Lun. 19. Oct 2020, Santa Fe - Argentina
Notas

QUÉ SE SABE DE LA VACUNA DE RUSIA…

QUÉ SE SABE DE LA VACUNA DE RUSIA…

MILANO-ITALIA  (PrensaMare)  La agencia de noticias oficial rusa Sputnik, distribuyó una información sobre la vacuna contra el coronavirus que lanzó su país –llamada Sputnik-, pero las agencias informativas occidentales se negaron a difundila.

Está claro que la invención de la vacuna se ha transformado para occidente en una lucha ideológica. Y en tal sentido, busca ignorar, descalificar, dudar y hasta ocultar lo que ha hecho Rusia científicamente.

Dicha información alude a antecedentes de la vacuna, la tradición rusa en la materia y cómo darán a conocer los datos que avalan su aprobación. Lo cierto es que mientras el mundo occidentl daba cuenta de una carrera entre 6 proyectos de vacunas, apareció Rusia que se transformó en la primera vacuna contra el COVID-19 registrada en el mundo.

De allí que su nombre haya sido en recuerdo al lanzamiento del satélite soviético en 1957 que comenzó con la exploración humana.

El mundo está a la espera de la vacuna, y occidente se niega a reconocer el aporte ruso. Acaso es un capricho de las potencias occidentales…? No. Se trata de una contundente decisión política que demuestra que existen intereses políticos y económicos por sobre los derechos de la población mundial a sentirse protegida.

Se busca crear desconfianza y desacreditar el trabajo ruso, cuando en dicho país existe toda una tradición científica con una plataforma de vacunas basadas en vectores adenovirales.

En este sentido, los rusos fueron líderes y tienen un reconocimiento mundial a nivel de las comunidades científicas, aunque los medios y las potencias lo oculten.

En 1768 se comenzó a aplicar la primera vacuna contra la viruela; mientras EEUU lo hizo 30 años más tarde. En 1892 el científico ruso Dmitri Ivanovski dio nacimiento a una nueva ciencia: la virología. En 1886 el investigador Nikolái Gamaleya abrió la segunda estación de vacunación contra la rabia.

Tras la segunda gran guerra, La Unión Soviética dispuso la vacunación obligatoria contra poliomielitis, tuberculosis y difteria. En 1955, los soviéticos enviaron a EEUU a tres destacados virólogos para colaborar en el desarrollo de la vacuna estadounidense contra la poliomielitis (que llevaba cobrándose millones de vidas).

Ahora, en pleno 2020 y en medio de la desorientación de tantos centenares de políticos y dirigentes occidentales ante la pandemia, desde el prestigioso Centro Nacional de Epidemiología y Microbiología Nikolái Gamaleya, se produjo la primera vacuna contra el COVID-19 aprobada en el mundo.

Tanto es así que Rusia tiene pedidos por 1.000 millones de dosis; y ha cerrado acuerdos internacionales para producir 500 millones de dosis anuales.

Sin embargo, occidente busca ocultar e ignorar la realidad.

Argumentan que el supuesto (dicen) invento ha sido realiado con mucha rapidez. Sin embargo, no saben u ocultan que los rusos poseen sufiente capacidad y sabiduría en este tipo de temas. Desde los años 1980, el Centro Gamaleya lleva adelante una plataforma tecnológica que usa los adenovirus (que se encuentran en las adenoides humanas y que transmiten el resfriado común), como vectores o vehículos (que pueden engendrar un material genético de otro virus en una célula).

Se extrae el gen del adenovirus (causante de la infección), y se inserta un gen con el código de una proteína de otro virus. Este elemento insertado es pequeño, no es una parte peligrosa de un virus y es seguro para el cuerpo; de forma tal que ayuda al sistema inmunológico a reaccionar y producir anticuerpos contra la infección.

Este tipo de vacunas provocan una fuerte respuesta del cuerpo humano para desarrollar inmunidad. Al aparecer la pandemia, los científicos rusos extrajeron un gen codificador de la espiga del nuevo coronavirus y lo implantaron en un vector familiar de adenovirus para entregarlo en una célula humana. Apelaron a lo que mejor conocían y que ya les había dado tantos buenos resultados.

El Centro Gamaleya ya usó vectores adenovirales para desarrollar vacunas contra la influenza y contra el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS). Rusia ha invertido mucho dinero durante décadas para temas científicos; aquí está uno de los resultados de esa política.

El sistema utilizado por los rusos es el mismo que ha usado… la Universidad de Oxford. Porque ella está usando un adenovirus de un mono (que nunca se usó antes en una vacuna aprobada, a diferencia de los adenovirus humanos).

La multinacional estadounidense Johnson & Johnson está usando el adenovirus Ad26. La china CanSino, el adenovirus Ad5. O sea… los mismos vectores que el Centro Gamaleya está usando.

Se trata de empresas que no tienen la experiencia de los rusos en este tema. Sin embargo, potencias occidentales ya recibieron grandes pedidos de vacunas de sus Gobiernos (la primera para EEUU, y la segunda para China).

Los propios rusos…

Explican que las posibles vacunas de ARNm (que se prueban en EEUU y otras potencias), no usan vectores para su administración. Se basan en una molécula de ARN con el código de la proteína de coronavirus envuelto en una membrana lipídica. El tema es que existen efectos secundarios, especialmente su impacto en la fertilidad…

Y en esta carrera, los rusos van a publicar -de acuerdo con los requisitos internacionales- todos los antecedentes y los resultados. Todos los participantes de los ensayos clínicos desarrollaron un 100% de inmunidad al COVID-19. La producción masiva de la vacuna comenzará en septiembre.

Un interesante dato…

Histórico recuerda la doble moral de occidente y sus políticas. Tanto que al producirse el brote de poliomielitis en Japón en los años 50, el gobierno de Japón prohibió la importación de la vacuna sociética, mientras daban discursos de ‘protección’ sobre su población. Fue así que esa doble moral fue entrentada por madres y padres de niños japoneses que enfrentaron a su propio gobierno, que se vio obligado a abrir la importación y salvar las vidas de más de… 20 millones de niños japoneses.

Hoy parece que sucede lo mismo. Numerosos políticos de países occidentales hablan de ‘salvar vidas’, y a la vez niegan la vacuna rusa, por una cuestión de intereses políticos e ideológicos.

Para avanzar en una solución ante el coronavirus, Rusia ya hizo asociaciones de fabricación en 5 países para producir conjuntamente la vacuna rusa.