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Domingo 19 de Mayo de 2013 a las 16:26

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ARGENTINA, DÓLAR Y CULTURA

SANTA FE-ARGENTINA  (por Rodolfo Omar Gianfelici, PrensaMare, www.prensamare.com.ar)  La presión de la patria financiera (con el aporte nada desinteresado de los medios formadores de opinión) está en obligar al Gobierno nacional a que devalúe. De esa forma quien disponga de dólares que viene acaparando desde hace mucho tiempo lograría acceder (a comprar) bienes en forma más abarcativa. Podrìa comprar màs que antes, con la misma cantidad de dólares. Pero el que deba en dólares deberá conseguir cada vez más pesos para poder afrontar su deuda. Los formadores de precios inmediatamente aumentarían, y los trabajadores, que deberían salir a pedir actualización de sus haberes, verìan que le meten la mano en el bolsillo de un día para el otros sin defensa alguna. Se producirìa una transferencia de recursos sin poder oponerse, como realizara escandalosamente en 13 mega-devaluaciuones que realizó José Luis Machinea en la presidencia de Raúl Alfonsín. Hoy la economía argentina es fuerte, más allá de lo que mientan los medios. Porque es confiable y previsible. Se podrá estar en contra de las decisiones de la presidenta Cristina Fernández, pero su rumbo es claro y contundente. El sistema financiero está pesificado. La deuda es la más baja de la historia en función de su PBI. Existen suficiente y alto nivel de reservas. Se mantiene el ordenado superávit comercial. Desde hace 8 años el grupo Clarín, La Nación, La Prensa y Perfil, y sus medios controlados, vienen anunciando catástrofes económicas, que no se producen. Pero generan un cierto medio en los sectores medios. Los asustan y les hacen creer que la única seguridad del país es poseer dólares. Es una cuestión cultural; por ello es entendible que los medios y los economistas y dirigentes de la clase política liberal, neoliberal y derechista busque asustar a los sectores medios. Porque son los más fáciles de manipular, por su maleabilidad y falta de capacidad de entendimiento y análisis. Por ello constantemente están dándole valores monetarios de divisas, “informándole” sobre las variaciones (supuestas) del dólar en el mercado negro. Los poderosos se niegan a reconocer el valor del dólar oficial; ellos establecen el propio valor. Hacen lo mismo que con la inflación. Los datos oficiales no sirven; solamente los de ellos. Es una cuestión cultural. Se escriben su propio diario. Es así que hasta le cambian la denominación al dólar. En lugar de llamarlo “dólar ilegal”, le dicen: “dólar blue”. Y los sectores medios repiten alegremente; porque leen lo que les han indicado que deben leer, y lo consideran como la única verdad. Es una presión psicológica constante. Cuando los medios y la clase política derechista sostiene que el anterior y este gobierno son “conflictivos”, lo que en verdad hacen es mentir. Lo que existe un un choque de proyectos. Ello genera reacciones. Los conflictivos -en verdad- son ellos, que se niegan a aceptar las decisiones soberanas de un Gobierno constitucional, democrático. De allí que los que confrontan son ellos; el establishment que se niega a aceptar las leyes de juego de la democracia, donde un gobierno ratificado rotundamente con el 54% de los votos trata de avanzar en la puja distributiva.

El Estado exige que se paguen impuestos y sale a recaudar. Ello molesta a los más grandes evasores. Si bien el 5% de la población aporta el 95% de lo que se recauda, también es cierto que ese ínfimo grupo es el más evasor. Esa recaudación el Estado la reasigna, la distribuye según una clara política de aliento al crecimiento interno, la generación de empleos, la inclusión social y el desarrollo de obras transformadoras. Ello se contrapone al proyecto dependiente que la clase política opositora ha defendido históricamente y que busca implementar en el país a toda costa. Defienden una Argentina del atraso, basada en la agroexportación, la patria sojera, la exportación de carnes y recursos naturales. Otorgándole a las corporaciones el libre uso de las divisas (ingresados por el comercio al exterior), donde el paìs debe salir a buscar dólares mediante un alto endeudamiento. Una situación que obliga a pedir créditos a organismos internacionales de créditos, que terminan por condicionar la política interna. Esto lleva a chocar; pero no por decisión del Gobierno que aplica su plan de gobierno y las leyes que aprueba el Congreso, sino porque el establishment se opone. En esta situación aparecen los agoreros fondomonetaristas que se asombran y denuncian que “por falta de seguridad política y jurídica se fugan capitales e inversiones”. Son los mismos que han mantenido silencio y han ocultado que en 2 décadas (1992- 2012) los “inversores” y las corporaciones se llevaron 160.000 millones de dólares. Dinero que eran ganancias; rentabilidad no declarada; utilidades que no pagaron los impuestos correspondientes. Que estafaron al estado y le robaron a los contribuyentes la posibilidad de obras públicas, sanidad, cultura, subsidios...

Uno de los temas más increíbles en cuanto a la manipulación de la clase media está en que la actividad inmobiliaria “cayó el 41%” (Ciudad de Buenos Aires, Trimestre I de 2013). Lo cual así dicho, sin explicación alguna, puede sorprender de manera alarmante a cualquiera. Pero existe un silencio malintencionado. Porque mientras es verdad que se ha caído la venta de inmuebles, la construcción crece. Parece una incongruencia, pero no lo es. Por el contrario, constituye una clara forma de autodefensa de los ahorristas argentinos. Se ha producido un desfasaje total en los valores inmobiliarios y de construcción. Porque se ha llegado a la locura que un inmueble usado vale más que uno nuevo (!). Ante ello, el inversionista no compra (lo viejo) y apuesta por construir. Saca el dinero de la inversión de un lado y la vuelca en otra. Ante precios no razonables, disparatados, de especulación exagerada, el tenedor del dinero, decide no gastarlo y sumarse a construir, que le resulta más barato (!). Este dato informado parcialmente busca generar miedo, y que exista un vuelco hacia la búsqueda de dólares. Al producirse ello, se genera una presión (por conseguir dólares) y automáticamente los tenedores de ellos, lo aumentan. Y cuando no los consiguen en la cantidad que desean instalan la mentira del famoso “cepo cambiario”. Otra típica mentira del equipo clarinestista. Porque en Argentina no existe “cepo” alguno. Como en cualquier país “serio” (que la oposición reclama imitar), quien quiera obtener dólares, una moneda extranjera, debe justificarlo. Si lo hace, los puede comprar. Tanto es así que los importadores lo hacen por 77 mil millones de dólares sin problemas, pero cumpliendo con las exigencias de controles establecidos. El Estado quiere que los dólares se usen para pagar lo que se deba importar para el crecimiento nacional. No para especular. El que quiera ahora, que lo haga en pesos, que es la moneda nacional. Es una lucha cultural, en la cual el grupo Clarín pretende victimizar a toda la sociedad argentina, como si en su totalidad estuviera pendiente de los dólares. Un dato no menor indica que apenas un 8% del país esta relacionado con el dólar. Sin embargo dicha corporación instaló el término “cepo”, que recuerda a épocas del colonialismo español cuando era usado como un elemento de tortura. No es una comparativa inocente; es asqueante. Máxime si se tiene en cuanta que proviene de un grupo económico que ha sido cómplice de la peor dictadura violadora de los derechos humanos que soportó el país (1976-83). El grupo sabe que todo lo relacionado con tortura está instalado en gran parte de la sociedad; que ello impacta; que genera un cierto dolor. Lógicamente que no en ese 8% dolarizante, sino en un amplio sector social al que busca usar como un preservativo (o forro) de presión y de inestabilidad contra el Gobierno nacional. El grupo Clarín habla de “dólar blue” y de “cepo”, cuando debería decir dólar ilegal, compra penada por las normas nacionales.

Dentro de esta lucha de los fundamentalistas del neoliberalismo encubierto, ahora han salido a enojarse por la propuesta del retorno de capitales que propone el Gobierno. Muestran su veta más hipócrita oponiéndose al ‘blanqueo’. Afirman que es injusto porque se perdona a los evasores. Justamente ellos, que son los máximos evasores (!). Pero lo que en verdad les molesta es que esta oportunidad del Gobierno es irresistible; porque habiendo sido evasores podrán regresar sus dineros. Pero deben hacerlo para fortalecer el proyecto de producción en marcha. Si bien desde el punto de vista moral es inaceptable, desde lo práctico es una interesante herramienta, para asestarle un golpe a los especuladores. Y ellos mismos saben que es así. Les duele, pero la tentación es muy grande. Una maniobra de la gestión de Cristina Fernández que los descolocó. Si ellos mismos –los grandes evasores- en muchas oportunidades han reclamado ‘blanqueos’. El tema es que el Gobierno les oferta ello, pero condicionándolo a que esos dineros fortalezcan el proyecto; no es gratis !. Si el Gobierno logra una aceptable respuesta de parte de los evasores, se podrá avanzar en proyectos estratégicos. Porque los crecimientos de los últimos años encuentran a una Argentina que tiene déficit, que “hace agua” en muchos aspectos. Porque han aumentado, se han incrementado los consumos, los crecimientos, pero el país no estaba preparado para ello. La Argentina moldeada por los criminales de la dictadura y consolidada por Alfonsín-Menem-De la Rúa-Duhalde era la de una Argentina para pocos. Se necesitan crecimientos e inversiones, y en ese sentido se debe ser pràctico. Puede el Gobierno repatriar y expropiar esos capitales fugados ? No. Esos capitales en el exterior, le sirven para algo al país ? No. Argentina necesita capitales ? Si. En consecuencia –màs allà de lo moral`, bienvenidos sean esos dineros, si sirven para consolidar y fortalecer esta nueva Argentina en marcha.

 
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