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LA NACIÓN, RUCCI Y LA VERDAD

SANTA FE-ARGENTINA  (por Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare, www.prensamare.com.ar)  En medio de una ofensiva total que están llevando adelante el Grupo Clarín y La Nación -desde los medios-, y la derecha y el liberalismo político en general, contra el gobierno nacional, se vuelve a instalar la muerte, el asesinado del sindicalista José Ignacio Rucci. No es un hecho casual. Está por de más de demostrada la ineptitud, la incapacidad y la irresponsabilidad de la derecha política argentina. Tienen nombres y apellidos en lo político: Hermes Binner, Ricardo Alfonsín, Julio Cobos, Rubén Giustiniani, Pino Solanas, Mauricio Macri, Eduardo Duhalde, Elisa Carrió... Tienen nombres y apellidos en lo sindical: Gerónimo Venegas, Luis Barrionuevo, José Pedraza, Hugo Moyano... Y tienen nombres y apellidos en ambiciosos como José Manuel De la Sota, Patricia Bullrich, Francisco De Narváez... Está en el ambiente la decisión de fogonear el enfrentamiento social. Los mismos que históricamente se lastimaron los nudillos de las manos golpeando las puertas de los cuarteles, son los que ahora golpean cacerolas. Carecen de votos, y de botas. Pero persisten en su objetivo por hacer fracasar al Gobierno nacional y su proyecto en marcha. Hasta el momento las maniobras que la derecha montó para ideologizar de manera frontal a nivel social, han fracasado. Pero no renuncian a ello. Pretenden que el Gobierno quede encerrado en la defensa -ahora- de un crimen y con ello reeditar la política que desarrolló por años, la teoría de los dos demonios. Un invento departamentoestatista (creado en EEUU, por el Departamento de Estado) que le tocó al radicalismo y a Página 12 (la que dirigía Jorge Lanata) instalarlo en el país. Ahora, ante el derrumbe y espanto que causa la UCR, la derecha ha buscado que sea desde adentro mismo del peronismo que se avance en ese sentido. De allí esta `preocupación` mayúscula del Grupo Clarín-La Nación, por instalar el tema que llevan adelante un grupo de dirigentes (sin votos) identificados en el peronismo.

 

Resulta por demás de sugestiva, llamativa y sospechosa esta defensa por la investigación de una muerte, que sustentan y defienden estos medios. Los mismos que tienen sus manos manchadas de sangre a causa de su complicidad con los crímenes de la dictadura cívico militar de 1976-83. Es más: resulta asqueante que estos medios sean los impulsores reales desde lo metodológico, para reavivar este tema. Porque son los mismos que no dicen que la familia Rucci percibió una indemnización económica por la muerte de José Ignacio Rucci, a manos de la terrorista `triple a`.

 

En la edición de La Nación del 27-9, aparece un artículo sobre la muerte de Rucci. donde se hace un relato y se ponen palabras que habría manifestado el presidente Juan Domingo Perón: "...José Ignacio Rucci estaba siendo velado en la CGT cuando llegó el flamante presidente electo, Juan Domingo Perón, junto con su esposa y compañera de fórmula, Isabel. Eran las 9.30 del miércoles 26 de septiembre de 1973. -Me mataron a un hijo-, les comentó a los llorosos parientes del secretario general de la CGT. -¿Por qué, general?-, balbuceó la esposa de Rucci, Coca. -Por leal-, contestó, seca, Isabel Perón. Las manos de Perón acariciaron las cabezas de Claudia y de Aníbal, los hijos de la víctima. Un grupo de periodistas le hizo señas; Perón se les acercó y les dio una frase para los diarios del día siguiente: -Estos balazos fueron para mí; me cortaron las patas-...".

Y agrega la nota: "...los balazos que acribillaron a Rucci habían partido del propio peronismo, de Montoneros, que en apenas tres años se había convertido en uno de los sectores mejor organizados y más poderosos del heterogéneo movimiento fundado por Perón...". Y sigue: "...mientras Perón basó su gobierno en el pacto social entre sindicalistas y empresarios, Firmenich y los montoneros siguieron reivindicando la lucha de clases, la disputa mortal entre el trabajo y el capital. En el pacto social de Perón, Rucci era una pieza central porque le garantizaba un freno a las demandas salariales. Perón se quedó sin uno de los pilares de ese acuerdo pensado para garantizar el crecimiento de la economía y mantener la inflación bajo control...". También expone el mismo diario: "El juez federal Ariel Lijo consideró probada la visita de Firmenich a El Descamisado sobre la base de testimonios de periodistas que participaron de aquel encuentro. Lijo llegó a la conclusión de que el ataque había sido realizado por Montoneros por su enfrentamiento interno con Perón y sostuvo, de acuerdo con la interpretación de la actual Corte Suprema que, como fue un crimen de la guerrilla, ya había prescripto; no valía la pena seguir investigando y por eso archivó la causa sin llamar a declarar a Firmenich ni a Ernesto Jauretche, "oficial" montonero y subsecretario de Asuntos Municipales bonaerense, a quien le dedicó varios párrafos en su sentencia".

Sin error a equivocarnos, es verdad que Montoneros nunca reconoció esta muerte. Porque no la ejecutó. Si bien existieron pintadas callejeras donde `indirectamente` se podía sospechar que se asumía como propia esa muerte. Más, no existió. Durante décadas, los principales dirigentes de Montoneros han negado la autoría del hecho. Es bueno recordar que estos medios `tan preocupados` ahora, son los mismos que vendieron `pescado podrido`, endilgándole el crímen del Padre Mujica a Montoneros, a sabiendas que lo había hecho la `triple a`. Pero en ese momento, a los medios formadores de opinión (y al imperio) le convenía instalar esa mentira; y así lo hicieron. Los años se encargaron de sacar la mentira a la luz, sin que ninguno de los medios que habían sido cómplices de esa mentira, ni la derecha política efectuara una autocrítica seria o reconociera su servilismo conciente y complaciente.

Rucci fue matado por el imperio. Con su ejecución logró sus 3 cometidos. Por un lado le envió un claro mensaje a Perón. Por otro, le endilgó la muerte a Montoneros y ahondó el divisionismo interno en el campo nacional y popular. Y finalmente, se sacó de encima a una persona que si bien les era útil, ya se tornaba una molestia.

Seamos claros: Rucci apostaba a una derechización del gobierno con participación activa y protagonista del sindicalismo y sus grupos de choque. El tema era que pretendía negociar `de igual a igual` con los ejecutores (en el país) del imperio, que tenía su propia estrategia, tácticas y tiempos. Rucci consideraba necesario avanzar sobre Perón "para salvarlo de los zurdos". Su propuesta era una reedición de la teoría de Augusto Timoteo Vandor, en cuanto a "estar contra Perón, para salvar a Perón". Rucci mantenía fluidos contactos con sectores militares con los que apostaba a una "sociedad" entre iguales. Sin entender que los uniformados solamente respondían a un jefe: el imperio; y consideraban a los sindicalistas como inferiores. Rucci aparecía como un incontrolable y riesgoso personaje. Fue así que el imperio lo sacó del medio, convirtiéndolo en un martir. Esta actitud de Rucci, en cuanto a no estar de acuerdo con la forma en que Perón manejaba la relación con Montoneros, no era nueva.

Luego del discurso del 1º de Mayo de 1974, cuando la militancia movilizada por Montoneros le dio la espalda y le vació la Plaza de Mayo a Perón (por primera y única vez en la historia...), Perón comenzó una re-composición con dicho sector. El nexo de esos contactos era el ignoto Carlos Funes (*); un peronista cercano al dirigente del peronismo cordobés Raúl Bercovich Rodríguez (1922-1993). En su departamento porteño se realizaban reuniones con asistencia de los máximos conductores de Montoneros. Perón había comprendido su grave error de atacar a la juventud. Esta situación e intención del General, no era del agrado de ciertos dirigentes que estaban cerca de él.

Otro hecho a tener en cuenta y de vital importancia para comprender quién era y cómo actuaba Rucci, fue cuando éste tomó conocimiento que Perón había determinado que Héctor J. Cámpora fuera el candidato del peronismo en las elecciones de 1973. Al anoticiarse de la decisión -con Perón ya en vuelo de regreso hacia Europa-, Rucci pareció enloquecerse, gritando e insultando.

Teniendo en cuenta los protagonistas de aquellos años, y los de ahora, se podría concluir en que el imperio vuelve a utilizar la misma herramienta del enfrentamiento interno en el peronismo, no dudando en considerar que en estos momentos les resulta conveniente recurrir y usar nuevamente el crímen de Rucci, a favor de sus intereses. Lo lamentable está en quienes se prestan a esto, por incapacidad, o como idiotas útiles.

(*) Carlos Delcio Funes, El Chango, fue mensajero personal de Juan Perón. Años más tarde armó toda la estructura política que llevó a Carlos A. Reutemann a convertirse gobernador de Santa Fe. Fue diputado nacional (1993-97) y luego senador nacional (desde febrero de 2001; asumió en reemplazo del fallecido senador Arturo Di Pietro). Era cordobés, nacido en 1931; casado y 4 hijos. Murió el 29 de julio de 2001 de cáncer.

 
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