Viernes 21 de Julio de 2017 a las 12:30

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LA CONFRONTACIÓN FELIPE - JUAN CARLOS

MADRID-ESPAÑA (por Vera Velázquez Moretti) Recientemente se conmemoró el 40 aniversario de las primeras elecciones tras la dictadura de Francisco Franco. Hubo un acto en el Congreso al que no fue invitado el exrey Juan Carlos. Un hecho que llamó poderosamente la atención (a propios y extraños). No ha sido un simple ‘olvido’, sino la muestra de fisuras en la forma en que dentro de la monarquía viven el (preocupante) presente. Se sabe que Juan Carlos se mostró enojado por esta exclusión. Y así se lo hizo saber a Alfonso Sanz Portolés, quien ejerce de puente o conexión del exmonarca con su hijo, el rey Felipe VI. A mediados de junio le “avisaron” al rey emérito que no lo iban a invitar al Congreso. Inclusive, sorprendido por esta decisión de su hijo, se comunicó con Felipe González. Fue allí que el expresidente (y alguna vez vez socialista) le dio el apoyo a su amigo Juan Carlos. En el entorno juancarlista salieron a ‘aputar’ al jefe de la Casa del Rey, Jaime Alfonsín, como el responsable de la no invitación. Sin embargo es un error. Porque fue una decisión colectiva del entorno del actual rey. Pretender mostrar que Alfonsín tiene más poder que Felipe VI es una grave equivocación de análisis, como torpeza (porque ello abona la idea que el rey reina, pero no gobierna…). Pero si el análisis del juancarlismo fuera cierto, deberían buscar en ese “no” a la invitación a la mismísima reina Letizia. Porque ella ha tenido y mantiene una pésima relación con Juan Carlos. Ella jamás va a olvidar la tenaz y dura oposición de su actual suegro, para que ella se casara con Felipe… Desde algunos sectores han pretendido forzar al poder monárquico a que “reconozca” un error en la no invitación. Pero el felipismo se opone a ello, porque sería aceptar una mentira. La decisión de no invitar a Juan Carlos fue una analizada y concensuada decisión, con Felipe (y reina) a la cabeza. Desde la Casa Real buscan diferenciarse totalmente con el juancarlismo. Consideran que ello es vital y fundamental para la supervivencia monárquica. Inclusive para tratar de no caer en el juego mediático (y político), desde el ámbito de la Casa Real indicaron (a Europa Press) que fue el exrey Juan Carlos quien decidió no asistir. Que con ello le dejó todo el protagonismo de la ceremonia, a su hijo… LO CIERTO…: es que como nunca ha quedado patentizada la diferencia entre un exrey y el actual rey. Nadie desconoce en los pasillos del poder español la existencia de una dura disputa entre ambos. Inclusive se sospecha que todo se irá agravando y hará imposible la convicencia entre ambos. La estrategia del felipismo es la de re-lanzar la monarquía. Para ello, son conscientes que deben “enterrar” al juancarlismo; un reinado caído en el desprestigio, los cuestionamientos y hasta el desprecio. Con un monarca que debió marcharse “de apuro”, casi inesperadamente para él, pero ante presiones del Poder español y las recomendaciones de la embajada estadounidense. Ocurre que el máximo aliado de Washington, que ató a España a la geopolítica imperial anglosajona, llevaba a la monarquía (y al Poder español) a un cuestionamiento creciente. Por años se pudieron ocultar sus escandalosos amoríos; por años se pudieron proteger sus andanzas de caza-animales en Africa; por años se pudo sobrellevar una crisis y achicamiento que podía estallar en la identificación de su propia persona y figura. Por eso sorpresivamente debió dar un paso al costado. Pero no todo finalizó con su salida de la escena. Se necesita más para reciclar una instticuión corroída. Y Felipe VI lo sabe. Sin embargo, esta diferenciación pública de manera tan manifiesta ha generado que algunos poderes salieran a “defender” a Juan Carlos. Inclusive algunos lo han reivindicado… Mientras tanto, en estos 3 años, Juan Carlos se ha dedicado a “vengarse” de su paresurada salida (y la frialdad de relaciones con su hijo). Es así que el rey emérito no ha dudado en manejar su propia agenda, ignirando a la misma Casa del Rey o al Gobierno. No es un hecho nuevo. Simplemente que al Poder español, no le convenía sacar a la luz semejante confrontación. Mientras tanto, Felipe aprovechó el festejo en el Congreso para dejar en claro que construye un poder propio. Que no necesita de su padre y que –si es necesario-, avanzará en una diferenciación o desconocimiento aún mayor. Juan Carlos se quedó en la crítica España que dejó hace 3 años. El rey Felipe VI trata de salvar la monarquía para una España a futuro.