Mar. 27. Oct 2020, Santa Fe - Argentina
Opinión

LAS DERIVACIONES POSITIVAS DEL COVID-19 (por Homar Garcés)

LAS DERIVACIONES POSITIVAS DEL COVID-19  (por Homar Garcés)

ARARE-VENEZUELA  (por Homar Garcés, Barómetro)  A propósito de los estragos causados por la pandemia del Covid 19 a nivel mundial (especialmente en el área económica) varios analistas prevén el advenimiento de propuestas y de movimientos populares que, de una manera u otra, influirán en la configuración de un nuevo tipo de sociedad, diferente en mucho al existente regido por la lógica del capitalismo, la cual ha favorecido considerablemente a las grandes corporaciones mundiales.

Una combinación armoniosa de acciones dirigidas y promovidas por el Estado como por las comunidades organizadas, pasando (obviamente) por todas aquellas instancias gubernamentales intermedias que pudieran contribuir a su logro, harían posible la gestación, reproducción y consolidación de un modelo y de unas nuevas relaciones de producción que tengan como objetivo central el bienestar integral de las personas. En este caso, se debe garantizar en todo momento la participación democrática, sin sectarismos que mermen u obstaculicen el bien común.

Como lo plantea Christine Berry en su artículo “La nueva izquierda y la pregunta por la propiedad. ¿Es posible una nueva democracia económica?”, todo esto supone la creación de un ecosistema pluralista de propiedad democrática donde prevalezca el interés colectivo por encima de los intereses mezquinos del mercado.  

Una de las primeras medidas que pudieran adoptarse al respecto sería impulsar una creciente participación colectiva de los trabajadores en la administración y en la planificación de las empresas. Otra medida pudieran encabezarla los gobiernos municipales, a través de la organización comunal. 

En el caso de Venezuela se tendría como base de esta propuesta a las comunas, los consejos comunales y los consejos locales de abastecimiento y producción, dado que la Constitución y algunas leyes vigentes contemplan la existencia de modelos de propiedad pública, comunitaria, cooperativa y común, a nivel nacional, municipal y comunitario; con los cuales se podrán promover y diversificar diferentes formas productivas y/o de emprendimientos que permitan democratizar la riqueza generada a nivel local, lo que permitiría, a su vez, crear una riqueza comunitaria autosustentable mediante el establecimiento de circuitos económicos comunales y/o comunitarios.

No es simple ilusión alcanzar dicha democracia económica. La propiedad común de los grandes medios de producción proclamada y defendida por comunistas y socialistas se presenta como una opción válida frente al capitalismo neoliberal globalizado, vistos los resultados de su afán de ganancias, causando desequilibrios en la naturaleza que podrían llevar a la extinción a todas las especies del planeta. Por eso, el hecho que la pandemia del Covid 19 haya obligado a muchas empresas a cesar sus actividades y a muchos trabajadores a replegarse en sus hogares está afectando seriamente la estabilidad económica de una gran mayoría de naciones, sobre todo de aquellas ubicadas en la franja del subdesarrollo. Este hecho, por otra parte, obliga a personas, empresas y gobiernos a replantearse otra clase de economía, una vez constatadas las vulnerabilidades de las que adolece el sistema capitalista imperante. El desplome que esto ha significado -junto a la miseria, el desempleo, la desigualdad y las diferentes carencias de los sectores populares- debiera ser motivo suficiente para impulsar medidas de esta índole.

Al margen del alto porcentaje de muertes observado en todo el planeta a causa del Covid 19, así como su impacto negativo en la actividad económica y social de cada país afectado, sus derivaciones positivas apenas comienzan a percibirse. En este sentido, sería un suicidio colectivo que la humanidad persista en la manutención de un modelo económico, social y político centrado en la hegemonía de unas minorías, cuya visión y valoración de la vida no excede su ámbito estrictamente particular.

Habría que recurrir, por consiguiente, al concepto de comunidad experimentado desde hace siglos por nuestros pueblos originarios como alternativa inmediata al capitalismo y al modelo de sociedad que lo legitima. El surgimiento de un nuevo sentido común -engendrado desde abajo por los sectores populares- se opondría, así, a la dominación actual de los grupos privilegiados y, por añadidura, a la mercantilización de todo espacio de la vida.