Jueves 26 de Enero de 2017 a las 14:37

opinion

SANTA FE: POBRE PERONISMO...!

SANTA FE-ARGENTINA (por Rodolfo O. Gianfelici) No es ninguna novedad que la política santafesina se encuentra degradada. No es algo nuevo; se inició hace muchos años y se asentúa. Y sin lugar a dudas el principalísimo responsable de ello es el peronismo; no en su totalidad, pero si por la clase de dirigentes que lo condujeron (o lo durmieron). Tras el período de José M. Vernet (1983-1987) en la gobernación, y con duras disputas internas, se pensaba que la llegada de Víctor Reviglio (1987-1991) a la Casa Gris, significaría un reforzamiento de las actividades militantes. Pero no. Este gobernador del que decían que “es un cuadro” (proveniente de Guardia de Hierro), en verdad hizo todo lo contrario. Quizás por su formación y sus limitaciones intelectuales e ideológicas, pretendió “desactivar” todo lo que no pudiera controlar al máximo. Fue un gobierno de un grupúsculo que vio como el peronismo seguía activo (en las bases) por la propia impronta interna del mismo. Luego llega el invento de Carlos Menem, llamado Carlos Alberto Reutemann (1991-1995). Para lo cual Reviglio hizo su aporte al ‘operar’ con todo su poder sobre los legisladores, para que se aprobara la bendita Ley de Lemas. Y allí se inició la autodestrucción del peronismo. Reutemann aportando su cara linda, sus ojos celestes, y sus silencios que muchos lo tamaron como una virtud del “hombre de campo”, le permitieron derrotar a un desaforado Horacio Usandizaga. Un Reutemann que recibió el apoyo de un amplio espectro de dirigentes y agrupaciones peronistas, ilusionados con que sería el encargado de ‘cambiar la historia’ en el peronismo santafesino. Fue así que salieron a juntarle avales desde guardianes a exmontoneros. El tema es que el ganador, con el masivo voto de los sectores medios (particularmente de las mujeres) llegó convencido que era el exclusivo dueño del triunfo. Y actuó en consecuencia. Sin considerara historia, valores, trayectorias y mucho menos lo que el peronismo representa, se encargó de hacer la suma. O sea: lo que se podía esperar de un egocéntrico, liberal, amiguista, anti-político y mediocre administrador. Pero sin embargo esas limitaciones, y el garantizar el pago de los salarios en tiempo (sin caer en el festival de neo-monedas al que habían sido llevados por Raúl Alfonsín), le alcanzó para cerrar una gestión que le garantizó el triunfo a Jorge Obeid. Con éste en el gobierno (1995-1999) no se podía esperar otra cosa de lo que hizo. Pero igualmente repitió Reutemann (1999-2003). Y retorno más tarde Obeid (2003-2007) fue más de lo peor (ya no solo de lo mismo). Porque los 16 años del dueto Reutemann-Obeid, sirvieron para destrozar al peronismo. Cerrar las puertas del PJ (Partido Justicialista), para transformarlo en una mera herramienta electoral, sin movilidad interna. Se impidió la capacitación, la formación, el fortalecimiento de agrupamientos; se destrató a todos los dirigentes para con ello “domesticarlos”, quitarles poder, desprestigiarlos ante sus representados. Se cayó en lo peor de la partidocracia liberal. Se reafirmó el amiguismo. Se apeló a “los técnicos” (por sobre los políticos), para llevar la política hacia el gerenciamiento, y el disponer de funcionarios-empleados, que respondan pura y exclusivamente al gobernador. Fue así que se generó como ‘recambio’, una generación de jóvenes (predominando ampliamente los profesionales) sin sustento ideológico, sin compromisos, sin anclajes sociales. Todos dispuestos a “la rosca”, pero sin militancia. A ser representantes de los intereses de algún dirigente perpetuado en algún cargo. En ser meros negociadores por el negocio mismo; para acumular espacios, no para construir, sino para realizar negocios. Y es así como el peronimo aparece desgastado. Sin ideas. Sin objetivos. Deambulando con dirigentes (sin bases) que tratar de “salvarse” con algún cargo. Un peronismo funcional y socio de las gestiones del Frente Progresista Cívico y Social que des-gobierna Santa Fe, desde el 2007. Un peronismo que reacciona (y se acomoda) a lo que otros hacen (o dejan hacer). Y lo que es peor: un peronismo vaciado, que a futuro no puede ofrecer ninguna alternativa. Porque los dirigentes que han logrado mantenerse a este tsunami interno, son los que han sido los que menos oposición pusieron a esa destrucción. Son –apenas- los sobrevivientes… pero saludables, con recursos, con cargos, con ingresos, y fundamentalmente con relaciones estrechísimas con los medios formadores de opinión y la clase dirigencial neoliberal. El peronismo no está para ‘administrar’. Ello es apenas una parte del gestionamiento político. El peronismo está para sacudir las estructuras; para transformar; para romper esquemas; para construir; para imaginar. Si no hace nada de ello, significa que se ha transformado en uno más de lo que Juan Domingo Perón solía denominar la “democracia sociedad anónima”. Por lo cual es poco lo que puede ofrecer este peronismo. Hasta podría llegar a pensarse que el más coherente en esta “transformación” que le han impuesto al peronismo santafesino, y su mejor intérprete es el chistoso… Miguel Del Sel. Los que se han quedado con el sello (del PJ) quizás no se fueron por ser, además de ineptos, contenidos.