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Sabado 18 de Enero de 2014 a las 19:55

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GRECIA, EUROPA Y LOS INMORALES

SANTA FE-ARGENTINA  (PrensaMare, www.prensamare.com.ar)  i Grecia, y quizá Europa entera, hubiera quebrado no económicamente sino moral, cultural y políticamente? ¿En qué consiste la ganancia si los griegos pagan sus deudas, coadyuvan a la supervivencia del euro y pierden su alma? La bancarrota política y moral es algo que no sólo persigue a los griegos sino a Europa entera. Grecia constituye el futuro de Europa. Y ya se sabe que en el futuro lo mejor y lo peor siempre van de la mano. Empezaré por lo peor.

 

Los efectos acumulados de las tres fases de aplicación de medidas de austeridad están dando resultados pavorosos. El primer memorándum impuso recortes en los salarios y pensiones de los empleados públicos de hasta un 50% y una pérdida estimada de 150.000 empleos. El segundo programa imperativo de medidas de ajuste se dirigió al sector privado y disminuyó el salario mínimo en un 32%, abolió la negociación colectiva y otros sistemas de protección laboral vigentes desde hacía muchas décadas. Estas medidas fueron acompañadas de aumentos en los impuestos directos e indirectos, en las tarifas de los transportes públicos y en los peajes de las autopistas, así como un muevo gravamen sobre la propiedad articulado a través de la factura eléctrica. Los bienes y edificios aún de titularidad pública, comprendiendo puertos, aeropuertos e incluso islas, se privatizarían a precio de saldo. La acrópolis será el próximo. La economía se contrajo un 24% en sólo cinco años, la mayor caída que se haya producido en cualquier país en tiempos de paz. En 2012, la tasa de desempleo ronda el 25%, y alcanza el 55% en el caso de los jóvenes que buscan trabajo. Conlleva la muerte de una generación entera, un genecidio, si se me permite el neologismo. La austeridad ha conducido a una crisis humanitaria de una magnitud descomunal que afecta a los que han perdido su vivienda y que ha provocado un aumento de las enfermedades mentales y los suicidios hasta niveles sin precedentes. Los hospitales no pueden funcionar por no disponer de las medicinas más básicas, las escuelas no disponen de libros de texto ni petróleo para calefacción, los comedores populares no han dejado de proliferar, con dos millones de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza.

 

¿Cómo pudo llegarse a esta situación tras tal cantidad de importantes reuniones al más alto nivel y análisis concienzudos de los expertos? No es necesario ser un sabio para explicarse este fracaso estrepitoso. Los recortes en el gasto público y los aumentos de impuestos durante una depresión siempre contraen la demanda, aumentan el desempleo y detienen el crecimiento. Los ingresos fiscales caen, mientras los gastos por prestaciones por desempleo y otras partidas sociales se disparan. El déficit aumenta, los objetivos de la política fiscal se incumplen, lo cual lleva a aplicar nuevas medidas de austeridad para tratar de reducir la brecha. Se trata de una espiral viciosa dictada por la idolatría tóxica de la teoría económica dominante. Si los funcionarios del Fondo Monetario Internacional fueran estudiantes de primer curso de Economía, sin duda habrían suspendido sus exámenes. Desgraciadamente, su diktat ha provocado que muchos suspendan sus vidas.

 

Pero el fracaso y la responsabilidad de la elites griegas es si cabe aún mayor. Fueron los políticos, banqueros y patrones de los medios de comunicación quienes acabaron poniendo su país de rodillas tras 40 años de ejercicio inmisericorde de su capitalismo corrupto y clientelar. Harán lo imposible para retrasar el final inexorable de su modus vivendi. Grecia constituye un caso de manual de un proceso de descomposición moral y colapso político de un sistema de poder. Existes muchas evidencias de que el gobierno griego maquilló las cifras macroeconómicas en 2001 para conseguir entrar en el euro. La espiral imparable de créditos y acumulación de deuda fue entonces utilizada por las elites gobernantes para engrasar a fondo los mecanismos clientelares. El gobierno de Papandreu actualizó las cifras del déficit, pasando del 3% al 15,4% y provocando así la intervención europea. Para taparlo todo, cada paquete de medidas que se aprobaba significaba un aumento de la deuda. En 2009, la deuda griega representaba el 120% del Producto Interior Bruto. Al año siguiente ya estaba en el 190% y, tras un sufrimiento indecible de una docena de años, puede que en 2021 se haya reducido al 125%, es decir por encima del guarismo del año 2009. Las medidas de austeridad son un multiplicador de la deuda, que no deja de aumentar y actúa como la metástasis de un tumor maligno. La sociedad griega se está hundiendo antes nuestros ojos y la única respuesta consiste en más préstamos para refinanciar los préstamos antiguos, lo cual aumenta la cuantía global de lo que se debe. Es como tomar prestado de la Visa para cancelar la deuda de la Mastercard.

 

He denominado la combinación de neocolonialismo europeo y obediencia servil de la elite griega “el deseo de deuda”. Y al ser un “doble genitivo”, el deseo de deuda nos obliga a hacernos dos preguntas a la vez: ¿Quién deseó la deuda y qué desea la deuda? La única explicación coherente consiste en que las elites deseaban la deuda, primero a través de su insensata borrachera de gasto y endeudamiento y después a través de los deliberados incrementos en el cálculo de la misma. ¿Qué desea la deuda? Puesto que los griegos son deudores, entonces los griegos deben destruir lo viejo y adoptar valores económicos, culturales y morales radicalmente nuevos. Como el platónico pharmakon, la deuda es veneno y cura, maldición y bendición, causa de pasión y a la vez de resurrección.

 

La austeridad apunta a una reestructuración entera de la vida en el capitalismo tardío sumido en una crisis crónica. Las prácticas laborales se van pareciendo cada vez más a las de China. La urdimbre moral de las relaciones sociales entre las personas, los lazos de amistad, solidaridad y hospitalidad que aun persistían del periodo previo a la modernización capitalista están siendo debilitados. La moralidad dominante es ahora el cinismo y el nihilismo. La austeridad puesta a prueba en Grecia se exporta ahora a Portugal, Irlanda, España, Italia y Gran Bretaña. Lo que nos espera es la reinstauración de un capitalismo victoriano a través de un Estado autoritario. Grecia puede ser el futuro de Europa.

 
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