PrensaMare

Primer diario web itálico del mundo español

Primo Giornale Web itálico nel mondo in lingua spagnola

Viernes 22 de Setiembre de 2017 - 19:34Hs.
- Menu
Miercoles 26 de Mayo de 2010 a las 15:06

notas_columna

LOS 150 AÑOS DE LA UNIDAD DE ITALIA

SANTA FE-ARGENTINA  (por Rodolfo Omar Gianfelici, PrensaMare)  Días atrás los argentinos conmemoraron los 200 años de la Revolución de Mayo. Se festejó y logró una adhesión que quizás nadie hubiera imaginado, ni en sus horas más optimistas. Parecía que iba a ser un mero trámite como todos los años, pero el Gobierno nacional logró movilizar a 6 o 7 millones de personas (algunos estiman en más de 10 millones) en cientos de actos y acciones en todo el territorio. Mucho; muchísimo si se tiene en cuenta que es un país de menos de 50 millones y que en las última década ha sufrido un ataque sistemático y durísimo sobre todo lo que puede considerarse "lo nacional" y "lo patrio". Porque (de manera artera e idelogizada) se ha tratado de establecer una simetría o sinonismo entre ello y los desprestigiados militares. En verdad lo que buscan los instaladores de la des-memoria, es narcotizar a los argentinos y presentar el hecho de las revoluciones independentistas como un hecho circunstancial, militarista y olvidable. Quitándole toda connotación de rebeldía y de movilización social. Los procesos independentistas no fueron hechos ocurrido "de la noche a la mañana". Fueron el resultado de procesos prolongados e intrincados. Lo que vivieron los pueblos americanos, también lo vivió en su momento Italia.

Se acerca la fecha en que los propios italianos conmemorarán los 150 años de la unidad. El 5 de mayo de 1861 se produjo la partida de la Expedición de los Mil; de los revolucionarios garibaldianos. Paso previo y decisivo con la conquista de Sicilia y Napoli, y la proclamación del Reino de Italia en Firenze (Florencia, el 25-4-1862). Años más tarde llegaría la conquista de la Roma pontificia (el 20-9-1870). La diferencia tan extendida entre las 3 fechas demuestra la existencia de difucultades, de obstáculos, de diferentes pareceres e ideas que debieron sortearse para arribar a la unificación. Se podría hablar que entre 1821 y 1861, se asistió a la presencia de dos proyectos democráticos de unificación. Ambos por la vía insurreccional, con la acción conspirativa y protagónica de Giuseppe Mazzini como protagonista, y la opción de orden que buscaba liberarse (de la dominación externa) y frenar toda idea revolucionaria (priorizando al rey piemontés). La segunda idea fue la que se impuso, pues Napoleón III vence a Austria en 1859 (y cede Lombardía al Piemonte). Con ello se instala en el país lo que podría conocer como el Eje Torino-Milano. El accionar de Giuseppe Garibaldi y su fieles seguidores resultó fundamental en esa construcción liberadora y de unificación.

Los sectores medios y los profesionales harían su aporte para que se produzca la independencia en el sur. Garibaldi y Víctor Manuel II acordaron llevar adelante un proyecto moderado, donde la izquierda aceptó la monarquía. Fue así que los republicanos quedaron separados, marginados. Los sectores más pobres, las capas populares, se subordinan a los viejos y a los nuevos propietarios en la Italia agraria. Comienzan la migraciones internas y las oleadas emigratorias. Son apenas una forma de buscar cómo escaparle al hambre, pero también a las diferencias políticas. Se va produciendo la subordinación económica del sur para con el norte. Algunos dirigentes políticos del centro y sur logran insertarse en el nuevo orden, pero carecen de peso. El poder central tiene un proyecto y lo hace valer. Frente a ello, el sur solo se va refugiando en resistir delictivamente ante un poder central cada vez más poderoso y excluyente. Las mafias son una respuesta a esa política del norte sobre el sur; y en todo ese proceso, el poder clerical se manifiesta opuesto a la unificación y -lógicamente- también a las ideas revolucionarias. 

El paso de los años fue mostrando que el norte no solo se imponía por capacidad económica y política, sino porque sostenía un proyecto cultural. En ese camino no dudó en generar la homogeneización cultural. De allí que las múltiples lenguas que se hablaban en el territorio pasaron a ser sinónimo de "atraso". La unidad necesita y exigía un único idioma. El toscano/italiano fue impuesto dando forma al norte dinámico que conducía la burguesía ante un sur (y centro) "atrasado", mafioso y "clientelista". Pero Italia además, dio un salto en cuanto a sus pretensiones y se convirtió en colonialista. Libia y Etiopía dieron muestra del expansionismo; el fascismo (con Benito Mussolini) brindaba respuestas (y ambiciones) esperadas. En el festejo del cincuentenario (1911) la realidad mostraba que el país había avanzado. En el Centenario (1961), se asistía al resurgimiento luego de una dura intervención en la segunda gran guerra y en la dificilísima post-guerra. En en interín de ambas fechas, millones de italianos se habían marchado corridos por la desesperanza, el hambre y las persecuciones. Para algunos se estaba en los años de la década de los ´60 ante un auténtico "milagro italiano". La Democracia Cristiana parecía que era capaz de hacer realidad en paz y en democracia, un país moderno, pujante y en constante crecimiento. Nadie se percataba que las necesidades imperiales de EEUU (de poner freno al imperialismo soviético) hacía que Italia (y otros países europeos) pasaran a gozar de un más que interesante nivel de vida. El capitalismo le permitía y otorgaba el disfrute de beneficios como forma de freno a la ideas comunistas.

Pero los años han ido pasando. Cayó el imperio soviético y EEUU se considera dueño de un mundo unipolar. Otros le dan pelea por tranformarlo en uno menos injusto y multipolar. Allí aparecen: China, Rusia, Brasil, Argentina, la UE y Sudáfrica. Cada uno con sus diferencias, particularidades y manejos diplomátcio-comerciales de necesidades propias. Lo cierto es que al desaparecer "el otro imperialismo", EEUU no necesita cuidar territorios como lo había hecho durante la llamada "guerra fría". Es así como se van produciendo los "abandonos" de determinados socios y aliados que, sumado a los progresos tecnológicos, lo cambio en las producciones agrarias, las ambiciones, el descontrol y movilidad de los capitales especulativos y la imposición del liberalismo económico, llevan a un presente totalmente diferente en el mundo. Y lógicamente en Italia. Se llegará a los 150º años en circunstancias duras; con un Jefe de Gobierno -Silvio Berlusconi- afirmando durante meses que en el país no exitía crisis; y que además, lideraba la reactivación económica europea. Pero la realidad (cruel a rajatablas) mostró su verdad en Grecia. España anunció un mega plan de ajuste. Justo cuando en Argentina se conmemoraba el Bicentenario de la Revolución de Mayo, en Italia se daba a conocer su plan de ajuste como jamás se había ideado. Berlusconi se desnudaba ante la realidad (única verdad). Donde -además de los problemas de bolsillo- existen sectores que reniengan de la unidad. Pero por otra parte emergen numerosas muestras de dificultades: el racismo o xenofobia a lo inmigrantes, el accionar mafioso enquistado en el Estado, la atomización de los partidos políticos (aniquilando la representación parlamentaria y volviendo a Italia en ingobernable), el monopolio televisivo de Berlusconi, las dudas para con el mismo Estado de Derecho, la idea de superioridad de los norteños sobre los sureños o meridionales y el cuestionamiento al "centralismo" italiano (se habla de una "Roma ladrona"). Los resultados de la últimas votaciones muestran a una derecha norteña (Lega Nort) creciendo y avanzando en importantes territorios. Italia asiste a una verdadera ironía que se puede transformar en una tragedia. Aquella línea de liberación Torino-Milano de siglos pasados, podría ser en el futuo cercano -mirando el presente-, la base de sustentación de una regionalización que pretenda romper la Unidad y se considere más norte que nunca y menos italiano que siempre. Pero esto tampoco será el resultado de una idea "de la noche a la mañana", sino la consecuencia de una sumatoria de errores y desprecios.

 
Volver »