Sab. 24. Oct 2020, Santa Fe - Argentina
Opinión

MÉDICOS DE ITALIA LOGRAN DESCIFRAR LA PANDEMIA

MÉDICOS DE ITALIA LOGRAN DESCIFRAR LA PANDEMIA

CARACAS-VENEZUELA  (por Diego Olivera Devia, Barómetro)  La realidad de la pandemia se transformó en una mentira desde enero, donde las naciones del mundo, apostaron a la aplicación de una nueva realidad, y los médicos italianos han encontrado la posibilidad de demostrar, que nos es un problema pulmonar y más del 9 por ciento de los contagiados por coronavirus son operadores sanitarios, que han logrado demostrar que el tema no pulmonar, sino problemas sanguíneos y no pulmonares, lo que demuestra que la Organización mundial  de la Salud (OMS), no logro una respuesta a la pandemia y a los efectos para alcanzar una salida coherente y la posibilidad de una nueva salida, como están logrando los médicos italianos en un posible para controlar esta crisis viral.

Bérgamo es el epicentro de la pandemia del coronavirus en Italia. Es la provincia con más infectados del país y la mayoría de ellos pasan por el hospital Papa Juan XXIII, donde trabaja el doctor Lorenzo Grazioli, médico especialista de la unidad de anestesia y reanimación cardioquirúrgica, que advierte que la enfermedad afecta “a personas sanas de 40 años”.

“Es muy conmovedor lo que está pasando, pero nosotros solos no podemos. Somos capaces de salvar a un cierto número de personas, pero la gente tiene que quedarse en casa para que no haya tantos contagiados, porque no sabemos cuánto podremos aguantar más. Con su comportamiento salvan vidas”.

En uno de sus escasos momentos de descanso de las últimas semanas, el doctor Grazioli atiende por teléfono a este diario para lanzar un mensaje a la población: sólo restringiendo al máximo los contactos personales se podrá salvar el sistema sanitario, que en Bérgamo está ya al borde de sus capacidades. Lo mismo ocurre en otras zonas de la región norteña de Lombardía, a la que pertenece esta rica provincia.

“El riesgo de colapso es verdadero. El único modo de que los hospitales sobrevivan es que las personas permanezcan en sus viviendas”, cuenta este médico de 41 años que confiesa que está afrontando la experiencia “más dura de su vida” y que espera “no tener que repetir nunca”.

Con 5.100 de los más de 47.000 contagiados del país, de los que 5.000 se han curado y 4.000 han fallecido, Bérgamo se ha convertido en la zona más golpeada por el coronavirus por encima de Brescia, Milán o Lodi. En esa última provincia fue donde surgió el foco inicial del coronavirus hace ya casi un mes, pero también donde antes se impusieron las restricciones a la movilidad de sus habitantes. Aquellas medidas han dado frutos y los contagios se han frenado.

“Tenemos ingresados a unos 450 pacientes con coronavirus. Hemos tenido que aumentar los puestos en la Uci y reconvertir otras áreas porque nos llegan cada día muchísimos enfermos. Es gente que está mal. El 20 por ciento de los infectados por coronavirus que ingresan necesitan que los pongamos en terapia intensiva, donde se pasan de media unos 10 días. Sólo se le hace la prueba a quien tiene síntomas, pero la cifra de contagiados debe ser mucho más grande. Eso amplia el número de personas que puedan infectar a otros”, advierte el doctor Grazioli.

“Es como un tiempo de guerra. Nuestra potencia de fuego podría aumentar con más medios materiales y personales. Necesitamos más respiradores y sistemas de protección individual para los sanitarios. Y también ayuda humana, pero no es fácil. Hemos contratado a los alumnos que estaban en el último año de especialización. Y hará falta contratar a más médicos, pero por desgracia es una enfermedad muy compleja y la terapia intensiva exige cierta experiencia”.

La extraordinaria preocupación del gobierno de Estados Unidos por los asuntos de seguridad interior no es un asunto nuevo, no es una idea que nace con el presidente Trump. Esta situación representa una política de estado, planificada concienzudamente unas seis décadas atrás. Un plan estratégico que se ha venido desarrollando desde aquella época y que ha servido para mantener a la nación norteamericana cohesionada y en la cúspide del poder mundial, hasta ahora.

Durante los años 60 un experto en temas nucleares, el famoso estratega norteamericano Herman Kahn, fundó el Instituto Hudson como "paraguas" para realizar un sinnúmero de estudios teóricos sobre una guerra total con la Unión Soviética, y recomendar formas para mejorar la supervivencia ante sus devastadoras consecuencias. Pero también realizó otros trabajos estratégicos sobre el futuro de Estados Unidos, más allá de un potencial conflicto nuclear.

El objetivo de los otros trabajos fue determinar, con una gran dosis de realismo, la naturaleza de los problemas y oportunidades que debería enfrentar Estados Unidos ante una futura situación de paz permanente - en el largo plazo -, y planificar una estrategia conducente a manejar esta situación. Algunas conclusiones de estos trabajos se conocieron a través de revelaciones de prensa en los años 60 y 70, donde se entregaba una visión muy acertada del pensamiento estratégico estadounidense.

La conclusión más importante de los estudios estratégicos fue que para mantener la cohesión social y la organización política de una nación tan compleja como Estados Unidos, era necesaria la existencia de un permanente conflicto o amenaza exterior. Se plantea así lo que se conocería como el "sistema de guerra", el cual permitía un gobierno estable de la sociedad norteamericana al crear una amenaza externa duradera, facilitando el manejo de la política interna del país.

La seguridad nacional ahora está en jaque - planteamiento estratégico constante de Donald Trump, con múltiples variables -, lo cual significa que los diversos intereses internos que compiten entre sí deben ser controlados, para garantizar la supervivencia nacional. De esta manera, se establece la vigilancia interior, el control sobre los inmigrantes, la legislación especial para "emergencias"; aparecen con fuerza el terrorismo doméstico, de características étnicas y xenófobas, y la nueva democracia protegida que se va instalando poco a poco, cuyas consecuencias son difíciles de predecir. Estados Unidos ya no va a la guerra, sino que permanece en guerra, fuera y dentro de sus fronteras. La soberanía nacional la necesita, la estructura social la pide y la potencia armamentista depende de ella.