Dom. 23. Ene 2022, Santa Fe - Argentina
Opinión

POSTALES ARGENTINAS – TIERRA (Ricardo Preve)

POSTALES ARGENTINAS – TIERRA (Ricardo Preve)

CIUDAD DE BUENOS AIRES-ARGENTINA  (por Ricardo Preve)  Escribo estas líneas desde el octavo país más grande del mundo por su extensión territorial. Argentina tiene 3.7 millones de kilómetros, repartidos desde el Trópico de Capricornio, hasta un sector del continente Antártico.

A medida que uno recorre esta inmensa nación, de norte a sur, alejándose del Ecuador, pasa de los paisajes tropicales como los de las cataratas del Iguazú en el límite con Brasil, a la gélida Patagonia con sus eternos glaciares de hielos azulados.

Y cabe reflexionar que la tierra misma, el espacio físico donde se desarrolla la vida de esta nación, ha sido, y sigue siendo, objeto de innumerables conflictos entre los que la habitan.

Dejaré para otra columna la historia de las conquistas coloniales españolas, iniciadas a principios del siglo XVI, y de las guerras contra las poblaciones indígenas antes de la independencia argentina.

Ya establecida como nación, en Argentina los descendientes de los colonizadores europeos se pasaron la mayor parte de tres siglos peleándose entre ellos, más que contra enemigos externos reales o imaginarios.

En Argentina el gran conflicto ha sido, y sigue siendo, aquel del campo contra la ciudad, del interior contra la capital Buenos Aires, del trabajador agrícola contra el profesional urbano.

Buenos Aires con su aduana colonial acaparó desde un principio el poder económico del país, y por ende el control de los asuntos políticos. Aquí la gente dice “Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires”.

Pronto el conflicto por el control de los espacios argentinos se manifestó con la formación de los partidos políticos conocidos como Unitarios (quienes buscaban una preponderancia de Buenos Aires sobre el resto del país), y Federales. Estos últimos buscaban que el poder de la capital no avasallara los derechos de las provincias.

Corrió mucha sangre en esta tierra argentina, vertida en un gran número de combates armados, hasta fines del siglo XIX. Desde olvidadas escaramuzas donde un puñado de hombres se enfrentaron a cuchillo en algún recóndito paraje rural, hasta las grandes batallas de Caseros (1852), Cepeda (1859), y Pavón (1861) donde los ejércitos de Buenos Aires, y los del interior del país, se enfrentaron con rifles y cañones, y definieron el futuro político de esta nación.

No se le escapará al lector la absurdidad de pelear por la tierra en un país de inmensidades vacías. Hasta la llegada de millones de inmigrantes europeos a fines del siglo XIX, y principios del siglo XX, en Argentina sobraba tierra.

Con la llegada de los inmigrantes europeos, la nación Argentina buscó controlar el inmenso territorio que reclamaba como suyo, pero que nunca había efectivamente administrado. Hasta mediados del siglo XIX el dominio de las autoridades argentinas sobre las inmensas llanuras que aquí se conocen como “la Pampa”, solo llegaba a algunos centenares de kilómetros de Buenos Aires. En la frontera, una serie de precarios fortines no podían asegurar una defensa efectiva contra las incursiones de las poblaciones indígenas.

Pero el pujante crecimiento demográfico, y la llegada de tecnologías como armas y ferrocarriles, le permitieron al gobierno argentino comenzar una lucha armada contra los aborígenes que algunos reivindican como una colonización, mientras otros la denuncian como un genocidio.

Julio A. Roca (1843-1914), primero como ministro de Guerra, y luego como Presidente, condujo “La Conquista del Desierto” que se llevó a cabo desde 1879, hasta 1885, y que es aún hoy objeto de intenso debate en la sociedad argentina. Durante esta campaña militar Argentina conquistó el dominio efectivo de la mayoría de la superficie de lo que hoy es el país, desplazando naciones indígenas como los ranqueles y tehuelches que habían habitado los espacios desde tiempos prehistóricos.

Este dominio efectivo de la tierra le permitió a Argentina la producción de las enormes cantidades de alimentos (granos y carnes) que dieron de comer al mundo durante el siglo XX, y lo hacen aún hoy, ante la creciente demanda de las economías asiáticas por proteína vegetal, y animal.

Pero el conflicto por el control de la tierra perdura en Argentina. Quizás no siempre tan concretamente sobre la posesión física de la tierra como sucedía en el pasado (si bien la prensa aquí frecuentemente reporta ocupaciones ilegales de terrenos por gente sin vivienda, y existe un movimiento de reivindicación de los derechos de los pueblos originarios que ha tomado visibilidad en tiempos recientes); sino más bien bajo la figura del control fiscal.

Hace un par de décadas que en Argentina se discute el tema de las “retenciones a las exportaciones”: esencialmente un impuesto del gobierno nacional ubicado en Buenos Aires hacia la producción agrícola del interior del país. Herramienta clave para el control de una parte de los miles de millones de dólares que entran a la Argentina por la exportación de productos agrícolas, las retenciones son vistas por los productores agrícola-ganaderos del interior de Argentina como una usurpación de sus derechos como terratenientes.

Lo cual confirma que, a pesar de tanta sangre vertida, el conflicto por la tierra sigue vigente en Argentina.

(Ricardo Preve es un cineasta y fotógrafo argentino residente en Virginia, Estados Unidos desde 1976. Este editorial forma parte de una serie de cinco, con el título de “Postales argentinas”. @rickpreve en Instagram y Twitter; foto: Tranquera, de R. Preve).