Martes 07 de Febrero de 2017 a las 14:09

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CABEZAS: UNA VERDAD A MEDIAS

SANTA FE-ARGENTINA (por Esteban D’Arret) Dos décadas desde un crimen que afectó a toda la política argentina. La víctima fue un reportero gráfico llamado José Luis Cabezas. Un hecho repudiable, pero donde los grandes poderes lo usaron para beneficio propio (qué otra cosa saben hacer!). Lo peor es que muchísimos de quienes se lamentaron (y lamentan) honradamente por semejante crimen, han terminado por comprar el discurso y la manipulación que esos poderosos han hecho de dicha muerte. Se asiste –porqué negarlo- a una ‘historia oficial’. Y atacarla, cuestionarla, desmenuzarla, no significa en absoluto, convalidar el crimen. Todo lo contrario; es para que no se repita!. Todos sabemos que los 4 policías provinciales bonaerenses que tomaron parte del hecho, fueron condenados. Y cumplieron las penas. El organizador fue el ex subcomisario Gustavo Prellezo, que resultó condenado a prisión perpetua (en 2010 logró la prisión domiciliaria; y goza de libertad condicional). Los otros 4 delincuentes comunes que tomaron parte (de la banda Los Horneros), uno ya está muerto; dos gozan de libertad; el restante sigue preso (por una causa de drogas). Gregorio Ríos que era el jefe de la custodia de Yabrán, fue condenado, pero ya está libre. Por su parte el gran-responsable-gran del crimen (por lo menos según la ‘historia oficial’), y al que se le endilgó ser el autor intelectual del crimen, Alfredo Yabrán, se suicidó en una de sus estancias en Entre Ríos. La gran incógnita que nadie ha podido develar, es cual fue el motivo del crimen. Porque alguien puede pensar que Yabrán –con todo el poder que poseía-, iba a reaccionar de manera criminal ante una fotografía…? Suena demasiado estúpido. Nadie con dos dedos de frente puede creer en verdad que una foto de Cabezas, tomada a Yabrán, puede haber sido el “justificativo” para semejante crimen. Esta historia se parece más a las recurrentes anécdotas-maniobras que el establishment inventa según sus necesidades y etapas históricas. En algún momento fueron las (supuestas) “relaciones sexuales” de Juan Perón con estudiantes secundarias de la UES (en 1955); en otro fue la necesidad de terminar con “los corruptos y subversivos” de la democracia (en 1976); más tarde la supuesta y repetitiva frase de “yo me borré”, que le endilgaron a un sindicalista (también en 1976); las famosas “valijas de Amira” Yoma (en los ’90); hasta llegar a la delirante (supuesta) “denuncia” de Natalio Nisman… Para cada etapa el sistema crea sus historias, que a la mejor manera de las propagandas nazis, las repite hasta el cansancio, terminando por convencer de ello por la simple insistencia, y no por probanza alguna (¡!). Quizás para analizar la muerte de Cabezas, deba situarse la situación en una Argentina de 1997, donde el presidente Carlos S. Menem estaba enfrentado con su examigo (y gobernador bonaerense), Eduardo Duhalde. Una pelea ‘de fondo’, como suele ocurrir cuando se disputa el poder dentro del peronismo. Lo cierto es que han pasado los años (2 décadas!) y nadie sabe a ciencia cierta cuál fue el motivo del crimen. Lo cierto es que el costo político (por las operaciones de prensa y del oportunismo de la clase dirigencial, en general) lo hizo caer pura y exclusivamente sobre el conjunto del peronismo. Algunos podrían responsabilizar directa o indirectamente a Menem; otros (de igual forma) a Duhalde. Pero lo cierto es que el afectado fue el peronismo. Porque unos decían que Yabrán era “un empresario menemista”; y por el otro, el gobernador no podía despegarse de su responsabilidad de la (incontrolable) policía bonaerense. Lo concreto es que a 20 años de semejante crimen, nada es certero. Porque la mismísima justicia ha dejado mucho que desear. Y ni qué decir las pistas investigativas…! Ensuciadas todas por operaciones de servicios de inteligencia nacionales y extranjeros. Lo cierto es que ha quedado instalado –inclusive- una frase que nadie ha podido demostrar que se haya dicho, pero que le fue endilgada a Yabrán: “sacarme una foto era como pegarme un tiro en la cabeza”. Esas simples palabras sirvieron para que todo el país (y en el exterior) responsabilizaran a Yabrán del crimen. El hombre al que presentaban como todo-poderoso y con tentáculos que le hacían controlar –de afirmaba- áreas comerciales, de gobierno, de prensa y mafiosas, fue ‘derrotado’ por una simple frase (¿?). Acaso era tan poderoso? Tanto que una franse jamás demostrada de haberse dicho, lo derrumbó… Cabezas lo había fotografiado a Yabrán caminando en la playa atlántica junto a su esposa. No iba rodeado de guardaespaldas, ni seguridad encubierta, ni mafiosos… Caminaba como lo hacían decenas de miles de personas ese día. Si era tan ‘terrible’ el tomarle una foto y ello generaba tanto riesgo para Yabrán, porqué no iba protegido? Porque no veraneaba en cualquier lugar del mundo, alejado de los “riesgos” argentinos…? Pero además: si era tanto el poder que poseía: porqué no impidió que la foto fuera publicada? O no será que la foto en verdad cumplió un papel fundamental en una trama criminal pergeñada a un nivel propio de una inteligencia de algún país poderosísimo…? Resulta interesante recordar que en algún momento, los medios y muchos dirigentes afirmaban que el Padre Carlos Mujica estaba enfrentado con Montoneros. Luego, cuando lo asesinaron, resultó muy fácil endilgarle el crimen a dicha organización… Aunque décadas más tarde muchos “descubrieron” que quienes lo asesinaron habían sido la sociedad de criminales que lideraba José López Rega. También –ya mucho más actual- resulta bueno recordar que el fiscal Natalio Nisman salió –sin pruebas alguna- a acusar a la presidenta Cristina Fernández. Luego, cuando se suicidó, aparecieron quienes le endilgaron dicha muerte a la exmandataria. Y casualmente (o no tanto), los mismos que mintieron y aprovecharon la muerte del Padre Mujica, son los mismos que ahora pretenden convertir en mártir a Nisman, acusando al peronismo –representado en Cristina Fernández-. No será que la foto fue tomada (sin que Cabezas lo supiera) para que formara parte de una trama político-criminal? Debe recordarse que la revista que publicó dicha foto ha mantenido siempre una excelente relación con personal de una importante embajada. Fue así que tras su crimen, todas las miradas (los medios, las dirigencias y la justicia) salieron a mirar acusadoramente a Yabrán… Esto no significa santificar al empresario nacido en Entre Ríos. Nada de ello por el contrario. Porque es sabido que en el sector que él lideraba, ejercía el poder de manera altamente dominante. Él sabía a qué nivel jugaba y qué intereses existían en el medio. Tanto a nivel local como internacional. Yabrán controlaba la terminal de cargas del Aeropuerto de Ezeiza; era poderoso en correos privados; monopolizaba la correspondencia bancaria. Poseía competidores a nivel local e internacional. En medio de sus actividades se entrecruzaban intereses de agencias de seguridad, de inteligencia, de negocios criminales. Era tal la importancia que tenía, que algunos actores que operaban para intereses foráneos, no dudaron en salir a atacarlo y exponerlo como “el responsable de todos los males argentinos”. Así como en 1955 ese papel le fue impuesto a Juan Domingo Perón, y posteriormente a José López Rega, y Montoneros, ahora era Yabrán “el elegido”. Tanto que un personaje como Domingo Felipe Cavallo, siendo el todopoderoso Ministro de Economía, salí a acusarlo de manera pública y escandalosa. Lo calificó de ser “el jefe de la mafia” en el mismísimo Congreso, en agosto de 1995. Claro que Cavallo no estuvo solo en esa “patriada”; porque contó con el acompañamiento y armado de toda la prensa “seria e independiente” del país. Inclusive la exposición del ministro se realizó… en vivo y en directo (¡!). Como para que se tenga una idea de lo que se estaba armando. Tras la creación del ‘monstruo’ (Yabrán), llegó la famosa foto de Cabezas (verano de 1996) y más tarde el crimen (1997). Lo demás es conocido; por lo menos lo que dejó en pie la justicia. Que el subcomisario Prellezo ‘contrató’ en el Barrio Los Hornos (de La Plata) a 4 ladrones Horacio Braga, José Luis Auge, Gustavo González y Miguel Retana). Los llevó a Pinamar y se le sumaron 2 policías (Aníbal Luna y Sergio Camaratta). Y asesinaron a Cabezas con la tranquilidad de disponer de “zona liberada” (por el comisario de Pinamar, Alberto Gómez). La policía dependía del gobernador; la justicia provincial mantenía relación con el Poder Ejecutivo bonaerense; el abogado que defendía a los delincuentes (Los Horneros) era Fernando Burlando, que estaba relacionado al entorno del gobernador… Pero a la hora de hablar, Los Horneros no se guardaron nada. Hablaron con justeza y precisión sobre lo que habían hecho. Confesaron al pie de la letra. El subcomisario Prellezo puso un abogado -Hernán Mestre- que era pagado por Ramón Ortega. Si, el mismo… Palito Ortega, el cantante que era compañero de fórmula presidencial junto a Duhalde (¿?). Con lo cual resulta evidente que Duhalde –al darse cuenta de la estatura de la maniobra criminal y política-, buscó por todos los medios neutralizar todo tipo de acciones. O por lo menos, tratar que le resultaran lo menos dañinas posibles. Sin embargo la maniobra era ‘pesada’ en serio. Superaba cualquier experiencia de disputa interna que se hubiera conocido en el del peronismo. Se había involucrado a un empresario ligado al peronismo (o por lo menos al presidente Menem); se cuestionaba a la desprestigiada policía bonaerense; se trataba de un hecho de “venganza”; se atacaba a la mismísima ‘libertad de prensa’. Por ello, se cae de maduro que a todos (dentro y fuera del peronismo) les convenía que el “culpable” fuera Yabrán. Casi como si se trata de un mediocre guion de un folletín de cuarta. Donde los sectores medios se mostraban escandalizados y eran manipulados de una forma grotesca, en un juego de “decime lo que quiero escuchar” y “te digo lo que quiero que escuches”. La causa fue armándose hasta llegar a la conclusión que todos esperaban: que el responsable y al que había que meter preso era Yabrán. Por ello se dictó su captura. Por ello él, a sabiendas que carecía de posibilidad –seria- alguna de defenderse cuando los medios y la sociedad ya lo habían condenado, se suicidó el 20 de mayo de 1998. Muchos años más tarde –vale citarlo-, un fiscal, acusador mediático de la presidenta, al darse cuenta que las prometidas pruebas no aparecían y que había sido dejado en la más absoluta de las soledades, prefirió suicidarse. El suicidio es el hecho común entre ambas acciones que sacudieron a la sociedad argentina. La diferencia está en que para el sistema, Yabrán es un criminal; mientras que Nisman es presentado como un “héroe” (¿?). En ambos casos el encargado de estamparle los calificativos y de crear ambas ‘historias oficiales’, es el mismo establishment… La causa de Cabezas terminó por concluir en que la foto fue el motivo del crimen. Que los responsables fueron el yabranismo, con intervención de uniformados de la bonaerense y delincuentes comunes platenses. Un dato para tener en cuenta (y que los medios no cuestionaron) fue que los jueces del juicio oral, fueron los mismos integrantes de la Cámara que intervino en la instrucción… (¿?). Así, la justicia encontró el culpable que necesitaba, a la vez que ‘liber´’ de sospechas a muchos jerarcas de la policía bonaerense. La misma policía que la revista Noticias (otra vez) publicó antes del asesinato, titulando en tapa: “La Maldita Policía” (agosto de 1996). Dicho escandaloso artículo (por las denuncias que aparecían) obligó al gobernador Duhalde a descabezar la fuerza (con numerosos pases a retiro). Fue un duro golpe político para el candidato a presidente, asestado desde un sector del poder ‘pesado’. Casi se podría entender como una advertencia o mensaje, que obligó a Duhalde a reaccionar, quedando detrás del problema; sin iniciativa. De esta maniobra, además del candidato peronista a la presidencia, los otros perjudicados fueron los comisarios y subcomisarios de la bonaerense que tenían una aceitadísima estructura delictiva. Por ello, quienes mayor rencor podían tener contra Cabezas y Noticias, podrán ser estos últimos. Han pasado 2 décadas y la verdad no se conoce. Se sabe lo que la justicia concluyó, que es muy limitado y casi ‘ocultador’ de la verdad verdadera. Se conocieron los ejecutores y fueron condenados. Pero quién o quienes fueron los ideólogos del hecho, nada. Por ello, cuando de habla de Cabezas y se dice: “No se olviden de Cabezas”, no solo debe recordárselo a él, sino también a la necesidad de conocer alguna vez la verdad. No alcanza con una ‘verdad a medias’.