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LOS QUE HACÍAN POLÍTICA EN PLENA DICTADURA (1977)

SANTA FE-ARGENTINA  (por Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare, www.prensamare.com.ar)  Cuando se produjo el regreso democrático, muchos se presentaron ante la sociedad como perseguidos y silenciados. Aprovecharon que la prensa, se re-acomodaba, se mimetizaba a la nueva etapa y se mostraron como víctimas. En ese juego de taures, de mentirosos, tantos los medios (directicvos y periodistas) omo los políticos, supieron hacer sus justos silencios. Allí, sin lugar a dudas coincidieron en la famosa frase de: "el silencio es salud"... para ellos. Y, adecuándose a los nuevos lineamientos ideológicos que el imperio imponía para el próximo siglo, se transformaron como por arte de magia en los nuevos fiscales. Uno de los mejores ejemplos de esa actitud despreciable y asqueante la constituyó el escritor Ernesto Sábato. Un personaje nacido en un hogar humilde, de inmigrantes sicilianos que comenzó a militar en el PC (Partido Comunista). Sábato quería la revolución... hasta que su viaje rumbo a Moscú, descubrió París y se quedó allí. Con los ños se alejó de las ideas comunistas y se transformó en un acérrimo opositor. Tanto que es establishment agro-exportador porteño lo adoptó como su pluma preferida (junto a Jorge Luís Borges y algún otro). Y Sábato apoyó el golpe militar que derrocó al gobierno constitucional de Juan Perón en 1955. Fue funcionario de la dictadura. Años más tarde apoyó el golpe militar de 1966 y una década después se sumaría al apoyo del dictador Jorge Rafael Videla, con el cual almorzó y no se acordó de reclamar por ningún secuestrado, desaparecido ni torturado. Pero como el establishment le tenía reservado un "lugar histórico", el presidente Raúl Alfonsín lo designó al frente de la CONADEP. El organismo creado para investigar los hechos represivos de la dictadura y que servía para frenar la idea del peronismo que reclama la conformación de un Comisión Ingestivadora bicameral. No fue un caso aislado el de Sábato; quizás el más evidente y repulsivo. Pero si uno hace memoria, se encuentra con que en 1977, en Argentina mientras la sociedad estaba amordazada y se asistía a la más trágica de las violencias desde el Estado, ciertos políticos ejecercían como tales.

 

En abril de 1977, había sido puesto a disposición del P.E., el empresario y periodista Jacobo Timerman, Director de La Opinión. En su lugar asumió la responsabilidad editora de la revista, Rische Mindlin de Timerman; mientras que en el diario, la dirección la ejerció Ramiro de Casasbellas, asistido por un Consejo de Redacción.

Semanas más tarde, y con ls bands parapoliciales "trabajando" a pleno y en total libertad, se conmemora un nuevo aniversario de la reforma universitaria de 1918. En junio, la Fundación Eugenio Blanco que dirige el Colegio de Graduados en Ciencias Económicas de Buenos Aires, realizó un acto donde usaron de la palabra Humberto Volando (Federación Agraria Argentina), el Dr Aldo Neri, el economista Enrique García Vázquez y el ex titular de la FUA (Federación Universitaria Argentina) Germán López.
Es por ese mismo mes que desde la misma presidencia de la Nación se dejan escapar pautas para una futura apertura política; pero la misma estará condicionada a determinadas pautas básicas. Videla sostiene que pueden formar parte tanto el peronismo como el radicalismo y otras fuerzas políticas de la participación dialoguista; los considera necesarios para el futuro institucional, pero es necesario “un cambio de hombres”. Respecto al peronismo, centra en él sus máximas exigencias: renovación de dirigentes, de sus estructuras y si fuera necesario inclusive, de sus ideas. El dictador quiere y necesita un peronismo a su medida.
Videla, como cabeza de la tiranía va poniendo las condiciones de abrir la puerta a la democracia que ellos moldearán, y con determinados políticos. Acorde a sus necesidades. Como muestra de ello, para el reemplazo en el ministerio de Cultura y Educación, el presidente eligió al Dr Juan José Catalán Iramain.
Un “occidentalista y cristiano” -como él mismo se definió- que poco tiempo atrás había firmado una solicitada del SEA (Sociedad de Estudios y Acción Ciudadana) donde entre otras figuras aparecía la del ex-ministro de Justicia Dr Jaime Perriaux junto a otros “centristas” que realizaban un llamamiento al país. Del mismo sector también surgió el colaborador directo de Catalán, el Secretario de Educación, Gustavo Perramón Pearson. A todo esto el radical Raúl Alfonsín congregó a un medio centenar de radicales de su sector en una localidad bonaerense para discutir la propia estrategia interna a desarrollar en las reuniones de todos los juegos donde interviene en Capital Federal junto a sus correligionarios Antonio Tróccoli, César García Puente, Juan C. Pugliese, Anselmo Marini, Facundo Suárez y Carlos H. Perette. por su parte el autodenominado centrismo, que en realidad constituye la derecha económica, con la cabeza visible y convocante de Pablo González Bergez se pronuncia en favor de un acercamiento hacia la conjunción cívico-militar.
 
Unos meses más tarde, en setiembre y como festejo del inicio de la primavera, el día 21 el presidente Videla recibió en un almuerzo a un grupo de jóvenes con los que departió analizando la situación nacional. Entre los 14 asistentes que se sentaron a la mesa estuvieron Graciela Susana (cantante de tangos), Alberto Tarantini (futbolista), Carlos María Regúnaga (abogado), Hugo Porta (rugbier) y Eduardo Van Der Kooy (periodista; hoy el más destacado de los escribas del Grupo Clarín). El presidente aseguró que “Los partidos políticos son una necesidad dentro de la democracia, pero que tienen que cumplir con todas sus funciones y no como simples máquinas electorales”; reafirmando que “...para que un proceso tenga trascendencia debe tener descendencia”. Como una ironía del destino, dichas expresiones fueron publicadas en la Revista La Opinión, donde precisamente un gran grupo de colaboradores periodísticos en plena dictadura, se convertirían años después en la “descendencia” que pretendía el general Videla.
Y como para desmentir que todos fueron proscríptos durante la dictadura, la tapa de la Revista La Opinión Nº 24 del 16/9/77 mostraba sobre el título de La Transición Política Argentina las fotografías del “destacadado politicólogo Dr Carlos Floria”, del “Dr Carlos Alconada Aramburú, ex-ministro del Interior del general Aramburu y ex-ministro de Educación del Dr Illía”, del “Dr Jorge Reinaldo Vanossi, profesor de Derecho Constitucional” y del “Dr Luís A. Botet, ex-rector de la Universidad Nacional de Buenos Aires”, entre quienes los interrogarían se encontraba Leopoldo Moreau en representación de la publicación que organizó una mesa redonda. Por otro lado, Ricardo Balbín (UCR) concedía un reportaje al mensualrio Planteo por la Cultura de Occidente, y Alberto Natale (PDP) habló el 13 de setiembre en el Colegio de Graduados en Ciencias Económicas en el ciclo organizado por la Fundación Eugenio A. Blanco. En sintonía con l construcción de la descendencia política que imaginaban, el Ministro del Interior, general Albano Harguindeguy en La Pampa sostenía que “...está lejana la hora de los partidos políticos, porque éste no es el momento de discuciones de comité...” (13/9/77).
A su turno, en el mismo mes y el día 23, en el Museo de la Casa de Gobierno ingresó Jorge Luís Borges para disertar; minutos después lo hace el presidente Videla. “Con modesta emoción, los dos hombres se tenían de la mano. Las luces y los aplausos se sumaron a los sentimientos de afecto”. El dictador luego del clásico silencio justificó su presencia diciendo: “...mi respeto de argentino a quien nos ha representado y nos representa genuínamente en nuestro pensamiento argentino” (Revista La Opinión, 7/10/77). Borges centralizó su enfoque en Facundo y en el Martín Fierro, donde presentó al protagonista falto de ejemplo, como “...un malhechor sentimental que se compadece de su destino...”, diciendo: “Hoy me pregunto si nuestra historia no hubiera sido mejor si hubiéramos elegido el Facundo de Sarmiento” (Revista La Opinión, 7/10/77).
Menos de 6 años más tarde de esos días del ´77, la dictadura había dejado 30 mil desaparecidos, cientos de miles de alejados al exilio externo o interno; miles de presos y muertos y decenas de miles de torturados. Menos de 6 años más tarde de ese junio, Alfonsín era presidente, y entre sus colaboradores estaban Neri, López, García Vázquez, Tróccoli, García Puente, Pugliese, Suárez y Perette, junto al defensor de las anteriores 3 dictaduras: Ernesto Sábato. Cosas increibles de la política argentina.

Palabras: En un reportaje a Ernesto Sábato (foto) en Radio Antártida (setiembre de 1977): “...Este era un país de insoportables jactanciosos en los últimos años que íbamos por los países pobres, por los hermanos pobres del continente, pavoneándonos con nuestros bifes y nuestra blancura...”, “...deberemos sufrir mucho para llegar a destino. Por lo pronto, es excelente que hayamos terminado de jactarnos con eso de Argentina Potencia”, “...seamos más serios. Además yo no pretendo una Argentina Potencia, pretendo simplemente que cuando uno levante un teléfono haya tono”. Respecto sobre quienes debe caer la responsabilidad de la crísis afirmó: “Todos, en mayor o en menor medida, directa o indirectamente, todos. Es fácil siempre echar la culpa a los demás”. Más adelante en la conversación, donde habló sin censura alguna, el escritor sostuvo que “...se que únicamente debemos aceptar para salir adelante el respeto sagrado por la persona, pues ningún sistema, por bueno que sea económicamente, es bueno si se hace sobre la esclavización del hombre. Los totalitarismos de la izquierda han suprimido quizá la miseria física, pero la han reemplazado por la miseria espiritual. Los totalitarismos de la derecha también sacrificaron al hombre concreto, en nombre del Estado o de la Raza o de cualquier otro mito semejante y alienador”; una expresión tan amplia, dejaba a salvo al gobierno argentino, ya que ni de manera irónica llegó a cuestionarlo. Y sigue: “Todos los regímenes son corrompibles y en definitiva corruptos, pero al menos en las democracias esa corrupción puede denunciarse y curarse, sin que los que protestan o denuncian terminen en un campo de concentración, como en Rusia o la Alemania nazi”; tampoco en esa referencia Sábato alude, siquiera elípticamente, a los campos de concentración que existían en el país. Al final, respondiendo a la pregunta de si estaba contento de haber podido decir todo lo manifestado, sostuvo: “Naturalmente, me reconforta, podré dormir tranquilo”. Tuvo suerte el escritor, mientras pudo dormir, ese mes de setiembre de 1977, cientos de argentinos fueron secuestrados y asesinados.

 
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