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Miercoles 11 de Setiembre de 2013 a las 19:45

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EL CRÍMEN DE GIUSTINO DI CELMO

ROMA-ITALIA  Con la llegada de cada septiembre, Giustino Di Celmo, padre de un joven italiano asesinado en 1997, recuerda las acciones de grupos terroristas anticubanos que provocaron la muerte de su hijo Fabio en atentados con bombas contra hoteles de la isla.

  Hace 15 años, agrupaciones extremistas de Miami organizaron bajo la tutela del terrorista Luis Posada Carriles varios ataques contra instalaciones turísticas cubanas, como parte de la agresividad estadounidense de más de medio siglo hacia Cuba.

En una de esas acciones, en el hotel Copacabana, falleció Fabio, una de las víctimas de los 11 artefactos explosivos colocados en lugares turísticos para desestabilizar a la nación caribeña.

4 DE SEPTIEMBRE DE 1997

Ese día, me hallaba trabajando y toca la casualidad que había acabado de pasar por el lobby, cuando decido organizar algunas cosas en la oficina. De pronto, siento un estallido. Nunca imaginar que fuera una bomba, rememora Julia Hautrive, empleada del hotel Copacabana.

Al salir al lobby, vi a Fabio tendido en el suelo; enseguida lo reconocí, porque lo había visto por la mañana. Además, el día antes yo le había hecho un trabajo de mecanografía y él en agradecimiento tuvo la delicadeza de obsequiarme cinco piezas en miniaturas, las cuales guardo celosamente, agregó en entrevista con Prensa Latina.

Giustino â�öque se encontraba en el hotelâ�ö iba a reunirse en el almuerzo con Fabio y dos de sus amigos, cuando oyó la explosión.

Pensó que había sido una cocina de gas, pero a los pocos minutos lo llamaron desde la carpeta para decirle que su hijo estaba gravemente herido.

Ese 4 de septiembre, un artefacto explosivo apagó la vida del joven Fabio, de apenas 32 años, cuando una esquirla de metal del cenicero donde estaba puesta la bomba, se le incrustó en la parte izquierda del cuello y le cercenó una vértebra cervical y la arteria carótida.

Todo ello lo recuerda Hautrive, quien se desempeña como secretaria de la dirección del hotel y sobrevivió a momentos de su infancia marcados por el terrorismo contra la isla, acciones organizadas y financiadas por la CIA.

Tuve vecinos que perdieron familiares cuando el sabotaje al barco La Coubre en 1960, que venía con armas para la defensa de la naciente Revolución que se encontraba bajo el asedio de sus enemigos del Norte.

Después en 1961, presencié el ataque al aeropuerto de Ciudad Libertad, como preludio de la invasión mercenaria a Playa Girón.

Yo vivía al costado del aeródromo y recuerdo los tiroteos. Incluso, cerca de la ventana de mi cuarto cayó el ala de un avión, aunque por suerte para mi familia, nos hallábamos refugiados en la cocina.

Pero a pesar de vivir tales eventos, me es imposible olvidar el estallido, los cristales rotos, el humo y sobre todo, el estupor, el dolor y la angustia que compartimos con Giustino cuando vio el cuerpo sin vida de su hijo, afirma Hautrive.

Esto no podrá ser borrado de mí, ni de ninguno de los trabajadores del Copacabana, dice conmocionada. Yo también pude morir ese día, al igual que muchos de los que aquí laboramos, agregó.

Fabio era un muchacho excepcional que compartía de igual a igual con nuestros trabajadores, que jugaba fútbol con ellos. Era un gran admirador del Che y de Fidel, señaló Hautrive.

Recuerdo que siempre me pedía que le guardara la prensa. Le interesaba conocer mucho de la realidad cubana y la historia de nuestro país, rememoró.

15 AÑOS DESPUÉS

A pesar del tiempo transcurrido, no existe consuelo para la familia Di Celmo, la cual tiene que soportar el modo en que el Gobierno estadounidense protege al autor intelectual de los hechos, Luis Posada Carriles, pese a que también es responsable de la voladura en 1976 de un avión civil cubano con 73 personas a bordo.

Ningún dolor puede ser más grande que la muerte de un hijo y más aún cuando es causada por un hecho violento y cruel, afirmó Giustino, el progenitor de Fabio Di Celmo.

¿Cómo es posible que un país como Estados Unidos que dice condenar el terrorismo albergue a este terrorista con una larga hoja de crímenes que incluyen la voladura del avión de Cubana en Barbados, el asesinato de cientos de venezolanos y la muerte de mi hijo?, se preguntó.

Jamás olvidaré las declaraciones de Posada Carriles, publicadas por The New York Times en 1998, cuando tras reconocer que había pagado la mano del mercenario salvadoreño que puso la bomba asesina, confesó sin ningún pudor que él dormía como un bebé porque "el italiano estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado", recordó.

Con múltiples denuncias en su contra, Luis Posada Carriles, terrorista comprobado y confeso, camina libremente por las calles de Miami y recibe reconocimientos y honores de parte de la mafia cubano-americana y la extrema derecha de los Estados Unidos de América, denunció Di Celmo. La farsa de su juicio en El Paso, Texas, colmó la copaâ�� Sólo se le juzgó por mentiroso, aunque quedó demostrado que había sido el mandante de la muerte de Fabio, agregó en referencia a la componenda del sistema judicial norteamericano que absolvió en 2011 a Posada.

Desde que Fabio murió juré no descansar hasta que se hiciera justicia, así me quedé en Cuba, aseveró Di Celmo.

Este italiano de 92 años cuestiona al Gobierno de Estados Unidos, por incluir a Cuba en una lista de países terroristas, "cuando Cuba sólo ha sido víctima de las acciones terroristas organizadas por criminales que Washington ha protegido y pagado".

Además, Di Celmo respalda la causa de los cinco cubanos antiterroristas condenados en suelo estadounidense por su seguimiento a grupos violentos que desde Miami operan contra Cuba. Ellos expusieron su vida, su familia y su felicidad por tratar de evitar actos terroristas como el que tronchó la vida de mi hijo, reconoce el padre de Fabio.

Conocidos internacionalmente como los Cinco, Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y René González fueron sentenciados a largas penas en Estados Unidos, incluyendo la sanción de dos cadenas perpetuas más 15 años para Gerardo.

Cuatro de ellos permanecen encerrados desde 1998, mientras René cumple tres años de libertad supervisada en territorio estadounidense, pese a reclamos de activistas por su pronto regreso a Cuba.

¿Por qué los grandes medios de difusión no hablan de que cinco antiterroristas cubanos guardan prisión en cárceles norteamericanas por tratar de evitar hechos terroristas en Cuba, mientras los terroristas viven libremente en Estados Unidos?, insiste Di Celmo.

Las respuestas a mis preguntas sólo confirmarían la doble moral del Gobierno norteamericano y de la gran prensa ante el terrorismo, consideró.

Fabio Di Celmo, es una de las víctimas de la política agresiva de extremistas anticubanos instigados y financiados desde hace más de medio siglo por Washington, y cuyas acciones terroristas han cobrado la vida de tres mil 478 ciudadanos del país caribeño y dejado más de dos mil incapacitados.

 
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