PrensaMare

Primer diario web itálico del mundo español

Primo Giornale Web itálico nel mondo in lingua spagnola

Jueves 20 de Julio de 2017 - 13:42Hs.
- Menu
Jueves 16 de Mayo de 2013 a las 10:20

notas_columna

LO EJECUTARON EQUIVOCADAMENTE...!

SANTA FE-ARGENTINA  (PrensaMare, www.prensamare.com.ar) 

En 1989, a Carlos DeLuna le dieron una inyección letal, condenado por el asesinato a puñaladas de una mujer. Ahora, un profesor de Columbia y varios alumnos demuestran que era inocente y que el asesino podría haber sido otro Carlos, muy parecido al condenado.

En diciembre de 1989, el estado norteamericano de Texas ejecutó a Carlos DeLuna aplicándole una inyección letal. Había sido condenado a la pena capital por el asesinato, en 1983, de una mujer en una estación de servicio. La asesinada y el hombre ejecutado por el crimen compartían el ser hispanos y pobres. Ahora, casi 23 años después, un equipo de la Universidad de Columbia presentó "Los tocayos Carlos", una profunda investigación que de muestra que el condenado era inocente y que el verdadero asesino fue, muy probablemente, un tocayo muy parecido a él.


Wanda López, madre soltera, trabajaba en el local de una estación de servicio de la localidad texana de Corpus Christi. El 4 de febrero de 1983, un ladrón robó el negocio y la hirió de muerte con un cuchillo de caza. Pero antes, la mujer llegó a hacer una denuncia telefónica: "Hay un sospechoso con un cuchillo dentro de la tienda... Es un mexicano. Está de pie aquí mismo, en el mostrador".


Una testigo describió a Carlos DeLuna como el asesino y el hombre fue detenido apenas una hora más tarde. En todo momento, hasta que fue ejecutado con una inyección letal, DeLuna aseguró que era inocente y acusó por el asesinato a un tocayo suyo, Carlos Hernández, también hispano, a quien conocía, con quien tenía un impresionante parecido físico.


Según la versión de DeLuna, él y Hernández estaban juntos la noche del crimen; su tocayo fue a buscar algo a la estación de servicio y, como no volvía, él se acercó al lugar. Allí, dijo, lo vio discutiendo con una mujer y, asustado, porque él mismo ya tenía antecedentes policiales, huyó del lugar corriendo. Pero los fiscales no creían siquiera que Hernández existiera. Y el caso siguió hasta la ejecución de DeLuna, en diciembre de 1989.


Años más tarde, el profesor James Liebman comenzó a investigar. Y pudo confirmar no solo que Carlos Hernández existía sino, incluso, que había sido condenado a una pena de 10 años de prisión dos meses antes de la ejecución de su tocayo, y que esa condena fue por atacar con un cuchillo a una mujer. También, que Hernández fue arrestado 39 veces, 13 de ellas acusado de usar un cuchillo de caza. Que pasó toda su vida adulta en libertad condicional. Y, más aún, que en numerosas oportunidades había reconocido ante amigos y familiares ser el asesino de Wanda. Además, el testigo que había identificado a DeLuna admitió, años después del juicio, que tenía cierta dificultad para distinguir a los hispanos.


En su investigación, Liebman y 12 alumnos de Columbia regresaron al lugar del crimen, recopilaron información judicial, de medios y de los familiares de DeLuna y realizaron numerosas entrevistas personales para reconstruir los hechos y demostrar que el ejecutado no era el asesino y que el estado de Texas ejecutó al Carlos equivocado.


La investigación, que pretende además servir como disparador de un replanteo sobre la pena de muerte que todavía es legal en numerosos estados norteamericanos, fue presentada en el último Columbia Human Rights Law Review, que suele presentar distintas investigaciones de profesores y alumnos. Por la trascendencia y las implicancias políticas del tema, la Universidad hizo esta vez una publicación monotemática con el doble de espacio del habitual. La versión impresa de "Los tocayos Carlos" tiene más de 400 páginas; y en la versión en Internet se presenta todavía más información, con posibilidad de buscar por distintos aspectos de la investigación y de acceder a fotos, videos y audioentrevista.

 
Volver »