escuelas de proveer herramientas que faciliten el aprendizaje desde casa es ampliamente disparejo y depende de la disponibilidad de recursos que éstas posean, así como del nivel de gasto público destinado a educación, la disponibilidad de computadoras y el acceso a internet.

En particular, la inclusión digital en zonas rurales se caracteriza por ser insuficiente y los mismos maestros posiblemente no cuenten con una cobertura de red que les permita distribuir material educativo a sus alumnos.  Mientras tanto, aquellos padres que alcanzaron mayores niveles de formación académica podrán, en la mayoría de los casos, ayudar y acompañar a sus hijos mientras estos siguen su proceso educativo desde casa.  No sólo eso, sino que también serán capaces de cumplir el rol de formadores y potenciar las habilidades de estos niños, ya que la atención será totalmente personalizada.

Otro posible canal de transmisión es la pérdida de empleo de los padres. Los shocks de oferta y demanda causados por la pandemia y las medidas de aislamiento han forzado al cierre de actividades de numerosas empresas. Mientras que la mayoría de los trabajadores calificados pueden continuar con sus tareas de manera remota, aquellos que no se encuentran calificados o se dedican a trabajos manuales probablemente perdieron sus puestos. Estimaciones actuales muestran que se dio una reducción total de horas trabajadas del 10,5% debido a la pandemia, afectando alrededor de 436 millones de empresas a nivel mundial. 

Los trabajadores del sector informal se encuentran incluso más vulnerables en las presentes circunstancias debido a que pierden casi la totalidad de sus ingresos si no son capaces de cumplir con sus tareas; se estima que sus ganancias han caído en hasta cifras del 81%.

En consecuencia, las familias que se hallan en el escalafón base de la distribución de ingresos están atravesando circunstancias alarmantes, dada la reducción de los recursos económicos con los que cuentan y el grado de incertidumbre con el que enfrentan en su día a día. Estos shocks de naturaleza negativa tendrán un impacto profundo en las generaciones venideras, particularmente en aquellos países en los que la educación implica desembolsos económicos considerables por parte de los individuos; esto incluye tanto lugares en donde el valor de las cuotas es elevado como allí donde las disparidades entre escuelas públicas y privadas son notorias. Adicionalmente, la pérdida de empleo por parte del jefe de hogar aumenta, según estudios recientes, el grado de participación dentro del mercado laboral por parte del resto de los integrantes de dicha unidad, mejor conocido como el efecto del trabajador adicional. Esto podría llevar a que adolescentes abandonen sus estudios tempranamente para entrar cuanto antes al mercado de trabajo.

La salud es otro de los canales de incidencia de la pandemia que afecta el grado de transmisión intergeneracional del capital humano y que tiene posibles repercusiones en el largo plazo. A pesar de que, bajo circunstancias similares, la posibilidad de infección no depende de características individuales de las personas, la probabilidad de supervivencia una vez contagiado el virus se ve afectada por la edad y la presencia de patologías previas en los pacientes.

La tasa de mortalidad también podría variar según grupo socioeconómico, dependiendo del alcance y calidad del sistema de salud con el que cuente el país en cuestión. Adicionalmente, la probabilidad de contagio depende de la capacidad del individuo de llevar a cabo un aislamiento ideal y de sus posibilidades de reducción del contacto humano. Esto será viable en la medida en la que los individuos puedan trabajar a distancia, pero no será el caso de muchos puestos de trabajo ni el de familias que conviven con varias generaciones bajo un mismo techo.

Las medidas de cuarentena y el cierre de escuelas además pueden tener un impacto dramático en las desigualdades sanitarias y alimenticias, especialmente en los niños. Para muchos de ellos, las escuelas u otras instituciones educativas son su medio de acceso a una alimentación más balanceada y a servicios de salud. 

El cierre prolongado de escuelas y el confinamiento social pueden tener, por ende, un impacto contraproducente en la salud de los niños, llevando a casos de obesidad debido a la falta de actividad física, patrones de sueño irregulares y dietas menos nutritivas.

Debate presidencial de Biden y Trump una crisis de mentiras

Si los debates entre los aspirantes a la presidencia (o a los que aspiren retenerla) tienen como fin proporcionar información para los votantes, podría decirse que el primer encuentro entre Trump y Biden fracasó rotundamente. Así también lo reflejaron las encuestas, solo un 17% de los encuestados por la cadena CBS decía sentirse “informado” tras verlo, frente a un 69% de “irritados”.

Cualquier persona que siga más o menos de cerca la campaña electoral de los Estados Unidos y que haya visto el debate presidencial entre el candidato por el Partido Demócrata de 77 años, Joe Biden y el actual presidente de los Estados Unidos y candidato por el Partido Republicano de 74 años, Donald Trump, se habrá dado cuenta que el duelo televisado, lejos de ser un punto de inflexión o un giro brusco en la campaña electoral, se transformó en un eslabón más de la que viene siendo una de las campañas electorales norteamericanas más polarizadas y encendidas de la historia.

Por su parte, la reiterada mención a “las calles” en el debate presidencial terminaron de dejar en evidencia, por si quedaba alguna duda, que la campaña electoral y los comicios están atravesados y se realizan en un escenario donde la calle es un terreno en disputa y a la sombra de un imponente movimiento de masas, encabezado por la juventud, contra el racismo y la violencia policial, combinado con la crisis social y económica profundizada por el coronavirus. Por su lado, la expresión en las calles y la radicalización de grupos de extrema derecha también se hizo presente en la noche del martes en Ohio, "Proud Boys, retrocedan y estén alerta" exclamaba Trump luego de que lo presionaran para que condene a las milicias de supremacistas blancos.

Las estrategias electorales del tropismo concentradas en la extrema polarización, los intentos de disuadir los votos que podrían ir para el enemigo y la voluntad de Biden de ubicarse en el extremo centro como aquel que todo lo abarca y contiene, se consolidaron y cristalizaron durante el debate, aunque no sin mostrar sus contradicciones.

Ambos partidos, tanto el Demócrata como el Republicano, representan un callejón sin salida para resolver los problemas estructurales del capitalismo. Más de un millón de muertes producidas por el COVID-19, incendios forestales de gran magnitud en diferentes partes del mundo, el aumento exponencial de la miseria y el padecimiento de las masas que aumenta día tras días mientras un puñado de empresarios y magnates se enriquece sumado a la falta de perspectivas de la juventud en un futuro bueno para sus vidas.

Nada de eso puede ser solucionado por Trump ni Biden, ellos responden a otros intereses.

Las consecuencias a largo plazo del desfasaje entre el “palacio” y las “calles”, o dicho de otra forma, entre cómo se expresan en la superestructura política los intereses de las grandes mayorías trabajadoras, sectores populares, jóvenes y negros que tomaron las calles, aún se desconocen. Las elecciones, sin duda alguna, le ofrecen a la clase dominante una gran oportunidad para sacar a las masas de las calles y llevarlas a las urnas, con la ilusión de que un gobierno demócrata pueda resolver pacíficamente y por la vía reformista algunas de las demandas. La historia dirá si este viejo artificio de la gran burguesía es suficiente para un desvío total.

Lo que sí es seguro, es que para pelear por esa perspectiva y contra el avance de la extrema derecha, es necesario poner en pie un tercer partido que no esté atado de pies y manos para defender los intereses de la clase obrera, la juventud, los sectores populares y las mujeres. Se reafirma de esta forma la necesidad de poner en pie un partido socialista revolucionario en el corazón del imperialismo norteamericano. En esa pelea están los y las compañeras que impulsan Left Voice.