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Viernes 17 de Mayo de 2013 a las 19:18

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LOS EXTRANJEROS QUE SUIZA NO QUIERE

BERNA-SUIZA y ROMA-ITALIA  (Swissinfo, Luigi Jorio, swissinfo.ch; Traducción: Belén Couceiro; y PrensaMare)  Europa recibe decenas de miles de inmigrantes en forma anual. Algunos logran ingresar y permanecer buscando un futuro mejor; otros son expulsados. Para el imaginario colectivo, los únicos que seleccionan a sus inmigrantes son España e Italia. Sin embargo -silenciosamente- lo hacen muchos países. Y Suiza, también. Miles de ellos son apresados en suelo helvético y re-embarcados en avión para ir de regreso a su país de donde partieron o al primer Estado europeo al que arribaron. Suiza lleva adelante esa política, basado en consideraciones propias, y donde 1 de cada 5 habitantes es extranjero. El dato...: En 2010 (4 años después de modificar la Ley de Extranjería y Asilo) los suizos aceptaron una iniciativa sobre los reenvíos. La propuesta de la derecha preveía la expulsión automática de los extranjeros condenados por determinados delitos (como la violencia sexual, el hurto, el tráfico de estupefacientes o el abuso de las prestaciones sociales). Mientras en el país existen quienes pretenden leyes aún más duras, existe quienes se quejan y protestan contra los sentimientos xenófobos que tienden a criminalizar (y expulsar) a personas que no han cometido un delito. Los expulsados...: de Suiza son “dos grupos. El de personas que solicitaron asilo y el de aquellas cuya situación está reglamentada por la Ley Federal de Extranjería”, explica Hendrick Krauskopf, de la Oficina Federación de Migración (OFM). La OFM se ocupa de los solicitantes de asilo. Los cantones de notificar la expulsión de ciudadanos extranjeros que han violado las disposiciones relativas a la entrada o estancia en Suiza. Los números...: dan cuenta que en 2011, 9.461 personas abandonaron Suiza por vía aérea (8.059 en 2010). Más de dos tercios (6.669) tras no haber obtenido asilo. “Se trata de solicitantes cuyas demandas fueron denegadas o no fueron admitidas a trámite”, precisa Krauskopf.
 
Cuando la petición de asilo es ilegítima o incompleta, las autoridades pueden decidir no admitirla a trámite. O bien cuando el solicitante ya ha presentado una demanda de asilo en otro país signatario de los acuerdos de Dublín. Con base en el procedimiento vigente desde 2008, Suiza puede devolver a la persona al país europeo concernido. “La mitad de los demandantes de asilo expulsados el año pasado entra en el marco de los acuerdos de Dublín”, indica el colaborador de la OFM.
 
Cerca del 40% de los solicitantes no admitidos deja el país de forma voluntaria, puntualiza Krauskopf. “Esto significa que llegan al aeropuerto sin escolta policial. En el resto de los casos, un agente acompaña a la persona hasta que embarca en el avión”.
 
Para incitarles a abandonar voluntariamente el país, Suiza les proporciona una ayuda al retorno, generalmente de carácter económico. En abril, el Gobierno propuso aumentar la aportación hasta un máximo de 2.000 francos, con el fin de acelerar las partidas. Este nuevo sistema de subsidio se asemeja al Plan Magreb que ha adoptado el cantón de Ginebra para los solicitantes de asilo y los delincuentes magrebíes.
 
Sin embargo, no todos los demandantes rechazados dejan Suiza. La pista de algunos (faltan estadísticas sobre su número) se pierde en la clandestinidad. Y al carecer de documentos en regla, estas personas pasan a engrosar la lista de los denominados sin papeles.


No solo clandestinos

Los motivos de reenvío de un extranjero que ha solicitado asilo pueden ser múltiples, explica a swissinfo.ch Guy Burnens, responsable de la división Extranjeros en la Oficia de Población del cantón de Vaud.
 
“Por ejemplo, una estancia ilegal en el país. En esta categoría figuran no solamente los sin papeles, sino también los estudiantes admitidos temporalmente que se quedan en Suiza tras concluir sus estudios. O extranjeros que, después de obtener un permiso de estancia para la agrupación familiar, rompen enseguida la unión conyugal”.
 
La ley contempla la posibilidad de revocar los permisos de estancia en casos de extranjeros que dependen de la asistencia social, agrega Burnens.
 
A estas personas, cuya infracción no constituye un acto criminal, se suman los delincuentes puros y duros. Es decir, extranjeros expulsados por haber cometido un delito grave que constituyen un peligro para el orden y la seguridad pública.
 
No disponemos de cifras exactas, subraya Burnens. “Carecemos de instrumentos informáticos para este tipo de estadísticas. De todos modos, los extranjeros que han cometido una infracción grave no representan una mayoría”.
 
De hecho, según la Oficina Federal de Migración, son una minoría. De acuerdo con el antiguo director de la OFM, Alard du Bois-Reymond, en 2010 su número oscilaba entre 350 y 400 al año.


Dispuestos a negociar

El plazo para salir del país varía de un caso a otro, subraya Guy Burnens. “Si la persona no constituye una amenaza, se le conceden hasta tres meses. En casos más graves, como el de un narcotraficante, la expulsión puede ser inmediata”.
 
El cantón de Vaud, que tiene uno de los índices de población extranjera más altos de Suiza –un 30%– aboga por las partidas voluntarias, puntualiza Burnens. Si las personas no se atienen a las normas, las autoridades las convocan para discutir las modalidades de su salida del país.
 
“Estamos dispuestos a negociar el plazo, por ejemplo con las familias. A veces proponemos una ayuda al retorno, de forma análoga a lo que hacemos con los solicitantes de asilo”. La ayuda puede alcanzar los 6.000 francos y su objetivo consiste en favorecer la reintegración en el país de origen.
 
Y luego están las medidas coercitivas para quienes se obstinan en no abandonar el territorio helvético, explica Marc Aurel Schmid, portavoz de la Oficina de Migración del cantón de Zúrich: “Pueden ser meses en detención administrativa o una expulsión forzada”.
 
En los casos más extremos, la OFM y las fuerzas policiales proceden a los llamados vuelos especiales (165 personas en 2011), una medida controvertida que contempla el recurso a la fuerza física, el uso de esposas o de otras medidas de coerción.


Entrada prohibida

Teóricamente, un extranjero expulsado podría regresar a Suiza a los pocos días. Bastaría con solicitar un visado en la embajada helvética o, en el caso de los ciudadanos de la Unión Europea, valerse de las facilidades que ofrece el acuerdo de libre circulación de personas.
 
Es cada vez más frecuente que la orden de expulsión lleve consigo una prohibición de entrada en Suiza, que “tiene una duración máxima de cinco años y se puede prolongar en el caso de personas que constituyen una amenaza”, señala Marc Aurel Schmid.
 
Esta prohibición, sin embargo, no garantiza que los extranjeros expulsados regresen a Suiza. El año pasado, la policía cantonal de Zúrich constató que los más avispados no tienen reparo en solicitar un nuevo pasaporte en su país de origen para volver a Suiza bajo otra identidad.

 
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