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EL CAMINO SUDAMERICANO

SANTA FE-ARGENTINA  (por Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare, www,prensamare.com.ar)  Mientras las decadentes dirigencias tradicionales y los multimedios se alarman por los cambios en los países sudamericanos, lo que en verdad hacen es la defensa de la dependencia. Si hoy la opción fuera militarista, como lo enseñó el imperio anglosajón en las décadas de los 50 a los 80, ellos no dudarían en reclamar y alinearse junto a dictaduras cívico-militares. Hoy la situación en el continente es diferente a aquellas décadas. Desde los centros de poder impulsaron las democracias, a cambio de la liberalización de sus economías. En el único territorio en que las urnas le fueron arrancadas mucho antes de lo que el imperio deseaba, fue en Argentina. Porque existió el peronismo. En los otros países las dictaduras duraron lo que consideraron necesario, para asegurarse sus descendencias políticas. El triunfo del candidato del régimen argentino en 1983, Ricardo Alfonsín, les sirvió para tratar de echar un manto de olvido favoreciendo a los criminales; para consolidar la escandalosa deuda externa; y para minar el futuro del país. Inclusive alentaron los "juicios a las juntas militares", virtualmente entregando a los criminales uniformados, como forma de generar `circo`, mientras negaban `pan` a las grandes mayorías. Ello no significa que los criminales no debieran ser juzgados. Pero es necesario tener en claro que el imperio los entregó, cuan si fueron preservativos. Mientras que a los que fueron los ideólogos civiles, los protegió, como el caso de José Martínez de Hoz y los de los equipos económicos entre 1976-83. Un caso `especial` fue el del uniformado Albano Harguindeguy, protegido por sus relaciones y servicios que le había prestado en su momento a su amigo y compañero de armas en el Liceo Militar, Raúl Alfonsín...

Cuando Carlos Menem claudicó, el imperio entendió que lograba el objetivo de toda la historia: destruir al peronismo. Asimilarlo como un partido demoliberal, imponiendo políticas neoliberales. Con Eduardo Duhalde también el imperio se sintió a gusto. Hasta que llegaron Néstor Kichner y Cristina Fernández. Rompieron el molde que ya había comprado la partidocracia liberal argentina. E iniciaron un camino diferente a lo programado. A partir de allí Argentina -que reencontró el camino del peronismo- se transformó en un mal ejemplo. La reactivación del mercado interno, la acumulación de recursos para políticas independientes, la generación de puestos laborales genuinos, la incorporación o inclusión de millones de personas a un sistema más solidario, constituyen hechos no aceptados por el imperio y sus socios menores.

Pero ello no es casual. Responde a un proyecto en marcha, que se relaciona con otros que se llevan adelante en Brasil, Ecuador, Bolivia y Venezuela. Cada uno con sus propias características y respondiendo a los que sus clases dirigentes impulsan. Pero coincidiendo en dar respuestas a las mayorías populares y en mantener mayor independencia de los centros de poder imperiales. Los últimos años los países sudamericanos han ido creciendo en sus relaciones en el sub-continente. La tasa de crecimiento es elevada. Cosa que se contrapone con lo que afrontan los países del Caribe, con tasa de crecimiento inferior y con mayor relación con EEUU, que entre ellos mismos. Son dos hechos a tener muy en cuenta, porque nada es casual. Para ello, se avanzó en el Mercosur, la Unasur y la Celac. Existe un eje Caracas-Brasilia-Tierra del Fuego. EEUU le contrapone el eje: Panamá-Bogotá-Santiago. En ese juego geopolítico, EEUU fracasó en su intento golpista en Ecuador, pero sacó ventaja con el desplazamiento de Fernando Lugo de la presidencia paraguaya. El objetivo es claro, y lo marcan los medios informativos a diario: que Paraguay se marche del Mercosur. En ese sentido, se fortalece la idea USA para que Bolivia no pueda tener su salida al Pacífico.

El golpe parlamentario paraguayo tiene sus líneas en la embajada USA, el capital financiero, la patria sojera y la minería. Así como el golpe a Zelaya en Honduras, fue un golpe a la integración de la ALBA que lidera Venezuela, el golpe de Asunción apunta a debilitar el eje Caracas-Brasilia-Tierra del Fuego. EEUU consideró de vital importancia que Paraguay sea sacada de la órbita brasileña, de la que dependió históricamente. De esa forma envió un mensaje de ruptura a la integración regional. Por otra lleva adelante una dura pelea en el interior argentino con el Grupo Clarín a la cabeza. El objetivo es demostrar que el proyecto peronista es impracticable. Que lleva al fracaso. Que es malo porque sí. Porque lo que está haciendo el peronimo es grave para el imperio del dinero. Argentina le está diciendo que haciendo lo que le conviene a los argentinos les va bien. Que se puede pagar la deuda. Mejorar los ingresos. Recomprar su deuda externa. Crecer. Efectuar obras de infraestructura. Avanzar en educación, cultura y capacitación. Mejorar las condiciones de vida de la población. Multiplicar por 4 la cantidad de parques industriales. Crear más de 5 millones de puestos laborales. Mantener independencia en foros internacionales. Rechazar la concentración del ingreso global. Argentina pone en tela de juicio lo que proclama el imperio. Y el ejemplo argentino podría cundir y ser copiado por las víctimas del imperio: Grecia, Portugal, España, Irlanda, Francia...

Argentina plantea un proyecto diferente al que impone el imperio, el FMI, los bancos y las calificadoras de riesgo. Y no le va mal. De allí que el peronismo ha vuelto a ser el gran enemigo del mundo. Porque así como Venezuela vive de su interminable riqueza petrolera, Argentina subsistió y se recuperó gracias a un plan económico contrapuesto a lo que planeal los poderes internacionales. Argentina apuntó a lo redistributivo del salario, y a una clara mejora de la calidad de vida de la población. Con ello, a mejorar la actividad productiva. Es así que el imperio considera mucho más peligroso lo que ocurre en Argentina, que lo que hace Hugo Chávez, más allá de haberlo demonizado.

En este camino, el imperio acepta lo que hace Brasil en cuanto a aumentar la actividad económica e incorporar más ciudadanos al consumo. Porque en definitiva el proyecto brasileño no es el peronista. Porque en Brasil practicamente es mínima la redistribución del ingreso (lo contrario a lo de Argentina). Brasil crece según lo `permitido` por el imperio. Existe dinamismo en la economía con aumento del gasto público, que en definitiva -si bien se incorpora más población como consumidora- no aumenta la distribución del ingreso. Es en síntesis, una distribución mayor del gasto fiscal. Lo que ha hecho el imperio es enviarle un mensaje a Brasil en el sentido que no le objetan el tema económico, sino que le cuestionan el impuso de la unidad regional. Un tema que resulta de vital importancia para el Brasil del futuro, porque con semejante superficie y tantos recursos naturales, está en la mira de la recomposición del neocolinialismo imperial. Un tema que tanto Lula como Dilma Rousseff conocen de antemano. El Brasil del futuro necesita de una Sud América unida. Si no lo logra, de una u otra forma el imperio intentará avanzarlo territorialmente. La instalación de bases militares en Colombia y las futuras en Paraguay tienen el objetivo de preparar el camino. Dependera de los líderes brasileños si saben entender la historia y avanzar o se quedan a mitad cde camino (suicidándose).

 
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