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UNA NUEVA "GUERRA FRÍA"...?

CIUDAD DE BUENOS AIRES-ARGENTINA  (PrensaMare, www.prensamare.com.ar)  A final de noviembre, EEUU informó de manera oficial que

EEUU suspendió su cooperación con Rusia en el marco del Tratado sobre las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE).

De esta manera se pone un punto final en la historia de uno de los  tratados más importantes que limitan armamentos. No es de extrañar, el tratado ya estaba más muerto que vivo.

La primera adaptación

La decisión de EEUU de suspender el cumplimiento de sus obligaciones derivadas del Tratado de las FACE fue anunciada el pasado miércoles en Viena por la portavoz del Departamento de Estado de EEUU, Victoria Nuland.

Cabe recordar que Rusia decretó una moratoria unilateral sobre el Tratado en verano de 2007 a causa de las discrepancias acumuladas con la OTAN. Cuatro años más tarde, Washington oficialmente dio su visto bueno para desmantelar la arquitectura prevista por el documento. Ahora se puede dar por terminada la historia del acuerdo FACE que, después de todo, no había llegado a representar una herramienta eficaz para el control del desarme.

El Tratado tenía que haberse convertido en un elemento del sistema de seguridad en el proceso global del desarme, complementando los acuerdos en materia de seguridad nuclear. Fue suscrito por los países miembros de la OTAN y los del Pacto de Varsovia en noviembre de 1990 y establecía para ambas alianzas militares restricciones  iguales con respecto a las armas convencionales emplazadas entre el Atlántico y los montes Urales.

El documento preveía  cinco parámetros de control: el número de tanques, vehículos blindados, sistemas artilleros, helicópteros de asalto y aviones y helicópteros de combate, además de amplios poderes para inspecciones internacionales e intercambio de información.

La disolución del Pacto de Varsovia y la influencia de la OTAN sobre sus antiguos miembros, deformó el mismo concepto del Tratado FACE. Las cuotas de armamento establecidas perdieron sentido tras la desintegración de una de las alianzas. La ampliación de la OTAN hacia el Este hizo del acuerdo un documento inútil que agobiaba a todas las partes signatarias.

Urgía  adaptar el Tratado a la nueva situación ya que la alteración del equilibrio del armamento en Europa en 1990 y el incumplimiento de las cuotas establecidas por parte de la OTAN se coronaron con la infracción  directa de las cláusulas del acuerdo por parte de Rusia durante la retirada de las tropas de los países de Europa del Este y tras el inicio de las operaciones militares en Chechenia.

En 1997 Moscú consiguió una modificación ventajosa que le permitía concentrar fuerzas y recursos adicionales en los flancos del teatro de operaciones europeo, en las regiones rusas del noroeste y en el Cáucaso.

En noviembre de 1999 en la cumbre de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en Estambul, fue suscrito el llamado Acuerdo de Adaptación del Tratado FACE destinado a reconstriur por completo su arquitectura con el fin de convertirlo en una herramienta eficaz de limitación de armamentos ante la nueva realidad geopolítica.

El documento establecía límites y cuotas por zonas más compactas, en lugar de por alianzas, mientras, el desplazamiento del armamento controlado por el Tratado entre las zonas se permitía con previo aviso de los socios. Además, en Estambul, Rusia consiguió aumentar sus cuotas de flanco.
El agujero negro del FACE

El acuerdo de Estambul fue firmado por 30 Estados, pero ignorado por algunos países, como las tres repúblicas del Báltico y varios Estados de los Balcanes. La ratificación del documento se quedó pendiente durante mucho tiempo y fue consumada sólo por cuatro partes: Rusia, Bielorrusia, Kazajstán y Ucrania. Los demás “se olvidaron” de hacerlo.

Ante esta situación, a principios del 2000,  la OTAN dio “un salto” al Este incorporando, en particular, los países del Báltico que se convirtieron en un “agujero negro” en el sistema de control de las Fuerzas Armadas Convencionales.

Los miembros de la OTAN, de hecho, obtuvieron el derecho de desplegar cualquier cantidad de armas sin violar el Tratado de las FACE y sus modificaciones.

Las negociaciones sobre los acuerdos de Estambul se suspendieron. El Tratado FACE de nuevo quedó inservible.

La respuesta del Kremlin

La respuesta del Kremlin, alarmado por los planes unilaterales de Estados Unidos de desplegar elementos del escudo antimisiles en Europa, no se hizo esperar.

En mayo de 2007,  Rusia convocó la cumbre de los miembros del Tratado FACE en Viena (celebrada en junio del mismo año) en la que planteó una serie de condiciones duras con los plazos concretos para su ejecución. En particular, Moscú exigió que todos los miembros del Tratado ratificaran el Protocolo de Estambul, que se adherieran a él los países del Báltico y que se suprimieran todas las restricciones de flanco para las Fuerzas Armadas de Rusia.

Tras recibir una negativa de los reunidos, el 13 de julio de 2007 Rusia comunicó a los miembros de la OTAN su intención de suspender el cumplimiento de sus obligaciones dentro del Tratado argumentando que esta decisión era el resultado de "extraordinarias circunstancias que conciernen a la seguridad de la Federación de Rusia”.

Así que las recientes declaraciones estadounidenses no tienen mucho sentido. El Tratado FACE está muerto y ni siquiera el “reinicio” de las relaciones declarado por las administraciones de Dmitri Medvédev y Barack Obama pudo reanimarlo: se quedó aplastado por los problemas vinculados al despliegue del DAM (Sistema de Defensa Antimisiles).

Ahora  que Moscú y Washington están enfrentados a causa de estos problemas y se encuentran al borde de una nueva carrera armamentista, no quedan posibilidades de “resucitar” el Tratado FACE ni siquiera adaptándolo a la nueva realidad política de Europa.

 
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