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EL GOLPE MILITAR DE 1955 EN ARGENTINA

SANTA FE-ARGENTINA  (por Rodolfo Omar Gianfelici, PrensaMare, www.prensamare.com.ar)  El 16 de setiembre de 1955 se produjo el golpe militar que derrocó al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. Aunque recibió de parte de sus responsables la denominación de “revolución libertadora”, constituyó la antítesis de ello. Vale la pena recodarlo lo ocurrido permanentemente para que la Nación jamás vuelva a sufrir semejante ataque interno-externo. 1955 - SOCIOS (Y VENCEDORES...) Siempre que se referencia al golpe militar que derrocara al gobierno constitucional en 1955, se suele aludir a figuras militares. Lo cual está bién porque ellos fueron los que traicionando al pueblo que les dió las armas para velar por la Nación, se le volvieron en contra y las pusieron a disposición de la entrega del patrimonio. Más todavía: llegaron a denominarla “Revolución Libertadora”, en una suerte de ironía del destino, ya que no contuvo preceptos revolucionarios algunos al haber sido sólo una restauración oligárquico-imperialista. Por otra, tampoco contenía bases libertarias, ya que violó la Constitución Nacional, secuestró, masacró y torturó; y por si fuera poco destruyó y posteriormente hipotecaría bienes de la Nación. Pero ese grupo faccioso de uniformados no fue el único responsable de lo que se organizó, ejecutó y posteriormente sucedió. No. Existieron socios civiles. “Calificadas instituciones ofrecieron total apoyo a las nuevas autoridades” (Clarín, 23/9/55); publicándose comunicados de la Cámara de Comercio Argentina, el Centro de Estudiantes de Arquitectura y del Comité Nacional de la UCR. Esta última organización política es la que justifica el accionar sustentando que “El alzamiento en armas fue el último recurso del pueblo al que se le negó toda posibilidad de resolver en paz y concordia los angustiosos problemas de su existencia nacional”. La Sociedad Rural Argentina saludó alegremente el golpe peticionando que “...quiera la Divina Providencia iluminar los designios de vuestra patriótica gestión gubernativa...”, agregando en su mensaje al presidente militar que “...el movimiento del 16 de setiembre ha sido un verdadero desagravio para la cultura del país”. Aramburu les agradecería con la designación del socio de la entidad, Eduardo Busso, al frente del Ministerio del Interior y la ubicación de otros 11 asociados en puestos del gobierno nacional. Al día siguiente con la firma de sus titulares, Dres Ricardo Balbín e Ignacio Arieta, el Comité Provincia de Buenos Aires de la UCR publicaba en el mismo medio periodístico que “...en esta hora auspiciosa que vive el país, en que se ha derrumbado el proceso totalitario y asoma la esperanza de reconstruír la Nación en un ámbito pleno de vigencias democráticas”. El radicalismo adhería fervorosamente a la instauración de un estado dictatorial...
También la Democracia Cristiana saludaba alborozada la llegada de la tiranía y enviaba “...un saludo en esta hora de liberación y rendirle su homenaje de reconocimiento por la solidaria y eficaz colaboración prestada en la lucha por los ideales comunes de justicia, libertad y fraternidad” (Clarín, 24/9/55). Los firmantes, entre otros Baliña, Frugoni Rey y García Venturini se estaban dirigiendo en agradecimiento a sus pares de Uruguay. Como para no quedar afuera del servilismo, y olvidándose que la Argentina de Perón fue el primer gobierno del mundo que reconoció al Estado de Israel: “La DAIA ha dirigido un despacho al presidente provisional Lonardi, adhiriéndose a los postulados de la revolución” (La Razón, 26/9/55). Cuando el dictador Lonardi recibió a sus socios de los partidos políticos, se pudo leer que “La casa de gobierno fue escenario anoche de uno de los actos más trascendentales de la vida política argentina”, se producía el arribo de los dirigentes radicales Walter Perkins, Ricardo Zabala Ortíz y Carlos H. Perette, que a su retiro se cruzaron con Alfredo Palacios y Américo Ghioldi y manifestaron a la prensa que “...se sentían totalmente identificados con los propósitos enunciados por el presidente”. Posteriormente los dirigentes socialistas también adhirieron diciendo que “la impresión que se llevaban del señor presidente era magnífica” (Clarín, 28/9/55). Al día siguiente la prensa publíca la reunión mantenida por el Ministro del Interior y Justicia de facto con los partidos políticos, donde éstos aceptan la formación de una Junta Consultiva. Entre otros asistentes se destacaban Reynaldo Pastor (Partido Demócrata), Luciano Molinas y Horacio Teddy (PDP), Ramón Muñíz (PS), Ricardo Balbín, Francisco Rabanal (UCR Sector Intransigente), Leopoldo Suárez, Carlos H. Perette (UCR Sector Unionista). Ese mismo día 29, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto designó al socialista Alfredo Palacios como Embajador de la dictadura en Uruguay. 1955 - LOS VENCIDOS... Excepto Isaac Rojas, la totalidad de los almirantes de la Marina fueron pasados a retiro; lo mismo que 45 capitanes de navío. En el Ejército sufren la purga 63 generales (sobre 86), algo más de mil oficiales y nunca se llegó a saber a ciencia cierta la cantidad de suboficiales que fueron alejados compulsivamente. Se saquean la CGT, los sindicatos y la Fundación Eva Perón. Se rompen y arrastran los bustos de Perón y Evita. Se secuestra a través de los Comandos Civiles a los peronistas, para torturarlos y encarcelarlos. Se queman pública o privadamente los libros, y es la propia UCR la que pide tal medida: “...que se ordene la incineración de los libros de los agitadores peronistas...” (Mi padre y la revolución, Marta Lonardi, 1955). La jerarquía eclesiástica se congratula y convoca a la concordia; después del golpe... Los dirigentes del peronismo escapan y se esconden donde pueden, inclusive en embajadas y consulados. En apenas un mes de “investigación” se llegó a la conclusión que a Perón había que dictarle prisión perpetua. Mientras tanto se le prohibía el uso del grado y del uniforme militar. A la par que se sucedía el antiperonismo militante, también ellos avanzaban sobre el mismísmo presidente, al que acusaban de ser débil en la represión y amistoso con los nacionalistas (?). Los planteos eran claros y las fichas en donde se jugaba el partido por el poder estaba dado en la designación y en los cambios de los colaboradores directos del primer mandario de la dictadura. La Junta Consultiva (engendro donde participaban los partidos políticos “libertarios” para asesorar a la tiranía), contaba con la conducción personal del almirante Isaac Rojas. Desde allí se ideó la maniobra palaciega de la renuncia masiva de todos los integrantes, como muestra de desprendimiento partidario, pero de apoyo al gobierno. Lo que en realidad se estaba haciendo era aislar a Lonardi y presionarlo. Allí estaban masones, cristianos, ateos, socialistas, comunistas y liberales a través de la representación de sus partidos políticos, excepto el peronismo. Una pequeña manifestación orquestada, se llegó hasta el Congreso para corear: “Rojas si - Nazis no”. A tanto llegó la presión y deseos de controlar todo el poder, que arrastraron también a Lonardi. Le pidieron la renuncia, pero al no tener la respuesta que esperaban, decidieron “renunciarlo” y hasta “enfermarlo”. El mismo Lonardi comprendía en noviembre de 1955 que dentro de los vencidos, debía ser incluído él mismo y sus colaboradores directos. Calladamente llega al país una carta fechada en México, dirigida a su madre y anoticiado del derrocamiento de Perón escribe “...aquí la gente progresista ha definido el proceso argentino como el triunfo del dólar, la espada y la cruz...Te confieso con toda sinceridad que la caída de Perón me amargó profundamente, no por él, por lo que significa para toda América, pues Argentina era el paladín de todos los que pensamos que el enemigo está en el norte...”. El mismo firmante, meses antes, cuando tuvo noticias de los bombardeos terroristas en Plaza de Mayo perpetrados por sublevados el 16 de junio del mismo 1955 también le había escrito a su madre expresandole “...para quienes no hay escapatorio posible ante la historia es para los mierdas de los aviadores que, después de asesinar gente a mansalva se van a Montevideo a decir que cumplieron con su fe en Dios...”. El firmante de ambas cartas era Ernesto Guevara. Y él, que no era peronista había comenzado a tener una visión diferente de la realidad argentina estando en el exterior. 1955 - LOS VENCEDORES..... El liberalismo, en apenas algo más de un mes y medio había golpeado contra el peronismo y realizado otro golpe entre cortinados para quedarse con todo el poder estatal. Aramburu a la presidencia y Rojas de vice. Los colaboradores respondían a la línea liberal y aparecían, en Hacienda el radical Eugenio Blanco y en Industria Alvaro Alsogaray. Se dispuso la disolución del Partido Peronista. Se confiscaron los bienes del mismo partido que se destinaron al patrimonio público. Nueva purga y limpieza en las fuerzas armadas. Intervención de la CGT. Derogación del Estatuto del Docente. Los vencedores tenían en claro qué era lo que buscaban. Y habían dado el paso indicado por el "mundo occidental y cristiano" para la geopolítica de los poderosos. 1955 - LA REGIÓN  El golpe oligárquico llevado a cabo contra Perón no respondía solamente al odio que determinados grupos de poder y de presión tenían contra la política socioeconómica peronista y a la decidida participación de los trabajadores en la vida nacional. Era verdad que ese sentimiento de odio existía, pero también que supo ser sabiamente alentado y canalizado desde dos potencias como lo fueron los EEUU e Inglaterra; y donde sin lugar a dudas, la URSS y el Vaticano supieron cumplir sus roles perfectamente preestablecidos en Yalta. La terminación de la guerra interimperial de 1939-45 había dejado a Inglaterra perdiendo posiciones hegemónicas, mientras los EEUU continuaban con sus avances arrolladores como potencia imperial. Dentro de esa nueva estrategia de reparto del mundo, Argentina no se ubicaba como lo debería haber realizado. El problema tenía un responsable exclusivo: Juan Domingo Perón. Las relaciones del presidente argentino con sus vecinos se desarrollaron de acuerdo a las conveniencias de cada uno de los intervinientes. Pero desde el inicio de los años ´50 era indudable que ya dos posiciones claras se iban perfilando en Sud América y era la influencia de Argentina para conformar un frente independiente de los poderes imperiales y por el otro la de Brasil para emerger como un virtual amigo privilegiado de los EEUU; e inclusive con ideas propias de convertirse en un sub-imperialismo regional. Uno de los sitios de conflícto lo constituyó Paraguay. Y si bien en un principio fue Perón quién supo sacar ventajas a través de la adhesión y simpatía de la suboficialidad paraguaya al peronismo y que también se hacía visible en la relación con el presidente Cháves, con el paso de los años se fue produciendo una neutralización por parte de la política exterior de Brasil. Pero esa política de retroceso de las coincidencias argentino-paraguaya también se debió a la activa participación de la Embajada de Estados Unidos en Asunción, y a las colaboraciones que otros diplomáticos de terceros países realizaban. No de manera inocente, sino porque en definitiva actuaban como agentes estadounidenses. Las presiones internas y la caída del presidente Cháves (en 1954) estaba siendo acompañada por el crecimiento de una política antiargentina subterránea y el fortalecimiento que Brasil y EEUU hacían de su reserva: Alfredo Stroessner. El hombre de confianza de Cháves y presidente del Banco Central, Méndez Fleitas, era la persona que emergía con poder y que además conservaba su anti-EEUU y por ende simpatía hacia el peronismo de Argentina. Para ello fue desprestigiado y neutralizado, y con ello se posibilitó el encumbramiento de Stroessner. Inclusive a mediados de 1955, coincidiendo con los problemas creados por la jerarquía católica con el peronismo, se ideó desde la propia Embajada de EEUU (en Asunción) una campaña contra Méndez Fleitas donde se lo pretendería involucrar con un supuesto atentado contra la iglesia católica en Paraguay. La caída de Perón significó lógicamente la pérdida de respaldo para Méndez Fleitas. Con lo cual el régimen de Stroessner nacía con un futuro venturoso: sin problemas en el frente interno, neutralizado externamente el peronismo y con la apoyatura lisa y llana de EEUU y de su vecino Brasil; que a todo ésto avanzaba en la concreción de obras en territorio paraguayo y en el equipamiento militar. Cuando Perón derrocado, inicia su derrotero en el exilio, se dirige a Asunción, lo que causa desagrado en el círculo íntimo de Stroessner. Máximo cuando el ex-presidente argentino manifiesta ante un reportaje realizado por una agencia de noticias internacionales que la tiranía de Argentina “...usurpa el poder del pueblo...siendo un régimen de estampa clerical-oligárquica...”. También en Asunción la superestructura de la iglesia católica -que coincidía plenamente con el nuevo gobierno paraguayo- anuncia que iniciarían marchas con estudiantes de colegios católicos y feligreses de repudio a Perón. No llegó a ser necesario; en octubre de ese 1955 Perón es “internado” en la localidad de Villarrica. Las presiones oficiales no cesaron, dando su resultado concreto el 2 de noviembre cuando Perón se marcha a Nicaragua. Lo que sí quedó en claro fue que la aparición y crecimiento de Stroessner hasta el acceso a la primer presidencia constituyó una maniobra amparada dentro de la estrategia geopolítica de los EEUU para la región. LA RESTAURACIÓN IMPERIAL  Un 1955 “perfecto” para EEUU, Gran Bretaña y el Vaticano… Fue así que mientras el radical Rául Alfonsín adhería fervientemente al golpe, el universitario Mariano Grondona adhería al golpe, y el escritor "progresista" (ex-comunista) Ernesto Sábato adhería al golpe, el Vaticano ya había "castigado" a Perón (+) y en Inglaterra Winston Churchill declaraba: "La caida del tirano Perón en Argentina es la mejor reparación al orgullo del Imperio y tiene para mí tanta importancia como la victoria de la Segunda Guerra Mundial, y las fuerzas del Imperio Inglés no de le darán tregua, cuartel ni descanso en vida, ni tampoco después de muerto" (discurso ante la Cámara de los Comunes, setiembre 1955). Argentina y el continente habían sufrido una de las derrotas más duras en su historia libertaria.

 

(+)"...todos aquellos que han cometido tales delitos, o sean funcionarios de todo tipo y categoría y los cómplices necesarios que hicieron que se realizasen los mismos, y aquéllos que han inducido a su comisión, que de otro modo no hubiera sido ejecutada, han incurrido en la excomunión “latae sententiae” reservada a la Santa Sede, de conformidad con los cánones 2343, párrafo 3; 2334, Nº 2; 2209, párrafo 1, 2 y 3 del Código de Derecho Canónico, y son pasibles de las demás penas establecidas por los Sagrados Cánones. Dado en Roma, en la sede de la Congregación Consistorial, 16 de junio de 1955. Firmado. Cardenal Piazza, secretario; José Ferreto, asesor” (“Osservatore Romano”, junio 16 de 1955). Foto: dictador Aramburu, en tapa de revista estadounidense.

 
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