Vie. 20. May 2022, Santa Fe - Argentina
Opinión

TEMA DJOKOVIC: VERGÜENZA POR DONDE SE LO MIRE

TEMA DJOKOVIC: VERGÜENZA POR DONDE SE LO MIRE

SANTA FE-ARGENTINA  (por Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare)  El famoso ‘tema Djokovic’, instalado por las grandes cadenas informativas occidentales y replicadas por los medios hegemónicos en cada país dependiente, ha sido un gran entretenimiento.

Pero no solo eso: Ha servido (una vez más) para marcar y demostrar de qué lado están parados ciertos sectores de poder ante temas de importancia. Si bien debemos aclarar que los de ‘importancia’ refiere al tema pandémico, no del tenista ni de Australia.

Ante este tema, es bueno realizar un estado de situación:

·         Novak Djokovic es considerado el tenista n° 1 del mundo

·         El Abierto de Australia abre la temporada

·         Djokovic es un anti-vacuna contra el Covid-19

·         Djokovic mantuvo actitudes irresponsables en plena pandemia organizando partidos

·         Djokovic ha tenido coronavirus y no se ha vacunado

·         Australia dictó normas claras respecto a quienes desean ingresar al país (tomando previsiones de contagios desde el exterior).

Lo cierto es que el tenista llegó al país buscando violentar, burlar o incumplir las normas vigentes. Porque...? Vaya uno a saberlo; posiblemente especulando con que es la máxima atracción mundial (del momento) en el tenis. Porque es respaldado por las cadenas informativas occidentales. Porque no le interesan las normas australianas. Porque entiende que su papel desempeñado en un mundo que protege a “los exitosos” le otorgaba suficiente poder como para hacer lo que se le ocurriera.

Puede que haya sido, uno a varias de las ‘justificaciones’ que enumeramos. Porque –debemos dejar en claro-, nadie puede pensar que Djokovic se “equivocó”, o fue “mal asesorado” o pecó “de inocente”...

Lo cierto que luego de varios días en que su caso ocupó exageradamente espacios en medios donde se hablaba de coronavirus, de derecho, y hasta de tenis, se llegó a la conclusión que debía marcharse de Australia. Debía ser deportado.

Lo decidió un Tribunal Federal que falló en su contra por unanimidad. Su último intento legal había sido un recurso para permanecer en el país y defender el título del Abierto que había ganado el año anterior.

Antes de subirse al avión que lo llevaría a Dubai, el tenista dijo sentirse "extremadamente decepcionado".

En dicha audiencia, la defensa de Djokovic afirmó que no existía “un sentimiento antivacunas" de parte del serbio. Lo cual se contradice con todo lo hecho por él durante meses (¡).

Y consideraron que cancelarle el visado fueron decisiones "erróneas" e "irracionales" (esto era lo que sostuvo el ministro de Migraciones, Alex Hawke). Argumentó que la presencia del tenista podía despertar "sentimientos antivacunas" en la población y "alterar el orden público", razones suficientes como para sacarle el permiso para estar en Australia (por segunda vez desde su llegada), y reclamaba que regresara a su reclusión en un centro de detención de inmigrantes (en Melbourne).

También sostuvo la defensa del tenista no vacunado contra el Covid-19 y se opuso públicamente a la inmunización obligatoria, que los argumentos del ministro dañarán a "un hombre de gran reputación" que tiene una "buena razón médica" para no ser vacunado.

Es bueno aclarar que Djokovic tuvo la posibilidad de aplicarse las dosis contra el coronavirus requeridas para ingresar a Australia, pero se negó. Un tenista (34 años) que ya antes que comenzaran a aplicarse vacunas en el mundo, se manifestó contrario a ellas.

Inclusive recordaron en la presentación ministerial, que en oportunidad de tener coronavirus y otorgar una entrevista presencial, Djokovic se sacó su barbijo. Lo cual –para qué ocultarlo- era una muestra clara de irresponsabilidad y de desinterés por el semejante.

Esta puesta en escena de parte de los poderes comunicacionales mundiales se produjo en medio que la variante Omicros (del coronavirus) avanza casi sin poder detenerse en todo el mundo.

Djokovic salió de España (el 5 de enero) rumbo a Melbourne; llevaba una exención médica por no estar vacunado (al haber estado contagiado en los últimos meses). Pero al arribar se encontró con una serie de interrogantes de parte de autoridades australianas.

Desde el sector del jugador y su familia hablaron de “persecución”, de “atentado” (¿?); pero –al parecer- esta gente no sabía que Australia aplicó una de las políticas más fuertes del mundo contra la pandemia. Tanto es así que cerró sus fronteras internacionales por más de 18 meses; permitiendo que ingresen extranjeros con la pauta completa de la vacuna (o con una exención médica para casos muy puntuales). El tema es que para este caso la exención de Djokovic no tenía valor alguno.

En medio de este montaje internacional, se llegaron a escuchar barbaridades de todo tipo; por ejemplo:

·         Que Djokovic es el n° 1... Y?

·         Que su presencia jerarquizaba el Abierto de Australia... Y?

·         Que es un referente mundial (¿?) y que debía tener otro trato...

·         Que las normas australianas son extremadamente duras sin justificación...

·         Que la salida de Djokovic del país pone en riesgo la credibilidad de Australia...

Lo cierto y concreto es que el tema fue exageradamente publicitado. Nadie desconoce la capacidad deportiva del tenista; el tema es que lo correcto es (y debería ser) que todos –más allá de su posición en la sociedad-, cumplan con las normas vigentes.

Desconozco cuales son los mecanismos que existen en Australia para este tipo de casos. Pero ha quedado la impresión que se extendió en demasía, solo y exclusivamente porque era Djokovic. Posiblemente si el protagonista de un hecho similar hibiera sido un “don nadie”, no hubiera durado demasiadas horas en suelo australiano...