Jue. 02. Jul 2020, Santa Fe - Argentina
Editorial

Y PULLARO SIGUIÓ HABLANDO…

Y PULLARO SIGUIÓ HABLANDO…

SANTA FE-ARGENTINA  (por Esteban D’Arret, PrensaMare)  Pocas veces los santafesinos han asistido a tener que escuchar a un personaje político como Maximiliano Pullaro.

Se trata del último –de los tantos- responsables del Ministerio de Seguridad que la alianza socialista-radical (más coalicionistas, aristas, neoliberales, demoprogresistas…) han instalado en sus 12 años de gobiernos.

Una persona que ha sido cuestionada desde diferentes sectores de la sociedad santafesina, y desde algunos (solo algunos) del ámbito político “opositor”, en razón de haberle garantizado una supuesta gobernabilidad que en verdad se transformó en una complicidad.

Si alguien dice que el oficialismo en sus 12 años de gestión se equivocó o careció de política en materia de seguridad, comete un grave error.

Las gestiones de Hermes Binner, Antonio Bonfatti y Miguel Lifschitz han sido plenamente coherentes y consecuentes en dicha materia. En medio de 12 años de un relato de eficiencia sostenido gracias a megas-pautas publicitarias desde el Estado provincial, el problema de la seguridad es lo peor que deben sorportar los santafesinos.

Ello supera la ineficiencia en materia de salud, las sospechas de corrupción en obras públicas, el escándalo de la autopista Santa Fe-Rosario, el endeudamiento irresponsable, el doble discurso, el asalto del Estado con amigos/amigas/socios/socias, el ingreso de miles de militantes partidarios pagos en altos cargos…

El tema de la seguridad ha sido y es el mayor problema creado, alimentado y dejado por Binner-Bonfatti-Lifschitz. De allí que escuchar a Pullaro, a días de irse del cargo, causa asombro y hasta indignación.

Ha sostenido que “En uno de nuestros primeros actos de gestión dijimos que priorizar a la buena policía era también separarla de la mala policía”. Sin embargo, la cantidad de uniformados que aparecieron en hechos delictivos en los últimos 12 años supera todo lo imaginado y ocurrido en la historia provincial. Para Pullaro y sus antecesores, ello ha sido consecuencia de una política de ‘depuración’ de las fuerza.

Por el contrario, es la máxima demostración –por la cantidad de eftvivos en todos los niveles y distribuídos en todo el terriotio, por años-, del estado de putrefacción de la institución.

Lejos de ser una “autodepuración”, es la muestra contundente del elevado nivel coruuptivo existente en las fuerzas de seguridad provinciales.

El tema del narcotráfico ha pasado a convertirse en un hecho asumido, aceptado, considerado normal. Se ha llegado a una causa federal donde un testigo (uniformado) detalló que no podían “tocar” una determinada carga de droga pues pertenecía al “área política del ministerio”…

Que Pullaro se sienta orgulloso (¿?) y manifieste “llevamos más 400 exoneraciones y destituciones en lo que va de la gestión”, causa asombro y preocupación.

A pocos días de abandonar el cargo, Pullaro ha salido a pretender endilgarle a las autotidades que llegarán una suerte de ‘responsabilidad’ por lo que no habrían hecho desde su área en los últimos tiempos.

Inclusive con una muestra total de desubicación y arrogancia ha sostenido: “Queremos saber cuál va a ser la mirada de quienes van a gestionar la provincia durante los próximos cuatro años”. Inclusive se quejó afirmando: “Nosotros queríamos trabajar en conjunto durante estos seis meses, pero no hubo ningún tipo de llamado”.

Acaso Pullaro pretendía conducir un co-gobierno con Perotti…? Si ello hubiera sido verdad, porque la llamada “transición” fue un fracaso por la pura y exclusiva responsabilidad del socialismo-radicalismo…? Si el gobierno que integra estaba tan abierto, porque ocultaron información y hasta llegaron a engañar en el armado (e imposición) del Presupuesto 2020…?

Pro aún faltaba más para este folletín de cuarta, porque Pullaro –sin ponerse colorado- expresó: “Nosotros estamos dejando una policía ordenada, que trabaja, pero para que funcione hay que meterle mucha gestión”.

Parece mentira pero todavía falta más, y lo dejó en claro en esas últimas palabras, cuando, fiel al limitado y mediocre discurso neoliberal, se refiere a gestión, como sinónimo de eficiencia.

Pullaro, un lamentable ministro socialista que ha pasado con pena y sin gloria, todavía no ha aprendido que toda gestión, por sí sola, no significa aboslutamente nada. Porque ha existido, existe y existirán: gestión buena o gestión mala. Bueno, en su caso, él se ha olvidado de agregarle lo que correspondía...