Jue. 22. Oct 2020, Santa Fe - Argentina
Opinión

EL FLORENCE, TRUMP Y LA REALIDAD DE EEUU

EL FLORENCE, TRUMP Y LA REALIDAD DE EEUU

Millones de estadounidenses soportan la indiferencia de sus autoridades...

CIUDAD DE MÉXICO-MÉXICO  (por Anna Facetti)  Recientemente y tras el paso del huracán Florence, los periodistas Amy Goodman y Denis Moynihan, de Democracy Now, publicaron un interesante artículo planteando la realidad. Allí exponen situaciones que los medios de todo el mundo han evitado mostrar, y ni siquiera referir, sobre la realidad social estadounidense, que ese fenómeno natural dejó expuesta.

Si no se conociera la honestidad intelectual de los autores, se podría pensar que solo se trataría de un ‘montaje’, tal como suelen hacer los “medios libres” e “independientes”, que se encargan de crear consciencia (¿?) sobre lo que ellos califican “regímenes” como (los gobiernos democráticos) de Nicaragua, Bolivia o Venezuela.

Lo concreto es que Goodman y Moynihan cuentan sobre las muertes de Windy Newton y Nicolette Green. Ambas quedaron  encerradas “en la parte trasera de una camioneta del sheriff en una zona rural de Carolina del Sur”. Eran dos pacientes de instituciones de salud mental, “de poco más de 40 años de edad”. Las trasladaban y la camioneta “quedó a la deriva y se inundó tras el paso del huracán Florence”. Quienes las trasladaban “lograron salir, pero las dos pacientes indefensas murieron ahogadas”.

También refieren a las palabras del reverendo William Barber quien denunció la existencia de “dos huracanes. El huracán de la pobreza y de la carencia de atención médica y de salarios dignos, que existía antes de la tormenta y, por otra parte, la tormenta. Y ahora todo lo que ya era difícil para la gente se ha exacerbado”.

Se trata de un religioso de Carolina Norte, que encontró el la lucha de Martin Luther King Jr., su ideario.

Frente a esta exposición de faltantes, debilidades, impericia, necesidades sociales, pobreza extrema, desinterés oficial y mentiras, los gobernantes se refugian afirmando que la inundación en Carolina del Norte y en Carolina del Sur es “un fenómeno que ocurre una vez cada mil años” (¿?). Esa “explicación” consideran que es la forma más real de autoliberarse responsabilidades.

Las autoridades dieron órdenes de evacuación obligatorias. Pero muchas personas, que son demasiado pobres para escapar, se quedaron en sus propios pobrísimos hogares. “Los reclusos permanecieron en sus celdas, abandonados por las autoridades estatales y locales que se negaron a reubicarlos”.

Para peor, “los estanques de cenizas de carbón y las fétidas lagunas de abono” se vieron desbordadas por el agua que todo cubrían. Así, terminaron ‘filtrando’ sus contenidos tóxicos hacia las aguas que cubrían “las inundadas calles de las comunidades cercanas, integradas mayormente por personas de color pobres”.

A todo ello, la estructura política del presidente Donald Trump llegó a la zona afectada para que se mostrara (ante los medios”, realizando una visita. Por supuesto que este recorrido fue “cuidadosamente” controlado. Así el presidente estuvo en los sitios mejor ordenados, y atendidos –siempre- “por personas blancas”.

Y tan como era de esperar él mismo se felicitó (¿?) por lo que hacía y las respuestas de su gobierno.

El citado pastor Barber continuó: “Trump viene de visita hoy, pero el impacto negativo de sus políticas ha visitado a los pobres y a la gente de bajos recursos mucho antes de que él llegara. Más de 4,7 millones de habitantes de Carolina del Norte son pobres. Antes de la tormenta, más de un millón de habitantes de Carolina del Norte no tenía acceso a la atención médica. Los condados que están siendo más afectados son los del Sector I y el Sector II. El Sector I es el condado más necesitado en términos de vivienda, atención a la salud y pobreza, y el Sector II está en el siguiente nivel”.

Agregando que “tierra adentro, donde viven principalmente los pobres, a lo largo de estos ríos, estas comunidades rurales están siendo devastadas”. Porque los niños no van a la escuela; en consecuencia no comen (lo hacen allí); Los que “trabajan por hora, que viven de la paga diaria, no pueden trabajar, por lo que no reciben dinero”. Citando que “ellos no pudieron evacuar, porque no tienen el dinero, no tienen auto, no tienen la capacidad. El presidente va a decir que va a enviar fondos federales”.

Estas aguas que inundan, también envenenan y contaminan. Porque desbordan los estanques a cielo abierto que contienen (cenizas de carbón de las centrales eléctricas ) “o lagunas de estiércol de granjas porcinas industriales, se libera un complejo fluido tóxico”. A ellos se agregan “otros elementos tóxicos de innumerables instalaciones químicas y de emplazamientos de desechos tóxicos, de los que hay muchos a lo largo de las dos Carolinas”.

Se han documentado filtraciones de cenizas de carbón en dos de las centrales eléctricas de carbón de Duke Energy (en Carolina del Norte), la central Sutton (cercana a Wilmington), y la planta H.F. Lee (cercana a Goldsboro), crcana a la Iglesia Cristiana Greenleaf del reverendo Barber. “La ceniza de carbón contiene una gran cantidad de metales pesados ​​que, de ser consumidos, pueden causar una serie de graves problemas de salud, como cáncer y defectos de nacimiento”.

Recurriendo a datos oficiales, el Departamento de Calidad Ambiental (de Carolina del Norte) “informó que al menos 21 lagunas de estiércol porcino se estaban desbordando y otras 83 estaban cercanas a desbordarse, lo que liberará torrentes de heces, orina, sangre y restos de cerdos hacia las aguas de inundación”; ello constituye un verdadero riesgo de infección para las poblaciones cercanas.

Mientras todo esto ocurre, debe tenerse en consideración que el presidente Trump, como la mayoría republicana en la Legislatura de Carolina del Norte… niega el cambio climático. Tanto es así que hace seis años se aprobó una ley que “prohíbe a las agencias estatales y locales tomar decisiones basadas en los más recientes descubrimientos de la ciencia climática sobre el aumento del nivel del mar”.

Es decir que el Estado debe estar ausente. Eso es lo que impone el neoliberalismo en todo el mundo, y también en EEUU.