Mar. 04. Ago 2020, Santa Fe - Argentina
Opinión

PERIPECIAS UNA MILONGA SIN OROPEL (por Ricardo Pose)

PERIPECIAS UNA MILONGA SIN OROPEL (por Ricardo Pose)

CARACAS-VENEZUELA  (por Ricardo Pose)  Fue un maestro rural allá por Treinta y Tres, que viendo la frialdad con que en cada acto patrio en la escuela, los padres y niños apenas entonaban el Himno a Artigas, se le ocurrió hacer una milonga; el autor de esa milonguita que paradojalmente luego se convertiría en himno, era el maestro Rubén Lena.

La milonga a “Don José” nació con dos estrellas que alumbraron su camino.

La primera estrella fue empezar a hacer cantada y difundida por un dúo del olimar que venía cobrando cierta notoriedad, como eran los olimareños.

La segunda estrella estaba en su texto, una letra sencilla que hablaba de los hombres comunes de nuestra campaña, escrito por la pluma de un poeta ya consagrado Olimareños mediante, en el mundo conocido como folclore pero que iba rumbo a transformarse en canto popular.

El detalle de haber nacido en una escuela rural no pasa desapercibido, aunque en el caso particular de la milonga, no tuviera de plano, la misma aceptación que el “Mangangá Amarillo”, canción más descriptiva del medio rural en el que vivía la comunidad escolar.

A Don José, nacida para ser cantada por el pueblo, fue apropiada por el pueblo.

La milonga como género musical, su estructura sencilla que permitía a cualquier “rascador de guitarra” interpretarla, era una alternativa clara a aquel himno por momentos de aire marcial, nacido en el eurocentrismo como todos los himnos que los imperios nos impusieron durante la colonia.

Pero la magia y la afrenta, estaba claramente en su texto; Don José ya no era “el Padre nuestro Artigas, señor de nuestra tierra”.

Artigas era el criollo “rodeado” de paisanos que llamaban “mi general” sin pretensión de “ser ejemplo de los americanos, ni grabar el libro de oro de la inmortalidad”.

En la otra punta del mapa allá por el litoral, don Aníbal Sampayo pasaría días y días encerrado en la iglesia de Paysandú y en otros archivos, releyendo documentos que le permitieran respaldar su obra musical “Cantata por Artigas”, un conjunto de canciones con un tema central, pero que en el caso de Sampayo apuntaba a resaltar el proyecto político más importante del artiguismo: su reforma agraria.

“Tajante como navaja es la consigna artiguista, barrera al latifundista, la tierra es de quien trabaja”.

Hasta ese momento, ninguna canción oficial, y menos el Himno a Artigas menciona su obra política.

Artigas, excluido del texto del Himno Nacional Uruguayo.

Los “orientales la patria o la tumba”, son esa masa amorfa sin líder, que morían en los campos de la patria gritando “Libertad”.

Claramente Don Francisco Acuña de Figueroa no respondía a los mismos intereses sociales que Bartolomé Hidalgo, y por eso los textos de su pluma son radicalmente diferentes.

El primero escribió para la hegemonía cultural que las clases dominantes de la nueva nación exigían; el segundo era un gaucho más que “disparaba cielitos” contra los godos.

Y para quienes dicen que las motivaciones de los escritores respondían a los tiempos a los que pertenecían, solo señalaremos que Rubén Lena es bastante más atemporal que Acuña de Figueroa.

Como siempre, las tensiones en el terreno de la cultura, delimita campos.