Sab. 17. Abr 2021, Santa Fe - Argentina
De todo

LA PELÍCULA DE PREVE, QUE ME EMOCIONÓ

LA PELÍCULA DE PREVE, QUE ME EMOCIONÓ

SANTA FE-ARGENTINA  (por Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare)  En la tarde del 29 de marzo de 2021, tratando de distraerme por unos minutos, buscaba en televisión algo tranquilo. Así, me encontré con que comenzaba a proyectarse una película en CineAr.

Sin muchas ganas ni convencido, detuve la tarea del pulgar derecho, e hice descansar el control.

Lentamente me fui adentrando en una historia que me atrapó y terminó por emocionarme hasta las lágrimas. La película (documental?) se llamaba: Volviendo a casa (2019; Argentina-Italia-Sudan). Relata la historia verídica del encallamiento del submarino italiano Macalle, durante la segunda gran guerra, frente a costas de Sudan.

Allí esperan ser rescatados y se produce la muerte del submarinista Carlo Acefalo, que termina por ser enterrado en el lugar y dejado por sus compañeros, tras ser recatados -ellos- días más tarde.

El director –el argentino Ricardo Preve- al visitar dicho lugar toma conocimiento de la historia y a partir de allí se propone recuperar los restos de Acefalo. Lo que finalmente sucede en una encomiable y desafiante tarea.

Se cuenta la historia y finalmente el recorrido de los restos, recibidos en Sudan y más tarde en Italia, hasta el descanso en la pequeña localidad de Castiglione Falletto (Provincia de Cuneo, Región Piemonte).

La película muestra el paso de 77 años hasta que por fin Acefalo retorna a su tierra. Allí es recibido y tratado como un hijo al que esperaban. Lo acompañan y honran hasta llevarlo a la tumba donde descansaba su madre.

No soy un profundo cinéfilo; mucho menos en estos tiempos en que se ha terminado la diversidad de cines, y se ha impuesto el agrupamiento de salas en un único sitio. Soy un simple espectador que guarda en su memoria: El viejo y el mar (de inicios de los ’60); Shunko (1968); El tren de las 3:10 a Yuma (1969); La hora de los hornos (1972); Actualización política y doctrinaria para la toma del poder (1972); El joven Frankenstein (mediados de los ‘70); La Tregua (1975); Atrapado sin salida (1976); Esperando la carroza (fines de los ’80); Kamchatka (mitad de la década del 2010)…

Obras que recuerdo en estos momentos, que por una u otra razón siguen presentes. Posiblemente por esas raras maniobras del corazón, la mente y los momentos, que se entrelazan con hechos históricos, familiares y personales.

Existe variedad en esa breve y rápida (e injusta) cita que hice, y muestra que –como simple espectador-, mis gustos son variados; y posiblemente a un experto en cine le proboque asombro, algo de irritación y hasta disgusto.

Por suerte no dependo de los especialistas para disfrutar y emocionarme…

En concreto: la obra de Preve me atrapó y me terminó emocionando hasta las lágrimas. A los 66 años uno ya está curtido y, en medio de una pandemia que nos ha trastocado las costumbres, de vez en cuando aparecen sucesos que (me) sacuden.

En mi caso, el convivir diariamente en medio de las noticias me ha endurecido; me ha –aunque duela reconocerlo- generado, cierta indiferencia o engrosado la piel del desinterés, frente a tanto dolor, muertes, violencia, ambiciones, y cinismo.

Lo cierto que tras ver Volviendo a casa, traté de encontrarle explicación a las lágrimas -y sin que el director se lo haya propuesto-, debo entender que en esa historia han confluido situaciones personales, historias de la etapa más trágica de Argentina, el dejar su tierra italiana por parte de mi Nonno (siendo muy joven), la pérdida de tantos compañeras y compañeros de militancia.

Para algunos en Argentina, el tema de los desaparecidos y sus búsquedas se resume en el desinterés, el destrato, el ataque, la defensa de los criminales, el considerar que el respeto a los derechos humanos es un “curro” (negociado). Que dicha etapa se debe cerrar, y avanzar en un olvido que debe ser la base de una (supuesta) unidad (con quienes no olvidan y reivindican el terrorismo de Estado).

Transcurrieron 77 años para que Acefalo regresara a su tierra. Lo estaban esperando. Cómo no me voy a emocionar… (gracias Ricardo Preve).