Dom. 17. Oct 2021, Santa Fe - Argentina
Notas

TURQUÍA (EL AGUA) Y LA CRIMINALIDAD POLÍTICA

TURQUÍA (EL AGUA) Y LA CRIMINALIDAD POLÍTICA

MILANO-ITALIA  (por Alessio Maturo, PrensaMare)  La invasión de Turquía sobre territorio sirio es presentado como un (supuesto) derecho del invasor, para “defenderse” del pueblo kurdo.

Ocurre que los kurdos son un pubelo sin territorio propio (sin país), que se distribuye por diferentes países asiáticos, y que las autoridades turcas consideran el principalísimo enemigo.

Lo concreto es que tropas turcas se han instalado en el norte de Siria, al igual que tropas estadounidenses, y bandas terroristas (protegidas por potencias occidentales).

En lo que respecta a los turcos, han comenzado y aplican una criminal política reteniendo el flujo de agua desde el Éufrates a Siria. De esta forma le roban las aguas generando una crisis (de ella) en el norte y este del país. A ello se agrega que en el noreste de Siria siguen sufriendo escasez de agua, pues los ocupantes extranjeros y los mercenarios, no operan la estación de agua de Allouk cerca de la ciudad ocupada de Ras Al-Ayn; de esa forma está cortado el suministro de agua en Hasakah. Los afectados son alrededor de un millón de personas y provocando grandes daños a la agricultura.

Se trata de una actitud antihumana, que es acompañada y protegida por las potencias occidentales. Se trata de una acción contraria al derecho internacional. Se viola la Convención de las Naciones Unidas sobre los cursos de agua de 1997, que regulan el uso y la distribución. de agua por estados ribereños.

Esto ocurre con Turquía, Siria e Irak cuando se habla del río Éufrates y también del Tigris. Siria e Irak firmaron y ratificaron la Convención de las Naciones Unidas sobre los cursos de agua de 1997; Turquía no lo hizo.

Esta decisión turca busca causar daños significativos a Siria y sus habitantes. Pero también ello repercute directamente en la protección del medio ambiente.

Se trata de un arma de limpieza étnica contra Siria. Agricultores de la región siria de Al-Jazira han tenido que abandonar sus cultivos de trigo y algodón; se ha llevado a la muerte a su ganado. Por otra, hasta se han quedado sin electricidad, pues la corriente del río Éufrates llega a Siria sin caudal, sin fuerza y como un insignificante ‘hilo’ hídrico, que impide que las centrales hidroeléctricas sirias funcionen en su capacidad mínima de generación de energía.

El agua es esencial para la vida, como la energía eléctrica lo es para las actividades diarias de los habitantes. Se hace imposible llevar adelante una vida ‘algo’ normal, e inclusive no se puede tratar a los pacientes en los hospitales, la asistencia a clases escolares y a universidades y desarrollar actividades mínimas en pequeñas empresas. Inclusive han comenzado a aparecer enfermedades gastrointestinales en niños y adultos mayores.

Turquía apuesta por producir una catástrofe humana y económica, obligando a que la región sea desabitada por sus originarios ciudadanos sirios. La salida de los habitantes hacia otros sitios sirios va provocando presiones sobre la organización del país, en las mismas.

Impedir la disponibilidad de agua en plena pandemia de coronavirus constituye un acto criminal.

Mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda lavarse las manos con frecuencia y desinfectar sitios, superficies y objetos, Turquía lo impide; porque ello se hace con agua.

La actividad oficial llevada adelante por militares turcos se complementa con las actividades que desarrollan mercenarios de ese mismo país. Por ejemplo, ocupando la planta de agua siria de Allouk (en el noreste). Para tratar de subsanar esta situación dramática, el gobierno central sirio dispone desde hace meses el envío de agua potable suministrada en camiones; el tema es que las fuerzas ocupantes y los terroristas no dudan en atacarlos y robarse el agua de los camiones. Ello se agrega al robo sistemático de trigo, gasolina y otros recursos que es contrabandeado fronteras afuera, con lo que además obtienen recursos a través del delito económico.

Los principalísimos responsables de todo este accionar son EEUU y las portencias de la Unión Europea, que no les exigen absolutamente nada a Turquía. Ni siquiera le exigen el cumplimiento de entrega de los metros cúbicos mínimos de agua que fluyen río abajo del Éufrates hacia Siria.

La doble moral europea queda expuesta. Por un lado se muestran preocupados por la llegada de inmigrantes sirios, y por otro les imponen la imposibilidad de habitar en sus propias tierra de su país. A ello le agregan el negociol económico de entregarle inmensas sumas de miles de millones de euros a Turquía, para que mantenga dentro de sus fronteras a sirios (en sus centros de alojamiento, verdaderos centros inhumanos de detención).

Por otra, el mismo presidente estadounidense Joseph Biden que se muestra humanitario por quienes quieren marcharse de Afganistán, se encarga que sus tropas y las de sus socios turcos, impongan la criminalidad sobre el pueblo sirio.