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Jueves 09 de Setiembre de 2010 a las 14:57

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APORTES DE LA PRENSA AL AMBIENTE GOLPISTA (1976)

SANTA FE-ARGENTINA  (por Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare, www.prensamare.com.ar

 

La cuenta regresiva ya estaba en marcha, y en Córdoba las bandas de parapoliciales actuaban con total impunidad; por ello, el Interventor Federal de la provincia a cargo de la gobernación, Raúl Bercovich Rodríguez convocó en enero a las fuerzas vivas cordobesas. La idea no era descabellada, pero los tiempos ya no existían: pretendía organizar una multipartidaria que garantizara la continuidad constitucional. En una sala de la Casa de Gobierno se congregaron representantes de todos los sectores, nacionalistas, de izquierda (como el PC) y hasta el cardenal Raúl Primatesta (presionado por las bases católicas ante las desapariciones de dos religiosas). Solamente dos personajes estuvieron ausentes: el comandante del III Cuerpo de Ejército, general Luciano B. Menéndez y el presidente del Comité provincial de la UCR, Eduardo Angeloz.
Pero en ese mes, una nota periodística alcanzaría la repercución que sus gestores esperaban y significó un nuevo golpe que el establishment -con los medios de comunicación-, le asestaba al peronismo. Mostraba a dos personajes lamentables, pero la intención clara era que con ellos se identificara a “todo” el peronismo y el gobierno. En la oportunidad era una nota al diputado nacional Raúl Lastiri y a su esposa Norma López Rega quienes habrían las puertas del “Décimo piso del edificio de Libertador 3540, junto a la Embajada de los Estados Unidos”, a la revista Gente el 29 de enero de 1976.
Era un artículo que significaba una cachetada para el trabajador por la ostentación manifiesta. De manera artera la publicación -sabedora sus directivos de la cuenta regresiva que vivía el sistema institucional-, realizó su coherente aporte para desprestigiar al peronismo, mostrando precisamente a quienes constituían (en realidad), lo periférico del Movimiento.
Las fotografías del dormitorio, sus corbatas y el apellido de su esposa, más la presentación de “...pasó a ser uno de los hombres que está más cercano de Isabel Perón...”, hicieron el resto. Se hablaba de la “lastirización” del gobierno. Posteriormente los medios fustigaron las expresiones del ex-presidente, pudiéndose mencionar a modo recordativo La Opinión, The Buenos Aires Herald y un Editorial de La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1/2/76).
Fueron varias páginas, donde Lastiri expresó, por ejemplo: “...alguien dice que soy un cadáver político (referencia a unas declaraciones de Carlos Menem, gobernador de La Rioja). Otros, todo lo contrario”; donde negó la influencia de su suegro, pero hábilmente el reportaje termina con la expresión de su esposa “Yo soy lopezrreguista”.
Una manera de hacer periodismo.
La página central del periódico La Tarde de Buenos Aires del día martes 23 de marzo, era por demás de elocuente de lo que sucedía en el país; pero fundamentalmente de lo que se mostraba o se pretendía pre-anunciar. Siete fotografías lo definían claramente: Lorenzo Miguel y debajo el epígrafe comienza con: “El cuestionado jefe metalúrgico...”; debajo están Nicasio Sánchez Toranzo y el Ministro de Trabajo Miguel Unamuno, un tanque de guerra con soldados alegres y un niño que desde la calle levanta el pulgar de una mano en señal de saludo: “movimiento de tropas”, y agrega: “En distintas regiones del país se comprueban desplazamientos de tropas que se vinculan con un desenlace inminente en la profunda crísis...”.
Otra foto recuadrada del interior del Congreso sin gente con el subtítulo “Parálisis Parlamentaria”; también el llanto de la esposa del lider cañero asesinado Atilio Santillán con el título de “La estremecedora escalada de la muerte no cesa”. Una vista de vías vacías subtituladas “Una nueva huelga ferroviaria”; y finalmente “Y se sigue emitiendo con increíbles errores”, donde comparativamente aparecen un billete de 1.000 pesos y un reverso impreso de manera incompleta. El agregado es sin desperdicios: “...billetes impresos de un sólo lado ¿Moneda o simples vales de canje?”.
Toda una muestra genial, donde la fotografía central de la fuerza militar en gran tamaño y superior a las restantes pretendía mostrar como la única solución de continuidad: militares rodeados de sindicalismo-oficialismo político-huelga-parálisis legislativa-violencia-incapacidad administrativa. La prensa que se consideraba libre, independiente y seria, estaba jugada al golpe, y desde cada ámbito realizaba su aporte.
Es cierto que el gobierno popular -porque fue elegido democráticamente- estaba totalmente desnaturalizado en todos sus ordenes. Sin credibilidad, sin capacidad propia de maniobra, sin apoyo sindical, con la oposición jugada a su reemplazo, con la juventud ligada a Montoneros que le presentaba enfrentamientos en todos los frentes (político, militar y sindical). En todo éste ambiente, la clase media se dedicaba a tomar todos y cada uno de los comentarios, versiones, rumores y chismes que rondaban sobre la clase dirigente política, sindical y gobernante del peronismo. Y reclamaba moralidad.
Isabel fue derrocada de manera efectiva una noche en que su helicóptero fue secuestrado en un operativo militar. Nadie por supuesto, absolutamente nadie del pueblo salió a defender esa madrugada a un gobierno desnaturalizado y que había traicionado las pautas programáticas que se habían votado.
Isabel (con mayores o menores merecimientos) fue derrocada con la alegría de los sectores minoritarios y de gran poder; fue derrocada con la satisfacción de los sectores mayoritarios de la clase media; fue derrocada con la indiferencia de los sectores trabajadores y bajos del pueblo; fue derrocada con una mezcla de satisfacción, indiferencia y temor de Montoneros; fue derrocada con la alegría del ERP; pero también fue derrocada con la complicidad satisfecha de la clase dirigente nacional. Y por esos tiempos previos al golpe, con el apoyo inestimable y desenfadado de la prensa.
Así, la caída del gobierno constitucional argentino terminaba de cerrar la estrategia imperialista yanqui (y con la adhesión de su socio menor: Europa) para éste lado de América: dictaduras militares en Uruguay, Brasil, Chile y Bolivia, y gobierno afín en Paraguay; que habían ido formando un cerco sobre Argentina.
A partir del golpe del 24 de marzo de 1976 el cerco no existía más. Todo el sur sudamericano tenía un color uniformado.
Muchos peronistas se alegraron con la caída de Isabel Martínez. Creyeron ver en ello una descomprensión sobre las espaldas de la militancia peronista que apostaba a una Patria Justa, Libre y Soberana. Es que por esos tiempos se hacía difícil atacar política (y militarmente) al Gobierno y a la vez tratar de sustentarlo coherentemente en lo político. Porque ese ataque se le hacía a un gobierno constitucional, y para colmo elegido por los votos de los peronistas.
Un gobierno por el que se había luchado tanto y tantos años. De allí un cierto grado de distensión e indiferencia (que en lo más hondo del corzón, dolía). Se pensaba que a partir de ese derrocamiento se podía identificar al enemigo de manera más clara. Que se lo podría señalar más sencillamente. Era -se pensaba-, la vuelta a la lucha original: a aquella que había enseñado el General Perón respecto a Liberación o dependencia. Pero las circunstancias históricas no serían las mismas. Ese fatídico 24 de marzo de 1976 el servicial Clarín no informó que se producía un golpe de Estado; simplemente tituló: "Nuevo Gobierno" (clinc, caja...).
Otros medios: La Razón, La Nación, Ultima Hora, El Litoral (Santa Fe), La Opinión,   
 
    
 
Crónica, La Razón, Gente (producción "especial"),
 
  

 
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