Mar. 18. Jun 2019, Santa Fe - Argentina
Por el país

HOMENAJE A DESAPARECIDOS

HOMENAJE A DESAPARECIDOS

Como todos los años, Memoria y Justicia...

CIUDAD DE BUENOS AIRES-ARGENTINA  En el país existen sitios emblemáticos de la lucha contra el terrorismo de Estado. Uno de ellos es la iglesia de la Santa Cruz (del Barrio de San Cristóbal).

Anualmente, cada 8 de diciembre organismos de derechos humanos, ciudadanos y familiares realizan un homenaje en memoria de víctimas de la dictadura cívico-militar (1976-1983).

En dicho sitio se llevó adelante uno de los hechos más crueles de los dictadores. Comenzó el jueves 8 de diciembre de 1977 y se extendió a dos días más tarde, con el secuestro de la Madre fundadora Azucena Villaflor, y de las religiosas francesas Léonie Duquet y Alice Domon.

En un jardín de la parroquia descansan los restos de las Madres Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco; también de la religiosa Léonie Duquet, y de la luchadora Ángela Auad.

Uno de los principalísimos personajes en el accionar criminal fue el represor Alfredo Astiz (foto). Él, con su amabilidad y ojos celestes se infiltró en la recién surgida organización de Derechos Humanos, presentándose como un tal Gustavo Niño, que tenía un hermano de un desaparecido.

Tomó parte de reuniones; hizo inteligencia; informó; o sea: entregó gente que confiaba en él.

Al término de la reunón de ese día jueves, estaba en la puerta de la parroquia una de las tantas bandas de terroristas estatales. Un grupo de tareas 332, que secuestró a quienes el tal Gustavo Niño “marcó”, entregó.

Operando de civil, los terroristas se hicieron pasar por “policías” y secuestraron a: la religiosa francesa Alice Domon, Raquel Bullit, Angela Aguad, María Esther Ballestrino de Careaga, Eduardo Gabriel Horane, José Julio Fondevilla, Horacio Aníbal Elbert, Patricia Cristina Oviedo, y María Eugenia Ponce de Bianco. Ocho personas, a las que más tarde le agregaron los secuestrados Remo Carlos Berardo, y Julio Fondovila.

El destino de los secuestrados –al hacerlo los marinos- fue la temible ESMA. Los interrogaron; los torturaron (por hasta 2 semanas); les aplicaron la ‘pentonaval’ (pentotal que los dormía), para posteriormente subirlos a los vuelos de la muerte y arrojarlos vivos, al mar.

La naturaleza quiso que el 20 de diciembre de 1977 la marea llevara a las costas argentinas algunos cuerpos (de esas víctimas), siendo sepultados como NN. Años más tarde (2005) el encomiable trabajo de organismos de DDHH y del Equipo de Antropología Forense identificó a cinco de esos cuerpos (las religiosas francesas y tres de las Madres).

La Memoria y Justicia no permitió el olvido y varios de esos terroristas de Estado fueron condenados por crímenes de lesa humanidad.