Martes 25 de Julio de 2017 a las 12:48

opinion

CUMBRE: POCO, POQUITO Y NADA

SANTA FE-ARGENTINA (por Rodolfo O. Gianfelici) La Cumbre del Mercosur ya es pasado en esta ciudad. El balance, por cierto, es magro, para las aspiraciones de los principales protagonistas. Mauricio Macri fue el anfitrión de un cuestionado encuentro, donde resultaba a todas luces una maniobra buscando a darle un golpe de gracia a Venezuela. Y no resultó como sus ideólogos maquinaron. Lo cual ha significado un nuevo fracaso diplomático (y van…?) para el gobierno argentino. Si el paso de la canciller Susana Malcurra (UCR) había sido lamentable, el debut del funcionalísimo Jorge Faurie (new-macrismo), no ha sido mejor. La estrategia argentina (por lo menos de Cambiemos) era la de forzar la expulsión de Venezuela, para así asestarle un duro golpe que tendría inimaginable repercusión mediática internacional. Pero todo se desmoronó en pocas horas. Y lo más increíble fue que tras sufrir ese fracaso, Macri emergió ante los medios ofreciéndose como “mediador” en Venezuela… En su momento, Malcorra intentó convencer al presidente de la ‘necesidad’ de impulsar el diálogo interno en ese paós (para ella mostrarse como una de las facilitadoras de la pacificación, que le sirviera a su ambición por ser titular de la ONU). Macri no entendió ello, y por el contrario, le exigió “dureza” con Nicolás Maduro. Los meses han pasado y quedó demostrado el fracaso. Tanto de Malcorra como de Macri!. Ocurre que la entonces canciller representaba el ‘ala dialoguista’ del establishment estadounidense que privilegia los negocios. Mientras que Macri ya se había mostrado enrolado en la política pentagoniana. Con la designación de Faurie, un hombre sin demasiadas luces estratégicas, y catalogado como un clásico “burócrata” diplomático, el presidente logró “unificar criterios”. Su canciller sería “su” voz a nivel diplomático; evitaría mostrar algunas diferencias (menores) como lo hizo con la radical Malcorra. El papel desempeñado por Macri en esta nueva Cumbre ha sido patético. Un anfitrión agresivo, descalificador y mostrándose como un vocero del Departamento de Estado estadounidense. Negó que en Venezuela exista demdemocraciaenunció a su presidente (constitucional); reclamó la suspensión definitiva de dicho país (cuasi-expulsión); transformó al evento en un acto anti-un socio del bloque (¡!). A medida que avanzó el encuentro, Macri y su equipo planteó (junto a Brasil) que si en Venezuela se llevaba adelante la Constituyente -el 30 de julio-, ello sería una muestra (para el Mercosur) que Maduro rechazaba el diálogo. Pero nada de todo lo planteado por el tándem Macri-Faurue logró su cometido. Hubo una “declaración”, que ni siquiera fue firmada por todos los países. En el texto: “Exhortan al Gobierno y a la oposición a no llevar a cabo ninguna iniciativa que pueda dividir aún más a la sociedad venezolana o agravar conflictos institucionales”. Es lo máximo que logró la sociedad Macri-Michel Temer. No puedieron lograr más para el Departamento de Estado estadounidense… Para colmo, la delegación de Uruguay planteó y logró que se incorpore: “Convencidos que la solución a la crisis sólo podrá ser resuelta por los venezolanos, instan al Gobierno y a las fuerzas opositoras de la hermana República Bolivariana de Venezuela al diálogo, que permita una concertación política creíble”. Una maniobra de clara dualidad uruguaya, donde por un lado su gobierno acepta que EEUU refuerse su presencia en Uruguay; que Luis Almagro (excanciller uruguayo) sea un funcional al Pentágono, desde su puesto al frente de la OEA; y a la vez convoquen al “diálogo” venezolano… Los firmantes fueron Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Guyana, México, Paraguay y Uruguay. Bolivia se negó.